El cuerpo de las mujeres, la última frontera del capitalismo
En las últimas semanas la violencia en el sur de Chile parece haber aumentado. Las policías en complicidad con el estado y los gobiernos locales han sido protagonistas de desalojos, represión y directas agresiones a niños y niñas mapuche. En concordancia con la política de persecución al pueblo mapuche que actualmente mantiene a más de 50 presos políticos en las cárceles del estado.
Al caso de Lorenza Cayuan, quien fue obligada a parir engrillada de sus pies y con un vigilante, a su hija Sayen, se suman los más de 50 comuneros presos todos quienes fueron detenidos gracias a montajes y con importantes irregularidades en sus procesos.
Esta misma semana, gracias a un video que circula por las redes sociales de internet, pudimos ver cómo carabineros entra a una escuela con un carro lanzaaguas, afectando a niños y niñas, y donde hasta ahora la institución no ha aclarado la razón de esta acción, que por ningún lado podría justificarse excepto por la sistemática persecución a un pueblo que defiende una forma de vida que va directamente en contra de la expansión capitalista.
Como consigna Mapuexpress, son muchos los puntos de gravedad que se han visto en estos días, desde actos de racismo, despojos, desplazamientos, exclusiones, negaciones, asesinatos, empobrecimiento y explotación de los territorios.
La política extractivista del país, también coherente con el capitalismo global, ha respondido con extrema violencia hace muchísimos años. Cargamos con nuestras muertas y muertos que han sido asesinados por defender la tierra y enfrentarse a grandes proyectos mineros, forestales y eléctricos, que depredan ecosistemas y acaban con la vida de animales, flora y comunidades enteras.
Macarena Valdés, Berta Cáceres, y muchas otras luchadoras y luchadores han entregado hasta el cuerpo en la defensa de la tierra. En cambio, el capitalismo que no es más que muerte y destrucción continua avanzando en sus proyectos que sólo sirven para llenar los bolsillos de unos pocos, sacrificando comunidades y formas de vida que no sirven a sus intereses.
No podemos, quienes estamos más al norte, dejar de mirar lo que ocurre en el sur. Los medios de comunicación son cómplices de no alertar la urgencia de la situación, y cómo sistemáticamente se vulneran los derechos de niños y niñas, con represión y persecución al pueblo mapuche. Y tampoco podemos ignorar desde donde proviene esta violencia. Latifundistas, forestales, policías y un estado racista, que abusa de las instituciones del estado, en complicidad con la justicia chilena, también racista y también misógina.