Carta que nunca recibirá el chico maravillas
Hoy no sé quién eres, aunque más bien no sé a quién escribo esta noche.
Hace mucho que intento plasmar esto que siento en letras, aunque cada vez que lo intento me cuesta más, porque eso no hace más que confirmarme el hecho de que te has ido y puede que no vuelvas más.
Quiero llorar en el hombro de alguien, mientras que me abrazan y dicen que todo pasará, que esto solo será un corazón roto más. Irónicamente, mi corazón aún no está roto, y tu hombro es el único donde aún deseo llorar.
Desde que desapareciste me pregunté ¿Que hice mal?, intentando buscar culpables, clavando siempre el alfiler con el hilo de lana rojo en mi foto. Dime, ¿qué hice? ¿qué está tan marchito y mal en mi manera de querer que siempre acabo igual?
Es gracioso la manera en la que esto me duele cuando ni siquiera estoy segura de si llegamos a ser algo. Creo que fuimos personas que se quisieron con locura hasta el último acorde de la canción del final de esa desastrosa obra de teatro.
Quizás exagero, sabes que tiendo a exagerar. Sabes que me asusto con facilidad, y que busco amor y belleza allá donde nadie más se atrevió a mirar. Quizás me volví a enamorar de un fantasma, ya sabes que no es la primera vez.
No te haces idea, de lo mucho que te quiero, de lo mucho que te añoro. No me dí cuenta de cuanto necesitaba tu voz hasta que dejé de escucharla, no me dí cuenta de cómo echaba de menos tus canciones hasta que dejaste de añadirlas a las playlists, ni siquiera me di cuenta cómo me derretías y enamorabas cuando me leías poesía a las 2 A.M. mirando al techo sobre la cama, con el móvil apoyado sobre la almohada.
Sé que nunca te toqué y puede resultar ridículo lo que digo, pero echo de menos el camino que había sobre mi piel dibujado por tus dedos, donde todo parecía posible e infinito. Cada escalofrío, cada temblor sin sentido pero con nombres y apellidos. Cada cabello que se erizó, cada beso, risa y lágrima que extrañamente se intercambió. Todo eso te pertenece y siempre te pertenecera.
Ahora canto siempre Lo malo de ser bueno del Cuarteto de Nos o Eres del Café Tacvba junto a las canciones de Caramelos de Cianuro, porque inocentemente pienso que podría invocarte con ello y así reaparecerías en mi vida como que nada de eso había pasado.
Pienso que nunca debí decirte nada, que nunca debí haberte gritado aquel día. Nos gritamos, nos herimos, nos arañamos y nos hicimos daño sin quererlo. Me arrepiento tanto de haber sacado el tema, de haberte acusado de escudarte en una carta que no acababa de llegar.
No sé cuantas veces he pensado en que se vaya a la mierda todo y ser yo la persona que te proteja, que te defienda de todos los males de esta tierra. Luego que recuerdo que vivo donde vivo, que vivo en un piso de Serrano, a un océano de por medio de tus lágrimas y caricias. Es entonces cuando me siento estúpida. ¿Cómo te va a proteger alguien que está en la otra punta del mundo?
Aún recuerdo tu respiración, cuando te quedabas dormido al teléfono, y cómo murmurabas cosas a las que tenía que prestar mucha atención para que resultaran comprensibles. Recuerdo las noches, en las que yo estaba mal, y tú insistías en quedarte hasta que me quedara dormida, para así mis demonios poder ahuyentar, para que al menos por una noche no me tocara batallar.
Tu voz sigue resonando en mi cabeza cada vez que me soltabas una de tus bromas de mal gusto y subidas de tono, que al principio tanto me molestaban, pero las cuales con el paso del tiempo me acostumbré, y ahora mira por donde, las echo en falta. Cuando dibujabas esa sonrisa lateral, y en tu mejilla izquierda se formaba un hoyuelo, que me parecía lo mejor del mundo solo para decirme Ah, pero mira, si la niña resulta que no es tan puritana.
Cuando me decías que me quedaba genial ese vestido gris, aunque a mí no me entusiasmara porque no me agrada la idea de que se me vieran las cicatrices. Porque te encantaban esas curvas que según tú, yo tenía. Te enamoraste de ese vestido que se convirtió en tu favorito, y me hiciste prometerte que me lo pondría cuando vinieras.
Por carcajada, tan limpia y sin imperfecciones que salía de tu boca cada vez que me sonrojaba porque te resultaba divertido fastidiarme de manera cariñosa, porque conocías mis puntos flacos, mis mayores miedos.
Si sabías que uno de mis mayores miedos era perderte, ¿por qué desapareciste?
No dejo de quererte, y no dejaré de esperarte. Cumpliré mi promesa, cómo hice todas estas tardes, solo te pido que por favor no tardes mucho. Porque quiero pensar que aún me sigues queriendo, y que algún día estarás de regreso.
Por favor, reaparece chico maravillas.