La tormenta después de la tormenta
Sagrado domingo. Jornada levanta muertos. Mañana en que no despertaba sintiendo que devolvería todo lo comido el día anterior. Podía respirar por la nariz. La resaca de la gripe se disipaba como si el buen karma estuviera actuando a su favor. Eso y que JongDae —aunque pecara de tener una vágina reseca a veces —se había preocupado de las comidas para los dos.
Al menos no le debía dinero, porque le había dejado la billetera. No creía que el mayor sería tan hijo de puta para sacarle algún won extra. Pero, vaya. A la mierda. En ese momento tenía que replantearse muchas cosas. ¿Mantendría los dos trabajos? Sabía que con el 7eleven solventaba más sus placeres que otra cosa, un dinerillo extra para emergencias, ahorros para el alquiler más adelante. Sin embargo, el trabajo en el local de parrilladas le daba para sobrevivir el día a día.
¡Tantas decisiones! Tal vez sólo tuvo una suerte tan mala como los ojetes de su club de fanáticas y la enfermedad no fue “una advertencia para que se detuviera”, ni esas mierdas que los padres tanto se empecinan en repetir. Sólo le afectaron los cambios de temperaturas, no tomó suficientes vitaminas, ¡le tocaba que sus defensas cayeran! Después de todo, solía gozar de una salud casi intacta.
Estuvo a décimas de segundo de apretarle el delantal a Heo, quien cocinaba, para joderle un poco la vida cuando el timbre de la residencia sonó tres veces.
“¿Tienes visitas?”, arqueó una ceja con desgano. Posterior, abrió la puerta y lo que encontró detrás de ella lo dejó helado.
¿Qué hacía su cuñada en su departamento? || @bonhcmie








