El mar es aquel que parece igual por donde se mire,
Y sin embargo todas las olas son distintas.
Es una probabilidad en medio de un océano de gotas de agua.
Inagotable desierto para el sediento.
Fundido con la tierra como en un abrazo delicado,
Que baila al ritmo de una canción suave, girando alrededor del sol.
Dentro de un espacio estrellado
Viajando a través del cielo.
Como la respiración de mi amada
Marea que abraza firme mientras se desliza
Que muerde, clava y miente con cada cambio,
Y ya lo dijeron en la luna
Que siempre esta llegando
Y nunca acaba de llegar. En sus profundidades habitan abismos fantásticos
Que solo la imaginación pudiese crear
Monstruos, sirenas, tesoros y ballenas blancas.
Y es madre de todos nosotros,
Capaz de hipnotizarnos a sus orillas,
Como esperando a volver a estar
en ese primer océano que es la vida.
Naufrago, intento asirme a cualquier esperanza;
Sea un pedazo de tierra que brote de repente,
Ó un ancla que me lleve adentro,
Al lugar donde se puede sentir el peso del mundo.
Soy un ridículo pedazo de carne descansando sobre una roca
Mirando a los ojos al cielo, mecido todavía por la corriente,
Sorprendido de tener conciencia todavía, ¿conciencia?
Sigues siendo ridículo, me repito una y otra vez.
Aún sin poder levantar la cabeza enredada entre tu pelo
Confundido por algas, me dejo morir
Concentrado en esperar el momento
En que tu imagen se borre definitivamente
Junto con la ilusión de que son sólo mis pensamientos.
Pero nada sucede, ni revelación ni olvido,
Soplo a la hoguera de tus miedos
Y logro encender los ojos del dragón
Que esquivo se lame las heridas
Replegando las alas antes abiertas.
Y esa palabra que por precaución no decimos a nuestros oídos
Llevandose todo mi aire lejos
Con ese abrazo me matas, amor
Y desde dentro me das olvido.
Hay un río dentro de mi cabeza
Que lleva de un lado a otro tu recuerdo.
Y el agua en que te encuentras
Tiene un color oscuro, ausente;
Como si después de firmar con mi alma
Hubieses huido a tu guarida secreta
Y solo, sentado en la orilla de este río
Imagino la otra orilla, que no veo.
Ahí sentada, me miras con indiferencia,
Entretenida por cosas más importantes en tu vida,
Y el agua sube con la corriente
Estoico intento permanecer ahí
Tomando con mis manos tus ojos
Intentando no ceder. Pero la corriente no perdona
Casas, cosas u olvidos...
Y recibo la fuerza de la naturaleza
Como un pez atrapado en la corriente.
Los ojos brujos tienen doble filo
Y con ellos dibujo un mapa prohibido.
Lloraré entonces por el descanso de los que se quedan.
En un instante él mundo parece pequeño,
las paredes de mi propia embarcación
Ceden ante el peso del mar. Que,
indomable, devora todo lo que ahí no ha nacido.
Trastocado horizonte invertido
Que como cortina intenta cubrir del mundo
Las miradas indiscretas. Floto
En medio de la lluvia hacia una isla casi perfecta
En esta isla cabe una historia
Que dobla por renglones curvos;
En toda ella se describen tus poros como
Gotas en una superficie de miel.
Deslizandome por entre su contorno
Elaborando con mi boca una cartografía
Inédita de un confín separado del mundo.
En esta isla cabe el sueño
Con su corte y toda su familia
Caben dos lunas que me miran
Atentas, pendientes entre suspiros.
Aquí caben dos náufragos de sus propias tormentas,
Que, rendidos en la playa,
Leen entre las nubes su destino.
Quizás pensando, entre tantos suspiros,
Que el alma se sale y el corazón
Anclado, permite presenciar un milagro.
Aquí están tus labios atrapados entre mis dientes
También tus brazos rodeandome firmes,
Manteniéndome en este mundo.
¿Alguno querrá ser salvado de este lugar mágico?
Ante un infinito de estrellas
Contemplo una bóveda cerrada por sus extremos
Una prisión esférica para una horda de mal llamados humanos.
Todos aquí re-incidentes, (aunque algunos no lo crean).
Todos aquí esperando el día que ya no sea y llegue la única
Imaginando que alguien nos cuida,
Interesado por las cosas mínimas
Efecto de la luz en un reflejo.
Mi mala memoria me protege del daño.
Lo que fue y ya no esta, perdido flota
En el ultimo tramo de ese río que se recicla.
Una y otra vez, pensándose único,
Y he aquí que a pesar de todas las condiciones,
Inclementes y definitivas, surge del cielo
Un rayo fulminante que te corta en dos.
Entonces reconozco unos ojos de otros tiempos,
Unos labios que suenan a gotas tibias
Rodando por un paisaje desierto de golondrinas.
Tomo una mano, suave y afilada, que no esta ahí.
Abrazo al aire más frío que tu recuerdo.
¡Que daño me golpea desde el cielo!
No hay escapatoria a tu huida.
Mirando al ojo del cielo descender sobre mi alma.
Y mi garganta no alcanza a sonar lo suficiente;
No es lo suficientemente río
No es lo suficientemente trueno
Enfrente de los ojos del mundo.
Soy el eco de tus palabras
Soy un animal partido en dos
A la mitad de una carretera,
Con su interior alcanzando las estrellas.