Escribí esto hace seis años, inspirado en esta canción. ¿Recuerdas?
Todo el mundo la llamaba Cris aunque su verdadero nombre era Agatha. Como su abuela tan anticuado y con porte de fingida elegancia, al igual que una joya chamuscada que se encuentra en la tierra. ¿Qué hubieran hecho ustedes en su lugar? Imagino que lo mismo, porque en su lugar no estarían en su maldita cordura. Vestida con el vestido que él no recordaba, bebiendo champagne, manchando levemente la copa con el brillo labial que había usado solamente una vez, se miro en el espejo los charcos de alquitrán dibujados bajo sus parpados. Una niña tan bonita no debe llorar Hubiera dicho la abuela, pero la abuela no estaba aquí y ella estaba terriblemente jodida. Miro a Tom, el reflejo en sus ojos una emoción, se sintió que estaban avanzando. Lastimosamente para los dos ella no reconocía la diferencia entre miedo y amor. Tantas veces había imaginado que la miraba así, y ninguna había pasado más que dentro de su mente. Volcó el champagne sobre él, machaco las flores en su cara, rompió la copa y el espejo al mismo tiempo. Soltó su cabello casi hecho una maraña, reflejada en el laberinto de espejos rotos, se sintió bonita por estar con él. Ahora, luego de que le hiciera a Tom recordar, la casa de los espejos ardería. Tomó el filoso trozo de espejo que había caído justo a sus pies y comenzó a escribir. Recuerda mi vestido, negro con volados, sin mangas, comprado a cinco cuotas, especialmente para la cita. Recuerda mi brillo de labios color carmín que era el último en la tienda, que encontré luego de recorrer media ciudad. Recuerda la limusina, todo lo que hablaste sobre mí en la limusina. Recuerda el futuro que planeamos. Su mano sangro de tanto apretar el filo. - ¿recuerdas? – susurró, observando la sangre bajo sus pies – ¿podrás recordar ahora que lo grabe en tu piel? ¿ahora que las flores están manchadas con tu sangre? ¿Qué el champagne sabe a ti? – gritó parada frente a él, sin poder gritar, sin poder moverse – ¿recuerdas todas las malditas palabras que me dijiste esa noche? La última noche, nuestra cita, en la feria… – su mirada se perdió – la música se escuchaba desde una cuadra de distancia, esa melodía tan alegre como si hubiera un desfile de payasos cerca, entramos de la mano aquí, a la casa de los espejos, pero salí sola. - Cris… – el mudo sonido salió de entre sus vibrantes labios. - Shh – le puso un dedo sobre los labios – no digas nada, solo contéstame una última cosa ¿recuerdas mi rostro? – susurró dulcemente. Dicho estas palabras, enterró el espejo en su ojo izquierdo, para luego prender un encendedor con las manos temblando. Cris se apuñalo y luego los incendio a ambos, sin que antes comenzara a sonar la melodía.













