Hijo - Llamo con severidad la reina de Dioses.- Me he enterado que tu comportamiento últimamente no a sido digno. ¿Es verdad?
Todo había sido tranquilidad y felicidad ese día calmado. Marte realmente pensó que podría terminarlo del mismo modo que lo empezó: en paz y con un buen humor. Por desgracia una mujer se apareció enfrente suyo y le llamó. Al verla el imponente Dios de la Guerra debió cubrirse la boca para no dejar salir un grito.
— !!!—retrocedió diez pasos de uno sólo. Ese cabello rojo, esa voz dura e inflexible, ¡no podía ser que fuera ella! En su vida espero volverla a ver después de la época de los mitos. ¿Juno? ¿podía ser? Si no era la Diosa del Matrimonio entonces se le parecía mucho. Demasiado para su gusto.
Quiso calmarse y acercarse los pasos que los separaban pero solo pudo avanzar tres. Lo intimidaba.
—Tanto tiempo…madre…—tragó saliva por dentro e hizo una reverencia. —Te aviso que me han levantado falsos. Mi comportamiento es tan impecable como lo era hace 2000 años.