Dicen los que saben….
"Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos". Friedrich Nietzsche.
Siempre he pensado que saber de dónde venimos o qué nos creo es una tarea condenada a fracasar porque somos los únicos seres capaces de la noción de perspectiva. Por ende, el universo, el mundo, o como se le llame a donde sea que estemos inmersos, nació en el momento en el que este fue percibido, desde nuestra perspectiva.
Esta cuestión me resulta fascinante ya que, como ninguno de nosotros estaremos en el mismo punto que otro objeto, estamos condenados a quedarnos con la perspectiva que nos toca experimentar, en el tiempo en el que nos toca presenciar un suceso. Y como a mí no me tocó estar cuando el universo se originó ni cuando empecé a estar consciente de mis sentidos, me tendré que quedar con que el universo se originó cuando adquirí consciencia de estar vivo. Eso, o que realmente se originó por un Big Bang (lo que sea que signifique) y que vivo dentro de una explosión que se sigue expandiendo a lo largo de quién sabe qué y que el planeta Tierra está sostenido por una tortuga gigante.
Sé que es complejo hablar del origen de algo que no conozco y que nunca tendré la posibilidad de conocer. Es por ello por lo que intento razonar las cosas con lo que he visto; porque he visto nacer una flor, una naranja, un perro, un gato y también porque he visto a un ser humano crecer y desarrollarse. Incluso he vivido el final de una era, de una época, de una generación, de un tiempo y todo sin adquirir consciencia de ello… O quizás sí, pero sigo inconsciente de eso.
Planteo el contexto porque lo complicado de querer explicar el paso del tiempo (o el origen de este), es que el tiempo es percepción y la percepción, por poner una analogía, es una linterna que te alumbra en un cuarto oscuro, enorme y sin fin, como el universo. Sé que habrá cuartos o partes del cuarto que nunca alcanzaré a alumbrar y que siempre me voy a quedar con la duda de qué es lo que hay ahí porque la luz de esa linterna no se hará más grande. Tal vez, si tengo algo de suerte, solo me alumbrará mejor hacia donde sea que la enfoque.
Ahora que lo pienso, creo que a los niños les da miedo la oscuridad porque les da curiosidad. Debe ser una curiosidad mal orientada, algo así como el llanto cuando uno está enojado y no sabe manejar su sensibilidad emocional. También pienso que preguntar y pensar no es de exclusivo de los niños o los adolescentes, es cosa simplemente de gente curiosa,de los que usamos la linterna para vencer nuestro asombro intelectual.
Y al respecto, lamentablemente he dejado de preguntarme las cuestiones que van más allá del presente, de la vida y el universo. Tal vez porque éste presente ya está tan plagado de información y de situaciones sobre las cuales razonar, que me olvidé de que todo lo que ya he escrito también importa para comprenderle. Por lo pronto, y para seguir tranquilo por la vida, diré que el universo nace el día en que adquieres consciencia de que estás en él, y su fin está en el momento en el que dejas de percibirle. Ya sea porque física, o intelectualmente, te mueres y pues ya no ves, ni oyes, ni razonas y ni sientes.
Pero bueno. Dicen los que saben, que al principio todo era silencio. Que para no estar solos, Tepeu, Gucumatz, YHWH y/o Quetzalcóatl crearon el universo. También, que éste se materializó en RA. Que los primeros humanos fueron Adán y Eva y que ellos crearon el pecado, y, por ende, la curiosidad. Cosa extraña en el ser humano porque dicen que un conejo quedó impreso en la superficie de la luna gracias a ello. Pero bueno, como sé que no fui el primero en percibir el universo, me tendré que quedar con lo que me vayan diciendo por ahí los viejos y los nuevos. O esperar a crear mi propio mundo y tiempo. Total, dicen los que saben que ahora existen muchos más universos. Y que son invisibles como el mío, como el nuestro.












