El día había sido pésimo de alguna u otra forma, quizá, había comenzado el día con el pie izquierdo. Estaba cansada de casi todo a esas alturas del semestre, principalmente, de éste mismo. El artículo que había redactado para una de sus materias no solo resultó del completo desagrado de su profesor, sino, que fue objeto de crítica “constructiva”, evidentemente, no debía tomárselo a pecho, pero para alguien tan sensible como Daphne era casi imposible, considerando, además que no había podido dormir los últimos días tratando de conseguir una buena historia. Al finalizar el periodo se dirigió a los baños, los de la biblioteca, aquellos que casi siempre estaban vacíos. Se encerró en uno de los cubículos y derramó un par de lágrimas pensando en que no era más que una basura. A veces se sentía así; a veces, últimamente, casi siempre. Pasaron al menos quince minutos para que lograra salir. Con los ojos rojos se aclaró el rostro con un poco de agua, se secó con un par de sanitas. Saliendo del baño fue donde la encontró: Jade, tan bonita como siempre lo había sido, una completa desconocida de la cual tendría muchísimas memorias. Frenó su paso cuando sus caminos hubieron interceptado de manera en que ninguna pudo huir. “Hola” saludó de modo cortés, con la mejor sonrisa que pudo formular. Afianzó, con algo de ansiedad, la correa de su bolso a su hombro.