Cumples 30 y, de repente, la vida no se parece en nada a como la imaginabas.
Ni una carrera perfecta, ni la casa de tus sueños, ni una gran historia de amor con un final feliz.
Solo tú, navegando, sanando, desaprendiendo, y tratando de confiar en el ritmo de tu propia vida.
La mayoria de los días estás bien. Te recuerdas a ti mismo que todo sucede cuando tiene que suceder. Pero luego están los momentos tranquilos. Los momentos en los que te pasas demasiado tiempo mirando el móvil.
Los momentos en los que ves a tus amigos alcanzar hitos importantes. Los momentos en los que te preguntas si perdiste tu oportunidad. Y en esos momentos, la duda se cuela. La sensación de que tal vez ya deberías tener todo resuelto.
Pero esto es lo que necesitas saber: no estás atrasado/a. No se te acaba el tiempo.
Estás viviendo una historia que nunca debió ser apresurada. Una historia que aún se está desarrollando de maneras que no puedes ver.
Y un día, mirarás hacia atrás y te darás cuenta de que no estabas perdido. Simplemente estabas de camino a casa, a ti mismo.


















