El gran banquete
Continuamos con el aprendizaje, mi dragón está creciendo y ¡cada vez quiere comer más! Así que nos hemos preparado un gran banquete: un entrante de inteligencias múltiples para abrir boca; de primer plato, una crema de taxonomía (con una amplia variedad de categorías de verbos) y, de segundo, el plato principal: una deliciosa matriz rellena. Hemos acabado tan llenos que de postre hemos comido un pequeño trozo de ilusión… El primer plato, la taxonomía de Bloom, nos permite acercarnos al proceso de aprendizaje, lo que es muy interesante y útil para la programación de actividades, ya que la organización de categorías de verbos en seis niveles del proceso de aprendizaje ayuda a la planificación de los objetivos. Es más que una mera clasificación, ya que jerarquiza de menor a mayor dificultad dependiendo de las capacidades y del grado de implicación del alumno, desde la memorización (datos necesarios como base para empezar a construir), subiendo peldaños por la comprensión, la aplicación, el análisis y la evaluación, para terminar con la creación (donde se realiza el aprendizaje más significativo, que recoge de alguna forma todo lo anterior) Esta reflexión sobre la construcción progresiva del aprendizaje nos ayuda en la organización de las actividades al hacernos conscientes de los pasos que tendrán que seguir nuestros alumnos para conseguir los objetivos marcados, de manera que estructuremos el acceso a los contenidos de manera progresiva, sin saltarnos ningún paso necesario. El paso siguiente será compartir con los alumnos dichos pasos, para que los entiendan correctamente y sean una parte activa de su propio aprendizaje, de manera que el aprendizaje sea realmente efectivo. Un paso que me suelo saltar a veces, por falta de tiempo, es la evaluación con el alumno: aunque procuro hacer una devolución de las correcciones para que sepan cómo mejorar lo entregado, entiendo que es mucho más interesante que en parte sea una autoevaluación, de manera que los alumnos puedan desarrollar su capacidad de autocrítica y reflexión sobre lo que se les pide, el proceso que siguen para conseguirlo y el producto final presentado. Lamentablemente no siempre encuentro el tiempo necesario para realizarlo cuando los trabajos son individuales, aunque sí procuro tenerlo muy presente cuando realizo actividades en grupo cooperativo. El segundo plato y principal, la matriz de aprendizaje, me ha parecido el compendio perfecto de lo aprendido en el curso hasta ahora: rellena de inteligencias y taxonomía, da una visión global de qué áreas estamos trabajando al programar nuestras unidades didácticas o las actividades más cortas, de manera que podamos reajustarlas si alguna de las áreas queda escasa o no está presente. Es también una buena herramienta para empezar a programar, no sólo para revisar lo ya programado, ya que no te tienes que enfrentar a una página en blanco sino que puedes empezar pensando en el tema a tratar y empezar a realizar combinaciones (¡hasta 48!) hasta dar con planteamientos más interesantes y desde diferentes enfoques. Hay muchas formas de enseñar lo mismo, y con la matriz como arma se puede vencer al aburrimiento y la monotonía (tanto de alumnos como de profesores), sólo hay que dedicarle tiempo e ilusión, y los resultados pueden ser sorprendentes.
Me he animado a empezar el diseño de una matriz con Genially; aunque aún no la tengo terminada, en breve espero poder subirla a la red con toda la información de la unidad e imágenes de cómo ha funcionado en el aula.
















