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Drag Race Marrakech Salon 2.0
Húmedos como tubérculos
En una de las primeras declaraciones públicas que hizo José Manuel Mireles Valverde, el médico de Tecaltapetec y líder moral de las autodefensas que se levantaron en armas en el suroeste de México, en un área conocida como Tierra Caliente, citó el alarmante número de estupros y violaciones de niñas de entre 11 y 14 años como una de las gotas que derramaron el candente vaso de agua del estado de Michoacán. En efecto, la violencia que domina la región se inscribía, a través del abuso sexual perpetrado por los integrantes del cártel de los Caballeros Templarios, en el cuerpo de las más pequeñas. La ausencia del Estado de derecho, aparente en otras áreas de la vida social y económica de la región, se dejaba ver con punzante claridad en esos cuerpos, sellando así la relación orgánica y tensa que va de la sexualidad al Estado, y viceversa.
Es de llamar la atención que existan tan pocos libros carnales en un país donde la relación entre la sexualidad y la violencia ha producido realidades dantescas de Ciudad Juárez, en la frontera norte, a la ruta deLa Bestia, el tren que lleva a inmigrantes centroamericanos desde la frontera sur. Abundan, claro está, los edulcorados acercamientos a una sexualidad manida, fundamentalmente heterosexual, en los que el objetivo principalparece ser el arribar al paraíso del orgasmo al mismo tiempo. Tal vez por eso regresan hoy a mi cabeza los largos versos de Juan Carlos Bautista en ese libro parteaguas de la poesía mexicana de fines de siglo XX que ha sido El Cantar del Marrakech.
Publicado en 1996 por Tierra Adentro, una entonces poco glamorosa editorialdel Estado a cargo de dar a conocer a jóvenes escritores de la provincia mexicana (Bautista nació en Chiapas, el estado donde irrumpió el zapatismo hace ya unos 20 años), El cantar se ha ido haciendo de un asiduo y entusiasta y fiel grupo de lectores a lo largo del tiempo.
Combinando por igual el decir urbano y la referencia que nos lleva de regreso hasta San Juan de la Cruz, Bautista nos convida a merodear por el corazón oscuro de la Ciudad de México (Tras cortinas de nervios y mareos,/ catedral hundida en su sueño/ entre onirias agazapadas/ estaba el Marrakech//). Más allá de los confines de la clase media, El cantar invoca los cuerpos deseosos y deseantes, los cuerpos disímiles y tristes y eufóricos de una geografía tan tensa como caliente, tan hospitalaria como desigual. Ahí se deslizan las locas con sus “risas de lentejuelas”, las vestidas “de antropófaga alegría”, y los chichifos, que “vendían su costado salobre/… húmedos como tubérculos/ que nacen gritando de la tierra/ su morena brutalidad//”. Entre mingitorios convertidos en verdaderos “abrevaderos de caballos” y bajo “el sol bajuno de las lámparas”, es posible masticar el deseo y seguir su huella mientras gira con “el hábito furioso del insecto”. De naturaleza híbrida (años después llegaría a saber que, en su origen, El cantares la re-escritura de una novela fallida), el Marrakech se erige como un punto de confluencia donde lo abyecto abre paso por igual a lo milagroso o a lo triste.
“¿Por qué tuve que caer?”, se pregunta Bautista mientras le presta la enunciación a un yo en devenir, justo en el proceso de cambiar de piel. “¿Por qué con esa felicidad?”, añade, diríase que con uno de esos guiños acedos y punzantes, en todo caso cómplices, de los personajes que toman cerveza y atienden con pesar y con sabiduría la señal de “ese puerco que sabe ruborizarse”: el amor.
Secciones enteras de El cantar del Marrakech pueden encontrarse en línea. La editorial Verdehalago hizo una segunda edición en 2005 con secciones enteras del original. Como en el extraño caso de la realidad que supera a la ficción, Juan Carlos Bautista es el dueño ahora del Marrakech —un legendario antro de baile y placer que se encuentra precisamente en el centro de la ciudad de México.
Por: EL PAÍS 25/01/2014
* Cristina Rivera Garza, su último libro es El mal de la taiga
http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2014/01/segundas-oportunidades-humedos-como-tuberculos.html