NEBULOSA
Busco en el susurro del viento el mensaje de mi amada. Hace diez siglos nos alejó la muerte, la pálida que profanó al amor e irrumpió la virtud de mi amado ser.
Leonora, mujer de mil colores, ninfa del bosque, hija de la tierra, patrona de los cabellos largos: hilos tallados por Cloto. En esta carta quiero contarte los infortunios de mi carne desde que no estás. Si recibiste mi esquela esta es la despedida:
Ouroboros la muerte como inicio y fin desnudos en el vapor de mis recuerdos la mordida: razón de nuestra separación.
Desperté del sueño eterno, recuerdo que te buscaba con desespero cuando llegó un animal y vació su veneno en mis venas. Al despertar estaba en otro tiempo, el bosque en el que solíamos vivir se había convertido en una tierra estéril, sin pájaros, sin ninfas, ni árboles.
Soy un extraño en el nuevo mundo de muros en piedra y poderosos reflejos de luz que queman. Leonora, este lugar huele a carne y huele a plomo.
Traición que rompe el mito perfidia que condena al héroe camino al inframundo: la tragicomedia.
Recorro el desierto en llamas y me pregunto si tú mujer de pálidas pieles eres un dulce sueño o un espectro que atormenta mi existencia. La prueba de tu existencia ahora es la lira: ¡No fue un sueño dentro de un sueño el amor que nos prometimos siendo marido y mujer!
Mi cuerpo te llama ¡Oh mujer de dulces pieles! dame la fuerza para traerte a casa.
Un rumor parejo, parecido al que hace el viento contra las ramas de un árbol en la noche, cuando no se ven ni el árbol ni las ramas, pero se oye el débil murmullo de las Diosas que lanzan su sentencia:
Recoges la siembra dos corazones se unirán al atravesar un lago para llegar a ella pero no debes olvidar la lira: guiará tu corazón.
En el camino encontré a una mujer, su nombre era Lilith, una joven de rizos rojos y tez blanca que ofreció su compañía a cambio de una canción, un poema y un verso. Amada mía, perdóname, en el camino pasaron cosas. Te aseguro que el encuentro con esa bella dama no fue nada, y es fácil escribir esto porque sencillamente no eras tú: no era tu cuerpo ni tu armoniosa voz con la que desperté en medio de la noche.
Lilith era una mujer de misterio, llena de secretos y con una fila de hombres que recibía en su lecho. Fui víctima de esta prueba para estar contigo. Al salir de la casa de Lilith, emprendí de nuevo el rumbo para la siguiente penitencia.
Perfidia: anuncio de los Dioses la traición tiene un color el perdón tiene un sabor.
Entonando los más nobles versos llegué a una posada. Allí daban rojas bebidas en pequeños vasos de vidrio manchados de sangre: el aperitivo que calentaba mis entrañas en medio de un largo camino. En la posada me pidieron cantar, tocar mi lira a cambio de bebidas. Fue un intercambio justo.
En el fondo de la fonda una mujer se acercó. Tenía piernas largas, un tabaco en su boca y un abrigo de pieles. Me ofreció una nueva bebida que rechacé. Aproveché el momento y le hablé de ti, le conté nuestro amor y mencioné que iría al inframundo a buscarte, a llevarte conmigo.
Ella reía y tomaba su copa. Recuerdo que mencionó tres palabras: “¿entonces, estás casado?”. No supe qué responder a ello, pues en este mundo cuando hablaba de ti, las mujeres tomaban una actitud extraña, lo mismo sucedió en la cama con Lilith al llamarla por tu nombre.
La mujer de la posada se acercó y tomó con sus delicadas manos mi cara, se inclinó y susurró en mi oído: “Soy Angélica Stormud, no vayas a olvidar mi nombre”, decía mientras reía.
Perfidia que rompe el mito la traición tiene un color el perdón tiene un sabor.
Te ruego amada mía me absuelvas de toda culpa. Huí con ella de la posada, dijo que conocía una forma para conectarme con el inframundo, habló de una antigua tabla de madera que tenía donde vivía. Le creí, la seguí por las calles oscuras. Al llegar a su casa me encantó con sus versos tristes.
Ella, al igual que yo, declamaba poemas al ser amado, decía que entendía mi dolor porque lo vivía cada noche, estaba en esa posada porque esperaba que el amor apareciera en medio de la nada: nadie llegó.
Tomamos vinos, de los más exquisitos, disfruté la noche, vimos las estrellas, me contaba historias sobre constelaciones y ninfas. Sabes… Angélica me hace pensar en ti, tiene un aire melancólico que hace que te recuerde, ya con menos dolor, ahora con una inesperada levedad que llega a mi alma mientras escucho los versos de Stormud en la noche estrellada.
Hay caminos que no tienen regreso que no llevan a ninguna parte. Antes de morirme quiero soñar recordar tu mirada para no olvidarte.
Era noble su prosa, su mirada triste y sus versos. Por un instante quise parar la búsqueda del inframundo y resguardarme en la casa de aquella mujer de labios rojos. Deseaba sentir el calor del hogar que tú me quitaste al morirte y que ella me había otorgado.
Es que tu voz me enamoró me enamoró, me enamoró. Es que tu voz me enamoró me enamoró, me enamoró.
Pasé varias lunas y puestas de sol con Angélica Stormud, pero ya no era suficiente la lira y el canto. Demandaba que limpiara la casa, que trabajara y pagara las cuentas.
Le propuse irnos al bosque, alimentarla de frutas y sembrar la tierra. Pero ella solo clavó sus ojos negros en mí y estalló de risa. No aceptó, me pidió que volviera a la caverna de donde había salido.
Angélica no soportó mi rutina: no salir en las mañanas, dormir todo el día, en la noche salir a beber sangre. Todas las mujeres estaban encantadas con mis nobles cantos, hasta tú mi amor, pero para ella nada era suficiente. En ese momento te extrañé, amada esposa.
Ese día que discutía sin parar, le pedí ayuda para ir al inframundo. Ella frunció el ceño y tomó mi colección de botellas, mi lira, el espejo y una tabla ouija, exclamando: ¡Vaya y la invoca a ver si lo mantiene, “guevón”, si yo estuviera en el infierno preferiría estar allá tranquila que con un pedazo de inservible como usted!
Es que tu voz me enamoró me enamoró, me enamoró.
Es que tu voz me enamoró me enamoró, me enamoró.
Una mujer de decisiones tomar, noble como ninguna: cómo me recordaba tu forma de ser mi amor. Leonora, salí de su casa en medio de la noche, las lentas nubes de fuego condenaron mi camino hacia el infierno, sabía que algo dentro de mí había cambiado, que no podría volver por ti, ni siquiera con la ouija que me había dado Angélica.
No es un ser terrenal despojó su vestido de mortal se acercó al río de sangre para sellar su inmortalidad.
Escribo esta carta en el Cementerio Club, no soy de aquí ni de allá, soy un poeta con una lira, un poeta en un mundo maldito. Mi castigo: despertar en un universo ajeno, vivir de la sangre y de las sobras de amor que me dan por mis versos. Te traicioné y ya no estaremos juntos.
Asesinado por el cielo el infierno es demasiado dulce es la sangre que viene y que vendrá.
Hace diez siglos, cuando te buscaba por las orillas del río Estrimón, un demonio bajó de las cavernas, conmovido con mi canto me ofreció un trato: un espejo que permitiría verte a cambio de mi sangre. Mordí la manzana, me hechizó con una visión mientras tomaba mi espíritu. En el reflejo del espejo te vi, estabas en el inframundo, llorando junto al lago de aguas turbias, querías escapar, cortabas ramas de un árbol muerto, las atabas con los finos hilos de tu hermosa cabellera, quisiste volver a mí, volver a un lugar que ya no existe.
Oh amada mía, no esperes más, ya no estoy en el mundo de los vivos y tampoco en el de los muertos. Seguí la sentencia de las Diosas y arribé al río: mi corazón me llevó. Me entregué a la corriente, pedí a las ninfas que te dieran esta carta y me sumergí en el cauce, devolví a los Dioses su regalo: la lira y mi corazón.
El suicida falla: carabelas nada no sirve de nada, ni siquiera para matarse.
Discografía:
Mimos son mimos, Babasónicos
Cuando tú hablas, yo te escucho, Margarita siempre viva
Carabelas Nada, Fito Páez
Cementerio club, Pescado rabioso
Sin remedio, Ilegales
Lentas nubes de fuego, Margarita siempre viva
Coda flamenca, Extremoduro
Estaba en llamas cuando me acosté, Charly García
Perfidia, Nat King Cole
Anhedonia, Charly García
Cuatro calles, Manu chao
Pasajera en trance, Charly García
No soy un extraño, Charly García
Ángela/Melania/María/Angélica/Leonora/Wanda/Malegría.














