La feria de mi ciudad traía todos los años diversas atracciones emocionantes, tales como: la rueda de la fortuna, o la casa del terror, pero exclusivamente este año trajo algo nuevo, una adivina. Yo me sentí instantáneamente atraído por la curiosidad, y fuí a por una cita. La adivina se encontraba en una carpa a las orillas de la feria; entre sin pensarlo mucho.
—Disculpe señora, es usted la adivina— Le dije a una mujer de aspecto mayor.
—Claro toma asiento— Ella estaba sentada alrededor de una mesa para dos personas. Estiró su mano de piel arrugada, y señaló la silla que se albergaba delante suyo. Tomé asiento.
—Joven que hoy me visita, que desea conocer de su futuro— Me dijo.
Yo creía altamente en el destino, por lo que conocer un poco de él me atraía bastante.
—Deseo saber la fecha exacta de mi muerte— Le dije.
La mujer me miro fijamente, cerró los ojos, espero un momento, frotó sus artilugios mágicos, quemó un poco de incienso y me dijo.
—Si esa es esa tu pregunta— Esperé la respuesta —Moriras hoy a las 4:55 de la tarde.
—¡¿Que?!— Le respondí aterrado —¿Qué hora es?— le volví a preguntar.