“El jazz es la conversación, es el momento, es lo inesperado”
Cristóbal Pinto (mx/gt) es un joven músico que huye de las zonas de confort, le gusta los retos que le propone el jazz y el destino. Compositor, guitarrista y pianista con ganas de crear más música para los siguientes años, pero por el momento nos tendrá que endulzar los oídos con el jazz que nos propone en su último álbum. En esta aventura lo acompañaron artistas de primer nivel: José Villagrán (trombosé), Dina Ramírez (saxofonista), Germán Giordano (guitarrista), Emilio Aguilar (contrabajista – en el disco), David Batz (baterista), Rosse Aguilar (voz y saxofonista) y Alejandro Álvarez (contrabajista – en conciertos).
PR - ¿Cómo fueron tus primeros pasos en la música?
CP- Empecé a los 11 años tocando piano, cuando vivía en Toluca. Al principio mi aprendizaje fue empírico (de oído). Después llegué a Guatemala con mi familia, recibí educación más formal con Zoila Luz García Salas y Carlos Rabanales.
En mi etapa de secundaria y bachillerato estuve tocando Chopin, Liszt, Mozart y más compositores. Al mismo tiempo estaba aprendiendo a tocar guitarra, empecé tocando temas de Led Zeppelin, Black Sabbath, Queens of the Stone Age y Arctic Monkeys. Poco a poco me fui identificando más con la guitarra, por mi espíritu adolescente en ese tiempo.
En los primeros años de la Universidad empecé las lecciones con Germán Giordano, él me enseñó mis primeras bases del jazz desde cómo tocar arpegios hasta cómo tener una rutina de estudio. En ese momento no me sentí tan identificado con el jazz.
Al estar en la Landívar forme la banda Yerimkala con Vini y Sierra, posteriormente llegó Wipe. Lanzamos un álbum y dimos muchos conciertos. Después de un cierto tiempo me sentí que necesitaba un reto más grande en mi vida. Entonces me incliné por ser solista y por el jazz. Nunca había sentido tanta adrenalina al tomar una decisión artística. Hoy en día, soy feliz, descubriéndome a través del arte más efímero de la historia: la improvisación.
PR- ¿Cómo ha sido esa transición del rock al jazz?
CP- Mi transición de rock a jazz fue algo repentina. Cuando estaba en Yerimkala, tenía este clásico sueño de llenar estadios, volúmenes altos en el amplificador, vivir la vida loca y eso. Dejé de tocar Rock porque hubo un momento en que sentí que era mi zona de confort. Sientes que das el mínimo esfuerzo y al bajarte del escenario todos te dicen: “¡Guau, qué cool suena!”. Eso no está mal, pero me sentía mal al saber que no estaba avanzando. Además, tenía una mala técnica como guitarrista, cometía muchos errores y deficiencias encubiertas en distorsiones y delays. Me puse a estudiar las bases que me había mostrado Germán Giordano, y volví a clases con él. En ese momento también decidí salirme de YK porque siendo compositor, ya no estaba componiendo rock, solo jazz.
Lo que hago hoy en día es estudiar mucho, componer lo más que pueda, soy más autocrítico y por el momento no estoy usando pedales. Me junté con Antonio Monterroso, guitarrista y compositor, que me ayudó un montón a corregir detalles de mi composición y estudié improvisación avanzada a través de Berklee Online con Bruce Saunders. Con estos elementos, pude despegar y publiqué mi primer disco: Déjà vu.
PR- Tu primer disco como solista fue Déjà vu y después lanzas Maneki Neko, en menos de un año. ¿Cómo ha sido la producción de ambos discos y qué te ha gustado más de cada uno?
CP- La producción en ambos discos ha sido bastante ágil y determinante a la hora de hacerlo. Desde que empecé a escuchar a Miles Davis, Coltrane, Django, etcétera, me di cuenta que grabar en vivo es un factor clave para que suene bien, ya que al fin y al cabo, es una conversación. Al hacer algo así, hay que exigirse más como músico y saber a qué músicos llamar. Es vital estar preparado, porque es como dar un concierto que será inmortalizado.
Para hacer Déjà vu me sentí bastante nervioso, cuando eres solista en jazz te toca dar indicaciones a los demás músicos, pero haciendo las cosas uno aprende. En tres o cuatro sesiones grabamos todo en La Rockolita con Diego Alvarado en zona 10. Quedé bastante contento con el resultado y el apoyo de todos a la hora de publicarlo. El gran logro de esa publicación fue demostrarme que soy capaz de dirigir un proyecto musical de forma coherente y que puedo salir a tocar mis propias composiciones de jazz.
Cuando publicamos Déjà vu ya tenía nuevos temas. Se presentó la oportunidad de grabar en el estudio de Juan Pablo Perea y en febrero de 2018 ya estábamos grabando el nuevo disco, en menos tiempo y con más canciones que el primer disco. Está vez fueron nueve tracks que grabamos en una mañana, dos o tres veces en el estudio. No hubo selección de tomas, sólo agarramos la última toma de cada canción. Posteriormente se agregó el contrabajo que fue grabado por Emilio Aguilar, un gran músico, desde Austria. Sólo colocamos las pistas del contrabajo junto a la banda y ese fue el resultado final.
RP- En Maneki Neko, podemos encontrar en los títulos de las canciones y del álbum mucha influencia de Asia y de los gatos, ¿A qué se debe?
CP- Maneki Neko es un álbum conceptual; técnicamente soy yo escribiéndole canciones a la buena suerte. Esa buena suerte es personificada en un gato japonés y para que este entienda que yo le escribí temas, coloqué varios títulos en japonés. La traducción literal de Maneki Neko es “el gato que saluda”. Esto es un símbolo de la cultura popular que denomina éxito, salud, buenas finanzas, etcétera. Es una forma de dar gracias a toda la buena suerte que tengo todos los días de tener salud, de tener alimento, talento musical y más. Lo que termina de dar este toque “globalizado” al disco, es que el estilo es: Jazz Manouche (jazz gitano), un estilo muy europeo y antiguo de tocar jazz. Estoy muy dedicado a grabar y publicar canciones en estilos más tradicionales del género, ya que siempre presentan un gran reto a la hora de ejecutarlas.
RP- De tus quince canciones publicadas, seis de Déjà vu y nueve de Maneki Neko, ¿con cuál te sientes más identificado y por qué?
CP- Es difícil decidirse por una canción en específico. Sin embargo, tengo un lazo sentimental muy grande con «Carmen», porque fue la primera vez que compuse algo realmente profundo. Fue la primera vez que sentí haber compuesto un clásico de jazz. Tiene esa forma suave, inesperada y estética. Es uno de los temas que suelo tocar con mayor frecuencia en presentaciones en vivo. Ha sido una pieza que ha cambiado mucho mi forma de plasmar mis ideas en composición hasta la fecha.
PR- Varias empresas e instituciones apoyaron de distintas maneras el álbum Maneki Neko, cuéntanos sobre eso.
CP- Empezó con Juan Pablo Perea que me ofreció grabar en su estudio, esto fue en diciembre, por precio y tiempo fue factible. En febrero grabamos y fue solo un día. Después contacté a varias empresas e instituciones, donde les mandé mi demo para que conocieran un poco más sobre el proyecto y de esa manera conseguí el apoyo del IGA para las copias en físico y el espacio para el concierto de lanzamiento. También estuvo Diego Tobar que me apoyó con una parte del pago a los músicos del concierto de presentación. Hubo inversión, pero no fue tan desgastante como si lo hubiera hecho todo uno.
Hay 500 discos para comprar, aún no los he distribuido por la ciudad, pero lo más probable que estarán en Sophos, en la pizzería L'Aperó y en otros lugares. El disco de Maneki Neko tendrá el valor de Q.100.00, si quieren los dos estará a Q150.00
PR- ¿Habrá más conciertos para este año?
Vienen más presentaciones, por ejemplo; el 24 de noviembre en el Centro de Cooperación española de la Antigua Guatemala donde estaremos presentando el disco de Dina Ramírez y mi disco, serán dos sets. Lo que queremos es que el público se vaya acostumbrando a este tipo de música para realizar más conciertos.
PR- ¿Cómo es la escena de Jazz en Guatemala?
CP- La escena del jazz en Guatemala es pequeña. Quizá de lejos uno podría decir que hay muchas propuestas, pero si uno ve el contenido: varios proyectos son de pop suave, covers acústicos u otras variantes similares. Son pocos los proyectos que buscamos respetar las bases del género. Es muy importante recordar que para tocar jazz, hay que escuchar mucho jazz. Poniendo atención en los detalles, uno va entendiendo de qué se trata.
PR- ¿Qué es el jazz para ti?
CP- El jazz es la conversación, es el momento, es lo inesperado. Se necesita aprender a hablar con tu instrumento. Este proceso se basa en transcribir canciones de los grandes improvisadores de la historia, practicar, transcribir, practicar, salir a tocar, practicar, transcribir y después de eso, practicar más. Requiere de mucha atención para lograr dominar tu instrumento para que puedas responder a los estímulos sonoros de tus compañeros de banda. Si no hay interacción, no es jazz, es otra cosa. Cuando logras entrar a esta sinergia, te sientes tan bien. Al dar conciertos o en las grabaciones, ya no te sientes sólo, te sientes parte del todo. Yo estoy consciente que estoy en mi etapa primaria tocando jazz, por eso es que me enfoco tanto en mejorar día a día, y aprender de cada experiencia.
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