MARTILLO ROJO
En el fin de las Nueve Coronas, Raak alzó el Martillo Rojo. Rayos brotaron de su brazo biomecánico, partiendo mundos. Hraegn, cubierto en huesos de dioses, cayó entre grietas encendidas. Pero el golpe final abrió algo más: un portal que respiraba sombra. No era máquina ni hombre. Skaia gritó su nombre. Raak saltó al abismo, y el trueno se apagó. El universo contuvo el aliento.











