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El acorde menor.
El acorde menor rompe la armonía como lo haría el mar entre las rocas, y de pie, ante la ventana, mirando a través de ella sin ver, los dedos ágiles de Jason recomponen la frágil melodía que construía antes de que el atrevido e inoportuno acorde menor irrumpiera en la cadencia melodiosa de los acordes mayores, acostumbrados unos a otros. Y sin embargo, ya no es igual, ahora suenan desencajados. Aunque el violín no haya cambiado, ni sus cuerdas. Quizá sí el violinista, en cuya mente resuena el inofensivo acorde menor.
Natt se encontraba en su habitación, leyendo uno de sus comics cuando a sus oídos llega el sonido del violín de su compañero de piso. Se levanta de la cama, dejando sobre ella el comic a medio leer y camina descalza hacia la habitación de Jason, observando así lo que hace.
El chico no se percata de su presencia, aislado como está del mundo, con el ceño levemente fruncido por lo que acaba de pasar en su música. Tras la ventana, la mañana londinense es nublada y fría a pesar del verano. Sigue intentando recomponer esa melodía con la que se había levantado pero ese acorde ha desbaratado todo y se da por vencido cuando levanta el arco de las cuerdas.
- ¿Por qué te detienes?- Cuestiona, revelando así que se encontraba junto a su puerta, escuchando. Da un paso al frente con sus pies descalzos y se apoya en el quicio de la misma, contemplando al músico y su violín.- ¿No te gustaba lo que interpretabas?- Vuelve a preguntar, metiendo una de sus manos en el bolsillo del peto y posando la otra junto a su pierna.
- No era una interpretación, intentaba componer algo pero no sale.- La mira así, su mandíbula aún roza el violín.- ¿Cuánto rato llevas ahí?- Porque él está sin camiseta y descalzo.
- Sólo unos…- Su boca se abre, igual que sus ojos cuando desciende la vista de su rostro y la posa en el cuerpo de su compañero. “Por Merlín y Morgana juntos”, es lo único que piensa la joven mientras intenta reaccionar. Cierra la boca y traga saliva antes de contestar.- …minutos.- Concluye, haciéndole competencia a los colores de su casa de Hogwarts.
- ¿Y te gusta?- Pregunta y coge un trapo blanco, que había dejado junto a la ventana y lo pasa por el mástil del violín, para quitarle la grasa que se acumula sobre la madera cuando toca.
- ¿El qué?- Cuestiona, poniéndose más roja. “Lo que toca, imbécil”, se dice a sí misma. “¿Qué otra cosa iba a ser? No te va a preguntar si te gusta lo que ves…”, sus propios pensamientos la hacen sentirse incómoda.- Sí, aunque… El final ha sido extraño… Cómo si hubieras parado a la mitad.
- Sí, algo así. Cuando no sale es mejor parar porque puede ser muy frustrante.- La nota incómoda por algo pero no sabe qué así que simplemente hace un gesto de cabeza hacia la cama, indicando que puede tomar asiento.
Ese movimiento hace que sus músculos se tensen y ella se queda pendientes de los mismos hasta que vuelve a relajarlos. Niega con la cabeza y entra en su habitación, camina hacia la cama y toma asiento, separada de él. Sube los pies a la misma.
- Sonaba bien… ¿Por qué no vuelves a intentarlo?
- No sé, es complicado. Es como intentar pintar algo que tienes en la cabeza pero nada de lo que haces se parece, ¿sabes?- Deja el trapo y se aparta el pelo de la cara con una pequeña sacudida de la cabeza. Vuelve a erguir la espalda y el brazo cuya mano sostiene el arco, se tensa de nuevo cuando este toca las cuerdas.
- ¿Y por qué no intentas reflejar aquello que tienes en la cabeza? Es decir, podrías darle significado, ver que notas reflejan más aquello en lo que piensas…- “Yo iniciaría con una melodía suave y después la intensificaría si quería hablar de tus bra…”, niega nuevamente con la cabeza, intentando ignorar esos pensamientos.
- Es lo que hago, pero no siempre coincide…- El primer acorde suena desafinado y se detiene, lleva la mano al clavijero para ajustar la afinación de las cuerdas.- A veces es como si la nota que suena no llegara a ser tan perfecta como la que tengo en la cabeza. Eso es lo que frustra.
- Inténtalo.- Le vuelve a repetir ella mientras observa sus movimientos. Se acaba recostando en su cama, posando la cabeza en su almohada.- Imagínate que tienes delante aquello en lo que piensas, que estás rodeado por ello y puedes deleitarle con tu música.
Cuando aparta la mirada del clavijero y vuelve a hacer sonar el primer acorde, cierra los ojos, satisfecho. Le hará caso, espera que fluya. Aunque no es que piense en nada. Es sólo música. Y, uno tras otro, los acordes salen. Él mueve los dedos por instinto, como si algo (su melodía mental) le dictara.
Natt cierra los ojos con una sonrisa y escucha la música que inunda la habitación del chico. Sus dedos hacen magia y del violín no cesa de salir hermosas notas musicales.
Como cada vez que tiene público, Jason abre los ojos para ver la reacción y lo que ve, no se lo esperaba. No la ha visto tumbarse por eso, cuando la ve así, con los ojos cerrados, sobre su cama, un pensamiento muy deshonesto cruza por su mente, despampanante y en mayúsculas, lo cual arranca un chirrido nefasto del violín, que rompe con la armonía definitivamente.
- Tengo… Beber agua.- Consigue decir mientras deja el violín a trompicones, sobre la funda, y sale.
Natt abre los ojos cuando le escucha hablar, pero no le da tiempo a reaccionar cuando lo ve salir de esa forma de su habitación. Toma asiento en su cama y después, se pone en pie. No sabe si ha hecho algo que le incomode, pero por la forma en la que ha salido, cualquiera diría que sí. Mordisquea su labio y acaba saliendo ella también, sus pasos se dirigen a la cocina y mira su espalda, tensa.
- ¿Estás bien?
- Sí, sí, claro, sí.- Decide beber el segundo vaso de agua antes de seguir hablando. Él a medio vestir en la cocina es algo que simplemente nunca pasa. Bebe con los ojos muy abiertos, de espaldas a ella, aunque quizá necesitara echarse el agua por encima en vez de beberla.- ¿Y tú?
- ¿Yo?- La boca se le seca y ahora la sedienta es ella. Camina hacia la nevera y saca su botella de agua.- Bien…- Añade antes de beber de la misma. Intenta dejar de posar sus ojos en su espalda (y lo que no es la espalda) pero era como si se tratara de un imán y no pudiera despegarlos.
Jason se recompone, a través de una seria regañina interna. Si sigue pensando eso se le notará y ella va a pensar que es uno de esos y para nada. “Sí podría ser tu hermana”, y resopla.
- Tenía mucha sed.- Se excusa cuando deja el vaso en el fregadero y la mira, de nuevo, forzando a apartar otros pensamientos y a mirarla a los ojos.
La chica guarda la botella en el frigorífico y se apoya en el mismo, sosteniendo su mirada.
- Y… ¿Y sólo tocas el violín?- Cuestiona, bajando la vista hacia sus manos de largos dedos antes de volver a mirar sus ojos claros.
- Tengo nociones de piano y guitarra y me defiendo bien con los sencillos de viento.- Explica, agradeciendo poder aferrarse a un tema neutro.- ¿Tú tocas alguno?
- Pues… Tocaba la guitarra, pero poco más. Siempre me había gustado aprender a tocar el piano pero… No pude.- Se encoge de hombros y sale de la cocina.
- ¿Y eso?- Pregunta, con curiosidad. Debería vestirse, nunca va así por casa peor no quiere interrumpir.
- Mi madre tocaba.- Se limita a decir. No le gusta tratar esos temas, pero él había preguntado.- Supongo que será una tontería el motivo, pero no sé.- Vuelve a encogerse de hombros y se sienta en el sofá del salón.
- Yo si quieres puedo enseñarte algo.- Se apoya, pero no se sienta.- De piano o de otro instrumento.
- ¿En serio?- Sus ojos se iluminan.- ¿Podemos hacerlo ahora? Yo no estoy haciendo na… Ah, pero tú estás componiendo.- Recuerda después.
- Ya he tenido suficiente composición por hoy.- Afirma, convencido.- El inconveniente es que no tengo piano aquí…
- ¿Y qué hacemos?- Le mira a los ojos, mientras se pone de pie para mirarle desde su posición.
- Normalmente toco en la tienda. Pero no sé si…- Mira la hora y luego a ella.
- Es domingo y las tiendas suelen estar cerradas… A no ser que…- Una sonrisa maliciosa acude a sus labios.- Vístete.- Añade antes de ir a su cuarto para ponerse los botines.
- ¿Qué…?- Pero ella ya se ha ido, así que vuelve a su habitación a vestirse. Se echa algo de colonia aunque no sabe muy bien por qué, ni a dónde van, ni nada.
Natt se asoma a su cuarto cuando ya se ha puesto los botines y se ha echado cacao en los labios, que ahora tenían un matiz rosado. Le mira sin borrar la sonrisa.
- ¿Puedes aparecerte en la tienda?
- Claro… ¿Por?- Termina de arreglarse, pasándose una mano por el pelo.
- Para aparecernos allí.- Explica como si fuera lo más normal del mundo, se acerca a él y se coge de su brazo.
- Ehm… Vale.- No sabe muy bien qué hacer con su otro brazo, así que mete la mano en el bolsillo y les aparece en la tienda.
La sensación de mareo, se apodera de Natt cuando aparecen en la tienda. Se separa de él y se apoya en el mostrador.
- ¿Estás bien?- La coge del brazo, sin hacer fuerza, por si necesita apoyo. Saca su varita y enciende la luz.
- Sí… Tranquilo, es sólo que no llego a acostumbrarme a esto.- Deja que la tome por el brazo y parpadea ante la luz repentina.
- ¿Quieres sentarte?- No la suelta y la mira a los ojos, dándose cuenta por primera vez de que son verdes.
- No, no… Se me pasará.- Sus ojos verdes se fijan en los de él.- Tranquilo.- Acaba desviando la vista, sonrojándose.
- Eh… Vale. Oh. Vale.- Aparta la mano pensando que es eso lo que la incomoda y la mira la tienda. Al fondo está el piano de cola negro que suele tocar.
Natt coge aire y lo suelta lentamente, aguardando a que se le pasara el mareo tonto que le había entrado. Cuando se encuentra mejor, se separa del mostrador y va al lugar donde se encuentra el piano de cola.
El chico la sigue sin decir nada, no sabe cómo se encuentra ni nada y está algo perdido en qué debe hacer. Ella se para enfrente y aparta el cajón que cubre las teclas del piano. Toca una de ellas y le mira.
- Bueno, no te quedes ahí parado.- Le dice, esbozando una breve sonrisa.
- Sí, cierto.- Reacciona y toma asiento en el sillín del piano, dejando sitio para que se siente ella.- ¿Alguna vez lo has tocado o algo así?- Pregunta mientras coloca sus manos sobre las teclas.
- Si lo he hecho, apenas me acuerdo.- Natt toma asiento a su lado y fija sus ojos verdes en las teclas blancas y negras del piano.
- ¿Lo básico lo sabes?- Pregunta mirando su perfil.- Es decir, que esto.- Pone un dedo en un do y otro en el siguiente.- Es una octava, que las teclas blancas son la escala natural y las negras la alterada…- La mira para ver si le sigue.
- Sí, eso lo entiendo.- Observa sus largos dedos tocar las teclas con delicadeza, como si lo que tocara fuese algo querido. Se estremece y asiente.- Sí.- Repite, aunque ya no sabe a qué dice que sí.
- Vale. Si tocas varias a la vez haces un acorde.- Lo ejemplifica y el piano emite un sonido grave, el dichoso acorde menor. Cambia de acorde, no sabe muy bien por qué.- La nota que sostiene el acorde es la tónica, en este caso es do. Es un acorde de do.- Explica.- Hazlo tú.
Natt muerde su labio inferior y aparta las manos de sus muslos para intentar calcar el movimiento que ha hecho el chico con sus dedos. Aunque los dedos de Natt, pequeños, aunque finos y con el pintauñas a medio quitar, no sirven para tocar el piano con la misma suavidad que él. La nota sale de entre sus dedos y alza la vista para mirarle.
- Muy bien.- La mira y cambia el acorde.- Ahora este con la otra mano.
La joven bruja alza su zurda e intenta realizar el movimiento que él le indica, se confunde y baja la mirada.
- Mira.- Coge la mano de ella y la sitúa sobre las teclas, dedo por dedo.- Si haces como si tuvieras una snitch en la mano, te saldrá mejor que si la estiras. Relaja esto.- La toca por encima del codo.
Ella humedece sus labios e inspira profundamente para relajarse, vuelve a tocar de nuevo las notas que él le había dicho. Cuando termina, se queda quieta, esperando su reacción.
- Genial.- La felicita y la suelta.- Ahora intenta hacerlo a esta velocidad. Uno y otro, todo el rato.- Hace él lo que le pide antes de parar y mirarla.
- No sé si voy a ser capaz de hacer eso sin hacerme un lío en los dedos.- Bromea, colocando los dedos donde Jason los tenía en un principio.
- Bueno, primero prueba despacio.- Admite y sonríe sin darse cuenta. Suele pasar cuando habla de música.
- De acuerdo, experto.- Sonríe ella también, intentando imitar sus movimientos, mas se confunde un par de veces y decide empezar de nuevo.
- Así, muy bien.- La felicita y espera a que lo haya repetido un par de veces sin errores para añadir una mano, al lado de las suyas y tocar notas distintas que, con el bajo que hacen las de ella, empiezan a sonar a canción.
La sonrisa de Natt se amplía al escuchar la melodía que hacen juntos, sigue repitiendo los movimientos que le ha enseñado, sintiendo como las notas musicales se escapan de entre sus dedos.
Cuando ya sale, Jason añade su otra mano que hace una tercera por arriba de la melodía principal y la mira mientras tocan.
Los ojos de la chica están fijos en las teclas, por lo que no se da cuenta de que le muchacho la observa. La sonrisa no se borra de sus labios hasta que se equivoca, tocando una nota que no era, estropeando así la melodía.
- ¡Mierda…!
- No pasa nada, sigue.- La anima deteniéndose un instante hasta que ella continúe con sus acordes.
La Gryffindor asiente y vuelve a seguir, lentamente en un principio, sin separar la vista de las teclas que tocaba.
- Exacto, perfecto.- La felicita y recupera la melodía que estaba tocando. Y la cambia, a placer, con todas las notas que le vienen a la cabeza.
Ahora es el turno de despegar la mirada de sus manos para fijar sus ojos verdes en los dedos de él, los cuales se mueven libremente por el piano, arrancando hermosas notas del mismo. Sonríe de nuevo, una sonrisa dulce, incluso tierna.
Él se enzarza en su mundo de notas y acordes que ahora tienen sentido porque ella sostiene el contrapunto. La chica alza la vista de sus dedos para posarla en su rostro, observando su perfil. Baja la misma después para volver a posarla en sus propias manos, permaneciendo en silencio para no romper ese mágico momento.
Y cuando la melodía termina, con un final retardado, levanta las manos del piano y la mira.
- ¿Te ha gustado?
- Ha sido precioso.- Natt aparta las manos del teclado y las posa sobre sus muslos, alzando la vista para poder mirarle.
- ¿Pasa algo?- La mira y frunce el ceño, sin querer, porque no entiende por qué de repente está tan callada.
- No, ¿por qué dices eso?- Ella alza una ceja, sin apartar la mirada de su rostro. Alza una mano y posa un dedo en su entrecejo.- Estás frunciendo el ceño.
El chico se pone bizco al mirar su dedo y luego la mira con un amago de sonrisa.
- ¿Y qué le pasa a mi ceño?
- Que está fruncido.- Le dice, riendo cuando le ve ponerse bizco. Aparta el dedo y se señala a sí misma.- Así.- Dice frunciendo ella el ceño.
- No.- Niega con la cabeza.- Yo lo hago mejor.- Y ríe, bromeando, ya sin el ceño fruncido.
- Vas a tener que enseñarme también.- Ríe ella, de nuevo, sin poder evitarlo.
- Bueno, mejor no.- A ella no le quedaría bien el ceño fruncido, está bien así.- Hmm… ¿Volvemos?
- Uhm… Vale.- Acaba diciendo, antes de ponerse en pie. Espera a que él deje el piano tal y como estaba antes de que ambos llegaran y vuelve a tomar su brazo, cerrando sus ojos esta vez.
Jason lo deja todo como estaba y apaga la luz. Cuando ella se coge, cambia de idea. Inicia la aparición hacia el Callejón.
Y de nuevo, esa sensación de mareo, le vendría bien acostumbrarse a aparecerse. Abre los ojos y parpadea, aturdida.
- He pensado que a lo mejor podríamos comprar un helado, en casa no quedan.- Se encoge de hombros, espera no haberla cagado.
- Sí, claro, vamos.- Le mira con una sonrisa en el rostro y espera a que sea él quien se mueva primero.- Odio aparecerme.
- Si quieres, podemos movernos por red flu, la…- Iba a decir “próxima vez” pero, ¿de qué? Así que mejor entra con ella y mira alrededor.- ¿De qué lo quieres?
- Dulce de caramelo.- Dice, sin mirar las vitrinas.- Es mi favorito.- Añade como si nada.- Y lo de la red flu me parece bien.
- Vale…- Se acerca a pedir una tarrina para llevar, sorprendido cuando oye lo último, pero sin admitirlo del todo.
Natt se queda apoyada en la puerta de la entrada, recuperándose de la aparición aún. Observa cómo se pone en la cola y pide cuando llega su turno.
Jason lo recoge con la bolsa y paga, volviendo junto a ella.
- Ya está…- Le ofrece el brazo.- ¿A casa?
- Por favor.- Toma su brazo, aferrándolo con sus dos manos.- ¿Vamos a aparecernos?- Cuestiona, preparándose mentalmente.
- Sí… Dudo que aquí tengan chimenea.- Mira la heladería que es de las pocas tiendas abiertas.- Es un momento… Verás.- Se aparece con ella en casa y la sostiene de la otra mano.- ¿Estás bien?
Y la tercera aparición hace que casi se caiga, pero la mano del chico la mantiene de pie.
- Recuérdame que odio la aparición cuando te pida que me lleves a algún lado.- Dice la chica, llevándose una mano a la cabeza.
- Lo haré, espera, ven, siéntate.- La ayuda a sentarse en el sofá y le pone el helado encima.- Toma. Voy a por cucharas.- Dice antes de irse a la cocina.
Natt deja que la guíe al sofá y se sienta, echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Mientras posa las manos en la tarrina de helado que le pone sobre sus muslos desnudos.
- ¿Haces los honores?- Dice tras sentarse a su lado y tenderle una de las cucharas.
Una débil sonrisa aparece en sus labios y abre la tarrina, la deja sobre la mesilla y mete su cuchara. Luego se lleva la misma a sus labios y saborea el helado, casi se puede escuchar el ronroneo que sale de los mismos.
- Qué rico.- Comenta el chico, quién hacía bastante tiempo que no comía helado.
- Muchísimo.- Sube los pies al sofá y le mira, colocando la tarrina entre ambos.- ¿Qué helado te gusta más?
- El de chocolate y nata.- Dice, tradicional como él solo.
- Un poco soso, ¿no crees?- Ella le mira y sonríe.- Aunque también está bueno.- Continúa parloteando sin parar, mientras come parte del helado, disfrutando de su compañía.
- No es soso.- Frunce el ceño de nuevo.- Pero como es el clásico, todo el mundo lo aborrece.
- Y a ti te gusta porque eres un clásico.- Ríe, volviendo a llenar su cuchara de helado.
- Exacto. Puedes llamarme Jason Johann Sebastian Mozart.- Ríe de nuevo, ante la mezcla de nombres que ha hecho ahí.
Una carcajada se escapa de los labios de Natt mientras le mira.
- Te llamaré Jake para acortar.- Sentencia ella.
- Sí, Jake para los amigos.- Hace una mueca, siguiendo con la broma.
- Jake está bien.- Le mira, recostándose en el sofá.- Aunque Jason tampoco suena mal.- Se encoge de hombros.
- Hmmm… ¿Gracias?- Nunca se ha parado a pensar si su nombre le gusta o no. Es su nombre. No hay vuelta de hoja.- Natasha me gusta.- Se da cuenta al momento y carraspea.- O sea, tu nombre.- Mierda.- No es que tú no… Bueno, da igual. Voy a por agua.- Se levanta, qué metepatas.
La chica se sonroja cuando le escucha decir aquello. Tose, sin saber qué hacer o qué decir. Opta por ponerse de pie con la tarrina del helado, coloca la tapadera cómo tres veces hasta que acierta, ríe nerviosa.
- Yo… Yo… Yo voy a mi cuarto… Eso nos vemos en la cena… Ah… Eh…- Sonrosada, va a su cuarto, tal y como ha dicho.
- Sí, vale, clar…- Se tira medio vaso encima por intentar beber y hablar a la vez. “Gilipollas”, piensa, “ella ya se ha ido”.
La cena-desayuno.
Natt estaba en su habitación, organizándola, mientras cantaba la canción que sonaba por los pequeños altavoces que tenía encima de su escritorio.
- When the days are cold and the cards all fold.
La voz de la chica se mezcla con la del cantante de Imagine Dragons, dejando una mezcla extraña pues la voz de Natt era un poco aguda.
- And the saints we see and all made of gold.
Sigue cantando sin darse cuenta de que, apoyado en el quicio de la puerta, se encontraba Jason, con las manos en los bolsillos. El chico la observaba, esperando a que se diera cuenta de que estaba ahí para hablar.
En uno de sus giros, alza la vista y ve al muchacho junto a su puerta, hace que casi tropiece y le mira.
- ¿He hecho algo?- Es lo primero que sale de sus labios.
- Estás aquí…- Comenta, señalándole a él y a su habitación.- Y no sueles hacerme visitas.
Jason mira sus pies que están en la línea de la puerta y luego a ella con una especie de sonrisa.
- No estoy “dentro”.- Sigue apoyado en el quicio.- He vuelto antes, ¿me das esa clase de cocina que me prometiste?
- Bueno, casi.- Pero la joven bruja esboza una sonrisa al escuchar el resto de sus palabras.- ¿Estás preparado para descubrir los secretos de la cocina?- Intenta poner voz grave, misteriosa, antes de reír.
- No, mucho…- Dice después de fingir que vacilaba.- Pero sí, intentémoslo.- Se aparta para dejarla pasar.- ¿Qué me vas a enseñar?
Natt se lleva el dedo a la barbilla cuando pasa por su lado, haciendo memoria.
- Me apetece cenar algo dulce… Así que vamos a hacer tortitas. Creo que me dijiste que sabían hacer tortillas. Se parecen… Algo.- “Sólo en que llevan huevos”, piensa para sí.
- Pero, ¿no son de desayuno? ¿Vamos a cenar un desayuno?- Cuestiona mientras la sigue hacia la cocina y se pasa la mano por el pelo.
- ¿Quién es la profesora? Yo, pues se hace lo que diga la profe.- Comenta, entrando en la cocina y acercándose al frigorífico.- Necesitaremos…- Abre el mismo mientras empieza a recitar ingredientes.- Dos huevos, leche y mantequilla.- Lo saca y lo pone en la encimera.- La harina la compré yo, igual que la sal. ¿Hay levadura?- Pregunta, aunque se imagina la respuesta.
- Pues… No, creo. A no ser que sea esto…- Saca de uno de los estantes un sobre de algo que no es azúcar, que le vino en un pack regalo que dejó la vecina, que es pastelera o algo así.
Natt abre la puerta de uno de los muebles para coger la harina y la sal, ladeando entonces la cabeza para poder mirar aquello que le mostraba el chico.
- Sí, es la levadura.- Asiente.- Déjala junto a los demás ingredientes y saca un bol. ¿Tienes batidora? Aunque bueno, creo que con una cuchara y un poco de ayuda de tus brazos, bastará para mezclarlo todo.
- ¿De mis brazos?- Todos esos datos están dando vueltas en su cabeza, la sigue, desconcertado, de un lado a otro sin entender nada.
- Sí, de tus brazos.- Cierra el mueble y pasa a su lado, se posiciona frente a él.- Mira, tienes dos. Uno.- Toca uno de sus brazos.- Y dos.- Toca el otro.- Y pueden servir para más cosas que para levantar pesas.- Añade antes de separarse para coger el bol.
- Yo no hago pesas.- Frunce el ceño, ofendido por la sugerencia.- ¿Te parece que sí?- E insinúa con una sonrisa ladeada.
- ¿Ah, no?- Le mira, entre sorprendida y divertida, esbozando una sonrisa mientras deja el bol y un vaso de cristal en la encimera. Después se acerca al cajón y coge una cuchara.
- Pues claro que no, no soy de esa clase.- Rechaza y se apoya en la encimera, cruzando los brazos para mirarla.
- ¿Y de qué clase eres tú?- Cuestiona mientras se acerca dos huevos.- Mira, primero, hay que romperlos.- Con la ayuda de filo del bol, rompe la cáscara del huevo y vierte su contenido dentro del mismo.- ¿Ves?
- Ajam…- La mira hacer sorprendido de que no caiga nada de la cáscara en el bol.
- Venga, prueba tú.- Le dice, cediéndole su sitio frente al bol. Le pone el huevo en una de sus manos.- Hazlo tal y como yo lo he hecho, con cuidado.
- No, no, la voy a…- Tarde, ya tiene el huevo en la mano. Lo intenta, seriamente, con un golpe ligero pero la mitad de la cáscara cae entera dentro del bol. La mira, sin saber qué hacer.
- Tranquilo, no pasa nada. Eso se quita…- Iba a meter los dedos, pero se da cuenta de la guarrada que iba a hacer, por lo que opta por sacar la cáscara del huevo con la ayuda de la cuchara.- Ya está.
- Vale.- Se la coge de las manos y la tira a la bolsa de basura.- ¿Y ahora…?
- Ahora.- Le señala el vaso y el paquete de harina.- Tienes que llenarlo dos veces.- Le explica y espera a que lo llene por primera vez.- Mientras yo voy a echar los doscientos gramos de mantequilla.- Le dice, usando de nuevo la cuchara.
Jason lo llena la primera vez y la mira de reojo antes de volcarlo en el bol. Después lo repite, algo más seguro.
Natt se lleva a los labios uno de sus dedos para chupar la mantequilla que se había quedado impregnada en el mismo. El chico sigue mirándola, esperando al siguiente paso.
- Bien. Ahora toca echar dos vasos de leche.- Le dice, mirándole.- Puedes usar el mismo vaso de antes. Yo voy a echar la levadura.- Coge el sobre y lo abre, para verter su contenido en el bol.
- De acuerdo…- Al menos puede echar la leche sin estropear nada como con el huevo.
Cuando todos los ingredientes están en el bol, la joven le mira, sonriendo divertida.
- Ahora es cuando necesitamos la ayuda de tus brazos. Con una batidora acabaríamos antes… Pero como no hay…- Se encoge de hombros.- Ponte donde yo estoy y coge la cuchara. Ahora tienes que mezclar muy bien, hasta que quede una masa homogénea.
Obedece a las instrucciones que le da ella al principio, de manera algo torpe.
- ¿Así?- Acaba abrazando el bol y removiendo con fuerza.
- ¡Cuidado! Te vas a acabar manchando…- Y, efectivamente, lo hace pues estaba abrazando el bol.- Mira.- Le da un suave golpe en el costado con su cadera para que la deje ponerse en su lugar.- Tienes que coger el bol así.- Coloca su mano en el mismo.- Y después, comenzamos a mezclar.- Mueve la cuchara, con rapidez.- ¿Lo ves?
- Oye.- Se mira la camiseta manchada y luego a ella hacerlo con la misma gracia con la que recoge o hace otras cosas.- Seré siempre un negado para la cocina.- Anuncia.
-No digas eso.- Le mira, dejando de batir.- Todo está en la práctica. Yo confío en ti, seguro que puedes conseguirlo.- Le dedica una sonrisa y se aparta.- Inténtalo otra vez.
Jason se pone a ello, intentando imitar sus movimientos gráciles pero no con muy buen resultado.
- ¿Así?- La mira.
- Sí, así.- Pone voz dulce, melosa, que no demostrara al chico lo que pensaba hacer. Llena sus manos de harina y se coloca tras él.- Te has manchado.- Dice cómo si nada, esperando a que se gire.
- ¿Dónde?- Se gira para mirarla, buscando la mancha en su camiseta.
- Aquí.- Y planta una de las palmas de su mano en el pecho, dejando la huella de la misma gracias a la harina.- Y aquí.- Coloca la otra mano en su mejilla y la retira con rapidez, igual que la otra.
- ¡Pero…! ¡Eh!- Le reclama mirándose la camiseta, parado. Tarda en entender que es una broma, así que trata de limpiarse un poco.- Tramposa.
Natt ya se está riendo a carcajadas limpias, sin poder evitarlo, al ver el rostro de su compañero de piso.
- Ay…- Intenta volver a la normalidad y se posiciona ante el bol.- Creo que esto ya está. Ahora solo tenemos que poner la sartén al fuego con un poco de aceite para poder hacerlas.
- Debo de parecer albino…- Comenta y le acerca el aceite, después de intentar limpiarse la harina de la barba.
- Uy, qué mentira.- Dice ella mientras vierte un poco en el perol que ya está al fuego.- ¿No eras tú el que decía que siempre estaba guapo?
- Pero soy un albino guapo, lo uno no quita lo otro.- Presume como un niño cuando sigue acariciando su barba para limpiarla.
- Anda, ven.- Al final, se acaba girando mientras el aceite se va calentando y lleva sus dedos limpias, pues se había lavado las manos antes de coger la sartén, a la barba del chico y empieza a intentar quitar la harina.
- Cuidado.- Se queja de vicio cuando ella hace algún gesto inesperado.- Se va a quemar eso…
- Eres un quejica, ¿lo sabías?- Le dice ella, poniendo los ojos en blanco mientras aparta la mano.- Ahora sólo tenemos que ir echando la masa con la ayuda del cazo y darle forma redonda.- Explica mientras ella misma lo hace.
- ¿Le puedes dar otra forma si quieres o tiene que ser redonda?- La observa, tras ella y por encima de su hombro.
- Claro que puedes darle más formas, pero no sé. Nunca lo he probado. Siempre las hago redondas.- Se encoge de hombros y se ayuda con la espátula para voltearla.
- ¿Por alguna razón o por qué son así?- Sigue, curioso.
- ¿Has comido tortitas alguna vez? –Cuestiona, sorprendida, mientras saca la que había hecho y repite el proceso de nuevo.
- Creo que no.- No miente. No era un desayuno frecuente en su casa y suele desayunar pan o fruta.
- Bueno, pues eso ha cambiado. Saca la nocilla del frigorífico.- Le pide mientras ella sigue haciendo las tortitas.
- ¿La nocilla?- Pero obedece y abre la puerta de la nevera para sacar el bote redondo que ella pide.
- Sí, para echársela a las tortitas.- Coloca las dos últimas en dos platos: cuatro tortitas para cada uno y coge el bote que le tiende, echando una cantidad considerable en cada plato.- Aquí tienes.
- Qué buena pinta.- Reconoce y pone dos vasos en la mesa y servilletas antes de abrir la nevera de nuevo.- ¿Qué quieres de beber?- La mira.
- Un zumo de naranja si hay, sino, un vaso de leche.- Dice mientras ella toma asiento frente a sus tortitas, notando como se le hacía la boca agua.
Jason tiene un botellín de zumo de naranja individula. Lo mira y chasquea la lengua, podía haberlo comprado para dos. Al final, saca para sí mismo un poco de cerveza de jengibre y le da a ella el zumo. Se sienta frente a ella para dar cuenta de las tortitas y cuando las prueba, sonríe brevemente. Duda haber comido nada tan dulce desde…
- Están muy buenas.
La sonrisa acude a los labios de Natt antes de que la muchacha pruebe las tortitas que han hecho entre ambos. Mastica y le sostiene la mirada.
- Para la próxima vez, seguro que puedes hacerlas tú solo.- Bebe del zumo que le ha dado.
- Lo dudo, es complicado.- Alega, limpiando el chocolate de sus comisuras.- Pero está muy rico.
- Cuando coges práctica, no resulta tan complicado.- Dice Natt antes de volver a meterse un trozo de dulce en la boca.
- Pues tendremos que hacerlas más veces…- Sonríe, levemente, y sigue comiendo de su plato.
- Todas las veces que quieras, pero no te manches la próxima vez.- Le saca la lengua y ríe, tranquilamente, antes de seguir comiendo.
- La próxima vez ya veremos quién mancha a quién…- No creía ser tan rápido como ella, pero tenía que mantener su honra.
- ¿Y…- Moja el dedo en el bote de la nocilla, pretende llevárselo a los labios, pero cambia de opinión y mancha la nariz del joven de chocolate.- … para qué esperar.- Ríe.
- ¡Oye!- Estira la cuchara manchada hacia ella, sin detenerse a limpiarse lo que ella ha manchado.
La cuchara le roza la mejilla, manchándola de chocolate. Natt ríe sin parar con el dedo aún cubierto de nocilla.
- Estás frunciendo el ceño.- Le riñe.
Jason se queda quieto un momento, percatándose de que sí.
- ¿Es malo?- Lo frunce aún más, sin querer.
- Bueno… Depende de cómo lo mires.- Se queda quieta y le mira.- Te vuelves serio y… No sé si es que te has enfadado o es tu cara de normal.
- No me he enfadado.- Frunce el ceño de nuevo y trata de no hacerlo.- Me sale solo, creo.- Ofrece una estampa cómica jugando con las expresiones de su cara y toda la nariz manchada.
- ¿Y no has probado a sonreír en lugar de fruncir tanto el ceño?- Natt sonríe, sin poder evitarlo, al verle hacer esas muecas.
- ¿Para qué?- Pregunta, honestamente. Nunca ha sido una persona de sonrisas sin motivo y no los tiene.
- Tu sonrisa es bonita.- Se encoge de hombros antes de ponerse en pie para llevar su plato vacío al fregadero.
El chico aprovecha para limpiarse la nariz cuando ella se gira.
- Pues mejor guardarla para ocasiones especiales, ¿no?- Se encoge de hombros y la ayuda a recoger. Con un gesto de varita, los cacharros empiezan a fregarse solos.
- ¿Ocasiones especiales? ¡Qué tontería! –Exclama la pequeña bruja mientras limpia su mejilla con la servilleta.- Siempre hay un motivo por el que sonreír.
- Si tú lo dices…- Limpia la mesa y tira las servilletas que han usado.
Natt le mira de reojo. “¿Qué es lo que hace que Jason no sonría?”, se pregunta a sí misma mientras sale de la cocina. El susodicho la sigue después ajeno totalmente a sus pensamientos, se toca la tripa con una mano.
- Estoy lleno…
- Pues a la cama, señorito.- Dice ella, atravesando el salón para ir al pasillo en el que estaban ambas habitaciones.
- Sí, señora.- Dice con tono militar.- ¿Mañana trabajas?- Se apoya en el quicio de su puerta y pregunta por curiosidad.
- No, los sábados no abre el emporio.- Se apoya al otro lado, en el quicio de la puerta y le mira.- ¿Por qué?
- Por curiosidad.- Hace una breve sonrisa como ella ha pedido y se da la vuelta para entrar a su habitación.- Buenas noches.
- Buenas noches, Jason, descansa.- Le dice Natt, componiendo una sonrisa antes de entrar en su habitación y deshacer la cama para tumbarse después en ella cuando se pone el pijama, dispuesta a dormir. Quizás esta noche sueñe con clases de cocina.
Jason oye cómo se despide ella y cierra la puerta. Él se asea y se acuesta y al encontrar en su barba algo de harina, sonríe.
Cena de agradecimiento.
Después de la movidita de anoche, el día de Jason ha resultado infructuoso y agotador. Por la mañana tuvo que ir a comprar algo para el hedor a quemado del piso. Gira la llave en la cerradura del mismo y cruza hacia adentro.
Natt estaba esperando la llegada del chico. Había colocado un mantel en la mesa del comedor, junto a los cubiertos y los vasos de cristal para beber en los mismos. Los platos estaban en la cocina, pues tenía que servir la cena en los mismos. Incluso ella parecía haberse adecentado, no lucía sus típicas camisas anchas y largas.
Al girarse tras cerrar la puerta, ve todo aquello. Su primera reacción es inconsciente: abrir la boca y mirar la mesa y a ella, a la que ve donde la puerta de la cocina. Alucina y resopla cuando reaccionar. “Será posible…”
- Oye, si tenías visita, podías haber avisado y me buscaba la cena por mi cuenta.- Salir ahora a cenar, vete tú a saber dónde, le pone malo.
- No, no tenía visita.- Le informa la chica mientras posa sus ojos verdes en él.- Te he preparado la cena… Bueno, he preparado la cena para los dos.- Añade, mientras desvía la mirada hacia la mesa y luego a él.
- ¡Ya pues…!- Iba a replicar a su respuesta, pero cuando las palabras calan en su entendimiento se queda callado, mirándola. Pasan unos instantes.- ¿Para nosotros… Dos?- Pregunta como un idiota.
- Ehm…- La observa recoger, incapaz de reaccionar. Cuando lo hace habla así.- No, no. Bueno…- No sabe qué decir. Hace más de tres años que nadie le prepara una comida. O una cena, en este caso.- Si quieres podemos cenar. Está… Bien.
- ¿De verdad?- La sonrisa ilumina su rostro y le mira sin soltar los vasos y parte de los cubiertos que había tomado.
Como ella sonríe, él da por hecho que lo ha dicho bien, así que mira el violín y la bolsa que lleva en las manos.
- Ehm… Voy a dejar esto, ahora vengo…- La mira otra vez, como asegurándose, antes de dirigirse a su habitación.
Natt vuelve a colocar los vasos y los cubiertos en el lugar en el que antes estaban situados. Tarareando, va a la cocina y destapa la olla donde había cocinado los tortellinis rellenos de carne con beicon y salsa carbonara. Sirve un plato y después el otro.
Cuando vuelve al salón, se queda un momento sin saber dónde sentarse o cómo y decide quedarse de pie.
- Oye, ¿te ayudo?- Dice en voz alta, hacia la cocina.
- No, no hace falta. Siéntate. La comida ya está.- Anuncia ella mientras sale de la cocina con uno de los platos, que coloca junto a uno de los cubiertos.- ¿Qué quieres beber?- Cuestiona mientras camina de vuelta a la cocina.
- Lo que quieras.- No tiene muy claro cómo funciona el mecanismo. ¿Se supone que puede pedir o se está saltando alguna norma de convención social? Acaba sentándose en uno de los lugares preparados.- Lo que bebas tú.- Corrige.
- ¡Vale!- Contesta ella desde la cocina. Vuelve al salón con el otro plato, que coloca en el sitio libre y vuelve para sacar de la nevera dos botellines de cerveza de mantequilla. Coloca una a su lado y la otra se la pasa al chico antes de tomar asiento.
Jason trata de sonreír un poco, nervioso por la situación que desconoce.
- Hm… Gracias.- La mira, esperando a ver qué hace.
- No se dan.- Comenta ella, ya acomodada en su silla.- Quería agradecerte lo de ayer con esta cena… Espero que te gusten los tortellinis rellenos de carne con beicon y salsa carbonara, porque si no te gustan, tenemos un problema.- Esboza una pequeña sonrisa antes de coger su tenedor para pinchar la comida de su plato.
“¿Existe alguien a quien no le gusten?”, piensa, pero mira su plato y luego a ella, parado. Sorprendido por lo que ha dicho.
- ¿Qué?
- ¿No te gustan?- Cuestiona Natt, mirándole directamente a los ojos.- Si quieres puedo hacerte otra cosa, ¿qué te apetece?- Se pone de pie, dispuesta a retirar su plato.
- No, no. No es eso.- “Pareces retrasado”, se reprende a sí mismo.- Digo. Lo de las gracias… Que has dicho.
- Ah… Eh…- Vuelve a tomar asiento y le mira.- Por… Por lo de ayer, por lo que pasó. Es mi manera de darte las gracias. Cocinar es una de las pocas cosas que hago bien.- Se encoge de hombros.
Jason ahora siente que ha hecho mal aceptando. Mira el plato y luego a ella.
- Es que ayer no hice nada por lo que me tengas que dar las gracias.
- Sh.- Chista y vuelve a coger su tenedor.- Come y calla.- Le dice mientras ella misma se lleva el tenedor a la boca, dando por terminado ese tema de conversación.
El muchacho se siente un poco indignado porque le mande callar así, pero decide no manifestarlo y empezar a comer.
- Está muy bueno.
- Me alegro de que te guste.- Comenta ella con la boca ya vacía.- En la cocina hay más, por si te quedas con hambre.
- Se te da bien hacer esto.- No es una pregunta y bebe un poco de su vaso, mirándola.
- Es lo que tiene cuando tienes que hacerte tu propia comida desde los once años.- Dice, como si nada, mientras vuelve a comer.
Jason decide no preguntar porque suena a tema complicado y no quiere verla como el día que habló de su hermana. Hoy no.
- Si montaras un restaurante, te harías de oro.- Otra vez se reprende. “¿Qué clase de elogio es ese?” No se le da bien lo social.
Natt, en cambio, ríe ante sus palabras.
- Primero tendría que encontrar un local, comprarlo, condicionarlo y prepararlo para que fuera un restaurante. Y creo que eso costaría bastante y tardaría en hacerme de oro.- Esboza una sonrisa al final, antes de beber de su vaso.
- Seguramente.- Admite, agradeciendo que ella se lo haya tomado tan natural.- Pues siempre te quedará el cuartel.- Dice en un intento de broma sobre el cuartel de aurores.
- Claro, pillaré a los malvados con mis artes culinarias.- Vuelve a reír, con el tenedor a medio camino de su boca. Cuando para, se come el tortellini que tenía pinchado.
Al chico se le asoma un amago de risa y baja la mirada al plato.
- Pues no sé, pero seguro que si le das con la sartén consigues que se estén más callados que con la varita…
- Callados estarán, porque un golpe así, seguro que deja a más de uno inconsciente.- La muchacha vuelve a beber sin borrar la sonrisa de su rostro.
- ¿Y haces pasta porque te gusta o porque prepararla te gusta o…?- Pregunta, interesado en saber el por qué del plato.
- Me encanta la pasta y creo que son los platos más fáciles de preparar. Quitando el huevo frito.- Añade, volviendo a comer.
- Ya bueno, pero depende de cómo lo hagas.- Observa el tortellini que tiene en su tenedor. Él suele comer la pasta a la italiana: con aceite y un poco de orégano. No sabría hacer esa salsa que ella le ha hecho.
- Bueno, algunas salsas con más complicadas de hacer: la boloñesa, la carbonara, la barbacoa…- Enumera usando los dedos.- Pero la pasta con aceite y tomate natural, también está muy buena.
- Ya, pero cuando llevas años comiéndola igual…- Bebe de la cerveza, dándole vueltas al tema.
- ¿No sabes cocinar?- Cuestiona sorprendida.- ¿Y cómo has sobrevivido todo este tiempo? ¿A base de pizzas?- Ahora habla como una madre preocupada.
Jason niega con la cabeza.
- Sé hervir la pasta y le echo aceite o tomate. También es que en la Academia hacen precio reducido para estudiantes y puedo comer allí todos los días durante el curso.- Admire y hace un gesto con el hombro.
- Ah, vale.- Vuelve a quedarse en silencio y como con tranquilidad.- Y… Bueno… ¿Qué sabes hacer entonces?- La curiosidad le puede y por eso le acaba preguntando.
- ¿De cocinar? Pasta, huevos fritos, tortillas de un huevo, nachos con queso, ensalada y macedonia.- Enumera como si fuera una gran lista.
La chica le mira, parpadea cuando termina.
- Cocino yo.- Dice únicamente mientras se termina su plato y su bebida.- ¿Tienes hueco para el postre?
- ¿Hay postre?- Pregunta sorprendido y recoge su plato y vaso una vez se bebe lo que quedaba.
- ¡Claro! Toda buena cena tiene que tener su rico postre.- Le dice, poniéndose en pie para llevar su plato vacío junto a los cubiertos usados y el vaso a la cocina, lo deja en el fregadero. Luego limpiará.
- Puedo ayudarte yo.- Se ofrece cuando la ve levantándose hacia la cocina.
- Vale.- Acaba aceptando mientras abre el grifo del fregadero.- Yo enjabono, tu aclaras.
Jason pone los ojos en blanco y sonríe de lado, casi imperceptiblemente.
- Claro, podemos hacer eso o…- De su pantalón saca la varita. Ella es menor pero él no. En un momento los platos, vasos y cubiertos impolutos se apilan en orden en su sitio.
Natt le observa en todo momento, hasta que saca su varita.
- Se me olvidaba que algunos tienen ayuda de la magia.- Niega divertida y se acerca al frigorífico.- ¿Te gusta el arroz con leche?
- Bastante.- Responde apoyado en el quicio de la puerta, por no decir que “mucho”.- ¿Es ese el postre?- Pregunta, esperanzado.
- Sí.- Responde, alegrándose de haber acertado de pleno con la cena y el postre. Saca los dos cuencos y le ofrece uno.- Toma.
- Vaya, gracias…- Lo coge casi con cierta devoción.- Hacía milenios que no comía de esto…- Vuelve al salón.
- No me extraña.- Comenta ella, cogiendo una cucharilla y otra para él, que con la emoción ni la había cogido, y se sienta en el sofá.- Ten, anda.- Le da la cuchara.
- Esto me encantaba de pequeño.- La coge y le agradece de nuevo.
- Es mi postre favorito.- Comenta ella antes de comenzar a degustarlo, guardando silencio.
Jason respeta aquel silencio hasta que termina el cuenco, rebanando hasta el final con la cuchara todos los granos de arroz.
- Tienes que enseñarme a hacer eso.- Propone, sorprendiéndose incluso a sí mismo.
Sus ojos se abren y lo posa en su cuenco vacío. Una sonrisa aparece en sus labios.
- Claro, cuando tú quieras.- Le responde, dejando el cuenco en la mesa baja mientras se quita las sandalias que llevaba puesta para subir los pies al sofá y acomodarse.
El chico asiente y coge su cuenco para llevarlo a la cocina y repetir el hechizo de limpieza. Cuando vuelve, guardando la varita, la mira.
- Cuando tengas tiempo… ¿No trabajas mañana?- Dice al observarla en el sofá.
- Sí…- Contesta abriendo los ojos de golpe, puesto que los había ido cerrando mientras él iba y volvía de la cocina.- Si… La cama…- Se pone descalza en el suelo y bosteza antes de agacharse para coger las sandalias.
Jason sonríe para sus adentros y señala hacia la habitación de ella.
- Por allí.- Por si no se acordaba y vigila que sus pasos sean seguros.
- Siiii…- Murmura, aunque la voz le sale pastosa.- Jason…- Se gira cuando ya ha llegado a la puerta de su habitación.- Buenas noches.- Le desea, con una suave sonrisa antes de entrar.
La mira desde su posición.
- Eh, Natasha, estás… Guapa hoy.- Hace tiempo que no dice nada parecido y es raro, pero no sabe si le ha oído y se ampara en eso.
Natt se para de nuevo junto a la puerta y le mira, la sonrisa se borra de sus labios y sus mejillas toman un tono rosáceo bastante intenso.
- Tú… Tú… También es-estás guapo.
Será la primera vez que ríe delante de ella y lo hace brevemente. Después se encoge de hombros y la mira.
- Siempre lo estoy.- Dice con tono interrogante, dudando un instante por si aquella respuesta es socialmente aceptable o no.
- Sí, lo estás.- Confirma ella, componiendo una breve sonrisa cuando le ve reír.- Pero sólo cuando sonríes y no frunces el ceño.- Añade con una leve risa.
El mago frunce el ceño levemente en protesta.
- ¿Tú no estabas dormida?- Se queja pero bromeando.
- Me has piropeado y me he despertado.- Le contesta medio en broma, medio en serio. Pues le había sorprendido cuando lo había hecho.
- ¿He hecho yo eso?- Comenta, divertido, porque no lo ha hecho por piropearla, sino por reconocer la verdad.
- Creo que sí.- Responde ella, apoyándose en el quicio de la puerta.- Pero a lo mejor me engañan mis oídos… Que descanses, Jake.- El diminutivo sale de sus labios sin darse cuenta y se gira para intentar entrar de nuevo.
- Hasta mañana.- Dice sin darse cuenta que eso no es un “buenas noches” cualquiera. Es una garantía de que se verán mañana.
Quemando la cocina.
Natt abre la puerta del piso y entra. Su interior, oscuro, le indica que su compañero aún no ha llegado a casa, por lo que deduce que estará estudiando o trabajando. Enciende la luz del pasillo y va a la cocina.
Las tripas le rugen del hambre que tiene, por lo que se decanta por una cena rápida de hacer. Vierte el aceite en el perol y saca el beicon y un par de huevos del frigorífico. Pone la sartén en el fuego y lo enciende.
Va al salón, donde enciende el equipo de música cuando cierto olor acude a su nariz, olisquea el cuello de su camiseta y hace una mueca.
- Hora de la ducha.- Dice de inmediato y va a su cuarto, a coger la ropa interior limpia y una de sus camisetas de estar por casa.
Tarareando la canción que suena, se mete en el baño y cierra la puerta, olvidándose del aceite que había dejado en el fuego de la cocina.
Al cabo de, por lo menos un cuarto de hora o incluso más, Natt sale de la ducha y se seca. A su nariz vuelve a llegar un olor rancio, por lo que no tarda en ponerse la parte de debajo de su ropa interior y la camiseta ancha. Abre la puerta y el olor golpea su rostro en forma de humo espeso.
La joven bruja tose e intenta abrirse paso hacia la cocina a tientas, cuando se da cuenta del desastre que ha causado.
- ¿NATASHA?- Vocifera.
Las posibles causas de aquello desfilan por su mente mientras avanza a tientas hacia la cocina que es donde parece ser más denso el humo.
Natt, por su parte, casi había llegado a la cocina cuando escucha su voz.
- ¡JASON!
No veía nada por culpa del humo y, al gritar, traga un poco del mismo, lo que la hace volver a toser otra vez.
“Mierda”. Esperaba que no estuviera y que hubiera sido un fallo o una explosión de gas, o algo así.
- SAL DE AHÍ.- Repite, porque su voz venía ya de donde está la cocina.
Natt vuelve a buscar la pared a tientas, alejándose de la cocina mientras tose. Se tapa la boca con la mano y da pequeños pasos hasta donde se supone que está en salón.
El chico alcanza a oírla acercarse y estira la mano. Coge un brazo y la acerca, empiezan a llorarle los ojos por el humor.
- POR AQUÍ.
Y la hace ponerse tras él, lo primero. Y una vez hecho, la suelta. Desde allí ya puede ir al salón. Él avanza unos pasos y entra en la cocina, varita en ristre. Los ojos le lloran y siente escozor en toda la cara.
La chica no habla, no puede pues cada vez que abre la boca es para toser. Una vez en el salón, permanece de pie, con los ojos llorosos fijos en lo que se supone que es el pasillo que lleva a la cocina. Se maldice a sí misma, ¿cómo había podido ser tan estúpida de no apagar el fuego?
Jason no recuerda el hechizo para detectar el problema, así que opta por ir eliminando uno por uno. Con la voz rasposa y los ojos llorosos, va pronunciando un hechizo tras otro. Al desaparecer el humo, puede ver la sartén calcinada y la campana totalmente ennegrecida. Es entonces cuando se percata de que ha debido ser una imprudencia de ella… Decide calmarse. Esperará a preguntarle. Con la varita es fácil devolver las cosas a su estado natural aunque el olor a quemado que ha impregnado su ropa, las paredes… Todo, no se va.
Natt se pasa el dorso de la mano por el rostro, para limpiar las lágrimas que se habían escapado de sus ojos. Camina hacia el ventanal que había en el salón y lo abre, haciendo que de esa forma el humo comenzara a salir poco a poco.
La noche ha avanzado y todo el hambre que creía tener después de toda la tarde trabajando, se ha desvanecido, no así su cansancio, que ha aumentado. Sale de la cocina cuando ya está n orden. Espera y desea que el casero no huela nada raro. La busca en el salón y se acerca a ella. Deja la varita sobre la mesa.
- ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?- No quiere imaginar qué habría pasado si no llega en ese momento.
- Yo… Yo… -Empieza a decir sin darse la vuelta, aun le cuesta hablar y tose, agarrándose al filo de aluminio del ventanal.- Lo siento… Ha sido… Mi culpa… Yo, me he descuidado… Y…- Habla de manera entrecortada, avergonzada, por haber actuado de esa manera. Baja la cabeza.- Lo siento.
El joven iba a hablar, pero vuelve a toser y se pone el puño cerrado ante la boca, como acto reflejo. Después, la mira, sin saber muy bien qué decir. Ya parece suficientemente avergonzada aunque… No sabe si es consciente. Saca un pañuelo de su bolsillo y se lo tiende.
- ¿Estás bien?- Repite, de nuevo.
Natt se gira, tirando del bajo de la camiseta ancha que se había puesto, para que no se viera su prenda interior. Toma el pañuelo que le tiende, musitando un inaudible “gracias”. Se seca un par de lágrimas que aún permanecían en sus ojos verdes.
- Creo que sí…- Contesta, antes de volver a toser. Sus pulmones tenían que expulsar todo el humo que había tragado.
Jason la observa un instante. Está más asustada que otra cosa.
- Siéntate.- Señala el sillón con un gesto de la cabeza y se gira para volver a la cocina. Usa un tono firme pero no desagradable.
Natt asiente y camina, con torpeza hacia el sillón, donde toma asiento. Sube los pies al mismo y se queda con las rodillas pegadas a su pecho mientras rodea las mismas con uno de sus brazos.
En la cocina, el chico limpia dos vasos y los llena de agua. Después saca la tableta de chocolate que él mismo ha comprado hoy en Honeydukes. Comprueba además que el contenido de la nevera no ha sufrido alteración alguna por el incidente. Cuando vuelve al salón, se sienta a su lado en el sofá, de lado hacia ella. Le tiende uno de los vasos.
- Bebe.
La Gryffindor se sienta de lado, sin bajar las piernas del cómodo sofá. Toma entre sus manos el vaso de agua y bebe, dando pequeños sorbos.
- Gracias…- Murmura cuando retira el vaso de sus labios, pero lo sigue manteniendo entre sus manos.
- Toma.- Parte un trozo de chocolate y se lo ofrece.- Cómetelo.- Parte otro trozo.
Natt se inclina para dejar el vaso sobre la mesilla que había frente al sofá y toma el trozo que le tiende.
- Gracias…- Vuelve a agradecerle.
Muerde una onza del trozo que partió para él mientras la vigila. La reconfortante sensación es casi palpable. La chica, sin embargo, acaba acurrucándose en su lado del sofá mientras se come su trozo de chocolate, sin ser consciente de que el mago la vigilaba.
Cuando la ve terminarlo, rellena su vaso con un gesto de la varita y parte otro trozo de chocolate.
- Bebe un poco más. Es bueno por el humo que has tragado.- Explica y le acerca el vaso.
La niña toma el vaso con una de sus manos, pues aún no se había terminado el chocolate. Bebe de nuevo, despacio. Tras dejar el vaso en la mesa, le mira. “¿Por qué te preocupas por mí?”, le habría gustado preguntarle, pero decide callar y seguir con el chocolate.
En su mente, Jason esgrime los argumentos que utilizará si el casero se entera de algo. En esas está cuando oye el sonido de la puerta y como si no fuera real, aguarda un instante antes de levantarse, tenso.
- Quédate aquí.- La mira de soslayo.
Natt abre los ojos cuando una palabra cruza su mente, bueno, una palabra no. Un señor alto, con una barriga incipiente, sin un pelo de tonto en la cabeza (era calvo, así que con más razón) pero con una espesa barba. El casero. Le mira preocupada.
- No, voy contigo.
Él ya ha cruzado el salón para ir a abrir y no espera que le siga.
- Quédate ahí.- Le sisea para no ser oído.
Cuando abre la puerta, hay cierto alivio en su mirada. No es el casero, es la vecina de al lado.
- Buenas noches, perdona por llamar tan tarde… Es que hemos olido como a quemado y me parece que es aquí.
Natt se pone de pie y camina hacia el recibidor, tirando de nuevo del bajo de su camiseta. Se coloca detrás de Jason y mira a la señora por debajo de su brazo extendido, el cual sujeta la puerta. Se podría haber puesto de puntillas pero sólo vería el hombro del chico, puesto que el mismo le sacaba cómo una cabeza y media o más.
Al notar la presencia de su compañera de piso tras él, separa el brazo del cuerpo para apartarla de la vista o intentarlo y lleva la otra mano a su nuca, en un gesto de fingida ingenuidad.
- Sí, lo siento, he sido yo. He quemado como seis tortillas…
La mujer ríe, comprendiendo al “torpe” muchacho.
- Ah, bueno, pero ¿has cenado al menos?
Jason le devuelve la sonrisa que pone para los clientes de la tienda.
- No, aún nada, pero creo que me rindo… Voy a pedir pizzas o algo.- Y ríen ambos, brevemente.- Prometo no volver a cocinar.- Asegura Jason.- Siento la molestia.
Natt se queda a un lado, retenida por el musculoso brazo, (si lo había visto, no estaba ciega), de su compañero de piso, mientras escucha en completo silencio la conversación entre el susodicho y su vecina.
- Podría traerte mañana un par de fiambreras, en casa siempre sobra comida.- La señora vuelve a reír.
“Sé cocinar, no necesitamos su comida”, le habría gustado decirle, pero sabía que si hablaba, Jason se enfadaría.
- Qué amable, muchas gracias pero no quiero molestar más, me las arreglaré como hasta ahora.- Sonríe, dando por concluida la conversación, aunque ella no hace ademán de marcharse.
- ¿Entonces todo bien?
La chica le da un pellizco en el brazo al mago, para que le diera con la puerta en las narices, aunque bien sabía que su compañero de piso no iba a hacer aquello. El muchacho nota el pellizco y contiene la exclamación.
- Ehm. Sí, todo bien.- Señala al interior del piso.- Tengo que seguir limpiando el estropicio, así que…- La mujer capta aquello y se despide.
- Oh, por supuesto, buenas noches, Jason.
Natt pone los ojos en blanco y espera a que Jason cierre la puerta para mirarle.
- ¿Y bien?- Se cruza de brazos.
El chico se acerca deprisa y le tapa la boca antes de que termine la frase hasta que se oye alejarse los zapatos de la mujer. La suelta después y la mira, con el ceño fruncido de indignación.
- ¿Por qué me has pellizcado?
- ¿Por qué me has apartado de la puerta?- Cuestiona, frunciendo el ceño.- ¿Te avergüenza que me vean o qué?- Era lo primero que había pasado por su cabeza cuando la había desviado de su camina de tal forma. No contesta a su pregunta.
Jason enarca ambas cejas y la mira. Si hay algo que no esperaba es eso.
- Vas en bragas.- Señala, como si fuera, porque lo es, la cosa más evidente del mundo. Y sí. Había visto que bajo la camiseta llevaba la ropa interior.
El rostro de la chica se torna escarlata y tira del bajo de su camiseta una vez más. “¿Cómo se había dado cuenta? Tampoco hay que ser muy listo…”, se responde a sí misma la pregunta.
- Exacto.- Toma el silencio por respuesta.- De nada.- Pasa por su lado, ahora sí, de mal humor por su reclamo y recoge los vasos y el chocolate.
Natt le mira pasar por su lado pero ni se atreve a hablar, demasiado avergonzada y colorada para ello. Le sigue al salón y se apoya en el quicio de la puerta mientras se dedicaba a quitar un hilo invisible del bajo de su camiseta.
- Deberías irte a la cama.- Anuncia, sin mirarla, de camino a la cocina con todo. Sabe que le oye.
- Tú deberías cenar algo… Sólo has comido un trozo de chocolate.- Le dice la sartén al cazo, de todas maneras, (y por primera vez desde que comparten piso), le hace caso.- No tardes en irte a dormir.- Le dice.
- Buenas noches.- Le dice, seco, desde la cocina al oír que se despide.
- Hasta mañana…- Le sabe mal dejarlo así, pero parece ser que no quería estar en compañía de nadie. Así que camina a su habitación y se tumba en la cama, mirando el techo, pues tampoco tenía sueño.
Jason friega a mano los vasos para tener algo que hacer y guarda el chocolate. El hedor a quemado sigue ahí. Se anota mentalmente que tiene que ir a la botica del callejón por la mañana para comprar la solución a aquello.
Mientras mira el techo, se le ocurre una idea. Por lo que había podido escuchar de la conversación que había mantenido con la vecina, Jason apenas sabía manejarse entre fogones. Natt sonríe y se acomoda en la cama dispuesta a dormir. Mañana tendría mucha faena por delante si quería sorprenderle con la cena. Esta vez tendría cuidado de no quemar nada.
Una vez está en orden la cocina, Jason vuelve a su habitación. Por el camino recoge el estuche del violín que dejó tirado al llegar. Al pasar frente a la habitación de ella, no parece que se oiga nada, así que se retira a la suya, a descansar, por fin.
Tregua.
Jason está sentado con todo dispuesto: el suelo lleno de cojines, el telescopio mágico en medio y el monitor de ampliación de la imagen que proyecta lo que el telescopio capta en la pared del piso de la que ha quitado los cuadros.
A su alrededor, una bandeja de comida y bebida. Sólo espera que cuando llegue Natt, le ignore y no le obligue a desmontar el chiringuito que tiene en el salón.
La chica se estaba dando una ducha, había llegado hace unos minutos del emporio y había considerado oportuno el darse una merecida ducha relajante. Desde fuera se la podía escuchar cantar, algo que hacía realmente bien, pero no solía cantar en otro sitio. Se seca con parsimonia y se coloca su pijama. Sale del baño con una toalla liada en la cabeza y con su cepillo de dientes en la mano.
El ex Hufflepuff contiene una exclamación al verla pasar así por el salón y desvía la mirada adrede, no sin antes fijarse en que tiene unas piernas bastante impactantes. Quizá es porque hace tiempo que no ve a ninguna chica con tan poca ropa. “Tápate”, iba a decirle pero no le conviene así que se limita a volver a su proyección.
Natt se para y apoya su mano libre en la cadera, clavando sus ojos verdes en la espalda del chico.
- ¿Me puedes explicar de qué va el garito que acabas de montar en el salón?- La pregunta, cómo la mayoría de las veces que habla con él, sale brusca.
- Ya sabía yo…- Murmura mientras se gira para darle una explicación.- Esta noche hay una lluvia de estrellas. Y soy un aficionado a la Astronomía, así que suelo quedarme cada año hasta que termina.- La mira y alza una ceja.- ¿Algún problema?
- ¿Te gusta la Astronomía?- Cuestiona sorprendida, a ella le fascinaba, se sabía la historia de varias de las constelaciones gracias a varios libros sobre mitología que se había leído. ¡Sí, ella! ¡Leyendo libros! Se comienza a quitar la toalla del pelo y se saca el peine que llevaba en la cinturilla de su pantalón corto del pijama.
El chico asiente, extrañado por su cambio de tono.
- Bastante, sí.- Era una de sus favoritas en el colegio, junto a Herbología y CCM.
- Igual que a mí.- Responde ella, encogiéndose de hombros antes de ponerse a peinar su melena oscura con el peine.
- Puedes sentarte, si quieres.- Se da la vuelta y se acomoda de nuevo en los cojines. Entonces podrá disfrutar de la lluvia.
- ¿Lo dices en serio?- Natt tira la toalla y el peine, junto al cepillo de dientes a uno de los sillones y corre hacia los cojines, donde toma asiento a su lado.
No le pasa desapercibida la rapidez con la que ella acepta, quizá le guste de verdad. Contempla la pared que se ve tan negra como el cielo y las estrellas que aparecen de repente, trazan una línea de luz y desaparecen.
- Esta lluvia se produce cada año a estas alturas.- “Por qué demonios le explico nada…”- La llaman lágrimas de San Lorenzo en la cultura cristiana o lluvia de Perseidas, en la tradición griega pagana, porque las estrellas que se ven caer pertenecen a la constelación de Perseo…- Alza el brazo para señalarla vagamente con una creciente sensación de ridículo.
Natt escucha cada una de sus palabras, alzando la vista para poder fijarla en el cielo nocturno.
- Estudié que la llamaban lágrimas de San Lorenzo porque el día 10 es el día del santo y en la Edad Media, la lluvia de estrellas tenía lugar el día que se le recordaba y simbolizaba las lágrimas que vertió mientras estaba siendo quemado…- Le da un escalofrío, pero no aparta la mirada del cielo.
Jason la mira de reojo. “Vaya caja de sorpresas”. No esperaba que supiera tanto, no conoce a nadie a quién le interesen estos temas.
- Sí, exacto. A la parrilla, lo quemaron.- Añade, sobre el mártil.
La Gryffindor no advierte su mirada, pues seguía contemplando el cielo nocturno. Se limita a asentir cuando habla de nuevo sobre el Santo.
- ¿La habías visto otras veces?- Le pregunta el chico, mientras miraba la proyección.
- No, nunca he… No.- Dice finalmente, sin dar explicaciones, desviando sus ojos verdes para mirarle.
- ¿Y te gusta?- Acaba preguntando. Al captar que ella ladea la cabeza, la mira también.
- Es muy bonito…- Contesta, esbozando una sonrisa sincera.- Siempre me ha gustado mirar las estrellas… Conocer su historia y saber que la mayoría guarda relación.- Le sostiene la mirada.- La constelación de Cáncer es el cangrejo que mandó Hera mientras Hércules luchaba contra la Hidra. Hércules lo mató de un pisotón y Hera, cómo agradecimiento a su valentía, lo convirtió en una constelación. El Dios de San Lorenzo, hace que el cielo llore cómo él hizo mientras lo mataban. ¿No es algo parecido?- Acaba preguntando.
- Exacto.- Vuelve a mirar la pared en la que se proyecta la lluvia de estrellas. Hay algo hermoso y trágico en ello.- Tanto Hera como el Dios de San Lorenzo quieren que los hombres recuerden.
- Y lo hacemos, pues la historia perdura entre nosotros.- Concluye ella, señalando con uno de sus dedos una estrella que cae.- Pide un deseo. Se dice que si lo repites tres veces antes de que la estrella desaparezca, se hará realidad.
- Nunca he sabido qué pedir.- Reconoce en una exhalación. Conoce la tradición y de pequeño pedía… Imposibles. Ahora sabe que no hay fundamento de verdad en ello e igualmente siempre busca algo que pedir, sin resultado.
- Yo si sabría que pedir…- Contesta ella, cerrando los ojos durante unos segundos, antes de volver a abrirlos y fijarlos en las estrellas. Cuando era pequeña y veía caer una estrella, pedía ser feliz, pero nunca le daba tiempo a repetirlo tres veces. Ahora, pediría simplemente “ser ella misma”.
Jason da por hecho que no debe preguntar, así que mantiene el silencio que ella ha empezado y abandona el intento de deseo.
Natt, por su parte, observa las estrellas detenidamente, es entonces cuando la ve.
- Corre, es la tuya.- Le dice a Jason, palmeando su mano.
- Ya, bueno.- Hace un gesto de reconocimiento que se parece a una sonrisa cuando sabe a qué se refiere.
- Inténtalo a la próxima.- Le dice, fijándose de nuevo en el cielo nocturno, apartando su mano de la suya.
El chico pone los ojos en blanco. “¿Cree que por venir y decir que lo intente, voy a saber qué pedir?” Y aun así, su ingenuidad no es desagradable y a ella le sienta bien.
Natt ve de nuevo una estrella y le mira de reojo, esperando que pidiera el deseo. Esboza una pequeña sonrisa al caer que desde que se conocen, estaba siendo el único momento en el que aún no se habían peleado.
- Esas deben de ser hermanas o algo así…- Comenta Jason cuando ve otras dos y las señala.
- Siempre juntas.- Y su voz se apaga, mira a otro lado. Sólo quedaban unas semanas para irse a Hogwarts y el uno de septiembre hacia un año que su hermana se fue para siempre.
- ¿Pasa algo…?- Ha notado el cambio de voz y de expresión en su rostro, la mira.
- Yo…- Le mira, apenas le conoce. De todas maneras, todos saben sobre la muerte de su hermana…- Tuve una hermana…- Acaba diciéndole.- El… El uno de septiembre… Ella… Ella se fue el año pasado.- No sabe ni cómo explicarse.
Su ceño se frunce y su mirada se ensombrece. No había imaginado que alguien tan pequeño pudiera haber pasado por eso. Y le gustaría poder decir algo para consolarla o cualquier cosa.
- Lo siento.
- No…- Le dice. Acaba ocultando su cara entre sus manos, limpiando las lágrimas pasajeras. No quería escuchar un “lo siento”. No quería que se compadeciera de ella. Aparta las manos de su rostro y se las pasa por el pelo húmedo.
El hermano del chico sigue vivo, pero no se hablan. Y sabe lo que es perder a un ser querido. Cuando ella rechaza el pésame, vuelve a mirar las estrellas que caen.
- Creo que te está viendo. Que sigue contigo… De alguna u otra manera. Que cuida de ti.
Esas palabras le hace alzar la vista, para mirar de nuevo las estrellas.
- En una película, era de dibujos animados, pero bueno… Escuché que las personas que nos quieren, jamás nos abandonan y suelen quedarse en el firmamento, observándonos.
Jason sigue mirando el firmamento proyectado en la pared de aquel ático perdido de Londres. “Ojala”, piensa.
- Seguro que te oye.
- ¿Tú… Tú no tienes familia?- Acaba preguntándole, con curiosidad mientras vuelve a mirarle de soslayo.
El chico pierde su mirada en la inmensidad de la imagen que se ve. Sus ojos grises reflejan los puntos de luz. Cómo lágrimas, sin ser de agua.
- Sí. Creo que algún día la tuve.- Responde sin dar pie a más.
“Así que Teddy tenía razón cuando le dijo que no solía hablar de su familia”. Natt no quiso ahondar en el tema, pues ella tampoco solía hablar de ello.
- ¿Quieres chocolate?- Pregunta en su lugar, poniéndose de pie.
- Claro. Sí. Vale…- Vacila un momento, lo que tarda en salir del oscuro corredor de sus pensamientos.
La joven sonríe, con suavidad, antes de caminar a la cocina. Abre el frigorífico y saca de su parte de nevera, una tableta de chocolate. Cierra la puerta con la cadera y camina de vuelta al salón, donde toma asiento de nuevo a su lado.
- Hice café para aguantar toda la noche…- Señala la cafetera.- Por si quieres.
- Después.- Abre la tableta y quita el papel de aluminio que envuelve el chocolate. Parte un trozo y se lo da.- Toma.
- Gracias.- Dice y lo coge con dos dedos.- De Honeydukes, ¿eh?- Dice y esboza media sonrisa. Esta vez sí, autentica.
- Sí.- Contesta, sonriente, fijándose en su sonrisa. Era la primera vez que lo veía sonreír y la sonrisa, iluminaba su rostro.- Desde que lo probé, no he encontrado chocolate mejor.- Da un bocado a su trozo y deja que el dulce se derrita en su boca.
- Es que no existe otro mejor.- Afirma rotundamente mientras como el suyo.
- No, la verdad es que no.- Natt sonríe mientras sigue degustando su dulce.- ¿Qué estudias?- Le puede la curiosidad.
- Maldiciones. Quiero trabajar rompiendo maldiciones.- O eso tiene claro, hasta ahora.
- Suena interesante.- Contesta ella, tumbándose bocabajo mientras partía otro trozo de aquel delicioso chocolate. Vuelve a ofrecerle.
- Lo es.- Vuelve a coger. Mañana tendrá que comprarle una tableta por compensar.- ¿Y tú…? ¿Sabes qué quieres hacer?- Se asombra cuando comprueba que no están discutiendo.
- Me gustaría ser auror.- Le contesta, mirando las estrellas de nuevo mientras comía chocolate.- Aunque también me gusta la Astronomía, así que no descarto el ser profesora de esa materia.
- Auror…- No es que le guste aquella profesión demasiado.- ¿Eres Gryffindor?- Pregunta cuando se hace la luz en su mente.- Espera.- La mira con los ojos más abiertos de lo normal.- Tú eres Natasha Prince.
- Natt.- Le corrige con rapidez, pero asiente, llevando sus ojos verdes a su rostro de nuevo.- Sí, soy yo.- Le sorprende que se muestre así.- ¿Qué pasa?
- Claro.- De aquello le sonaba. Vuelve a sonreír cuando se sumerge en su memoria.- Te castigaron en primero por no sé qué broma con James Potter… Recuerdo los gritos de McGonagall.
¿Cuándo no habían castigado a Natt por meterse en líos junto a James? Una carcajada se escapa de los labios de la chica.
- Fue la primera de muchas y ahora, me tocará hacerlo a mí sola.- Se encoge de hombros.
- ¿Y eso? Asegúrate de que no te pillan, al menos.- Advierte mientras da cuenta del chocolate.
- ¿Temes por mí?- Cuestiona, divertida, mientras se termina su segundo trozo de chocolate.
- No quiero que te expulsen y tengas que vivir aquí todo el curso…- Responde bromeando, aunque no tanto.
Natt pone los ojos en blanco.
- Pídeselo a una estrella.- Bromea y le mira, sonriendo, contemplando las estrellas que caían esa noche que ambos iban a pasar en vela.
- Fíjate, ya tengo un deseo.- Y aunque bromea, pues no le va a pedir a una estrella que la expulsen, tiene cierta gracia que su primer posible deseo en años sea sobre ella. Dirige la mirada también al oscuro cielo proyectado, un año más.
Conviviendo juntos.
Natt había intentado dormir, mas no había parado de dar vueltas y más vueltas. Al final, se había levantado y descalza, se dirigía a la cocina cuando vio el brillo de la luna y, como hipnotizada, había acabado por asomarse.
- Vas a coger una pulmonía.- Avisa Jason desde atrás al verla descalza y se apoya en el dintel de la puerta con los brazos cruzados. Se había levantado para ver qué ventana se había quedado abierta cuando a su habitación llegó una corriente de aire frío que no le dejaba dormir.
La chica se sobresalta y se da un porrazo en el codo con el filo de la ventana.
- ¡Ay!- Se queja, mientras se gira.- Estaba viendo la luna.
- Ya, me he percatado.- Responde con ironía.- Pero de la pulmonía no te libras. Y si dejas la ventana abierta, yo tampoco.
- Eres bastante quejica, ¿lo sabías?- Le mira, entrecerrando los ojos, desafiante, antes de volverse y cerrar la ventana.- ¿Contento?
- ¡Y tú eres imposible!- Exclama ella, siguiéndole hacia la cocina.- Y no entiendo porque me mandas a dormir, ¿qué te importa si duermo o no?- Ahora es su turno de apoyarse en el quicio de la puerta.
- Tienes razón, no me importa.- Sabe que eso la picará más que si le diera la razón, quizá por eso lo haga. Se sirve un vaso de leche y saca de uno de los cajones unas galletas con chocolate y se sienta en la mesa de la cocina.
Y efectivamente, tiene razón y hace que la Gryffindor eche chispas hasta por los ojos. Se acerca y abre la nevera, cogiendo el bote de nocilla de su parte del frigorífico. Se acerca al cajón para coger una cuchara y se sienta en la encimera. Intenta abrir el bote.
Jason la mira forcejear hasta que no lo soporta más y pone los ojos en blanco.
- ¿Me lo acercas o piensas torturarlo un rato más?
- Hmpf.- Masculla todo el repertorio de palabrotas que se sabe, todas dirigidas al mago que tenía en frente y al que acaba alargando el bote.
- Ten cuidado, no te vayas a morder la lengua y te envenenes.- Lo abre en un momento y se lo deja sobre la mesa.
Cómo contestación, Natt le saca la lengua y después mete la cuchara en la nocilla para coger un poco y llevársela a la boca.
- Te va a dar un mal…- La ve comer eso a cucharadas y la mira mal.
- Y a ti otro si sigues toda tu vida con ese humor de perros.- Se baja de la encimera y rebusca en el cajón una cuchara, se la ofrece.- Prueba, verás cómo se te quita toda esa estupidez.
- No quiero, gracias.- Rechaza y niega con la cabeza.- Todo tuyo.
- Venga.- Ella misma le llena la cuchara y se la vuelve a tender.- Una sola y ya verás.
- Deja de amenazarme con eso.- Mira la cuchara, no tiene ganas de mancharse.- Cómetelo tú.
- Mira que eres soso, chaval.- Pone los ojos en blanco.- Es un poco de chocolate y está mucho mejor que la leche sola.
- Estoy tomando galletas, cegata.- Le enseña el paquete, adrede.
- ¿Y?- Cuestiona, sosteniéndole la mirada, frunciendo el ceño mientras seguía con la cuchara en la mano.
- Que no tomo leche sola…- Le pone nervioso con la cuchara ahí en la mano.- ¿Quieres comerte eso?
- La había sacado para ti.- Insiste, sin retirar la mano.- Y baja el maldito paquete, anda.
- Muchas gracias pero otro día.- Baja el paquete pero se niega a comer lo que ella le ofrece.
- ¿Siempre has sido así?- Se encoge de hombros y se lleva la cuchara a la boca, para comerse ella la nocilla que en ella había.
Jason alza una ceja cuando la mira.
- ¿Así cómo?- Pregunta con cierto retintín de advertencia en la voz.
- Serio, hosco, callado, tímido, quejica…- Empieza a enumerar mientas deja las cucharas en el fregadero.- ¿Sabes reírte?- Acaba preguntado.- De ti mismo me refiero. Bueno, aunque si no sabes reír… Pues chungo lo veo.
El chico niega con la cabeza, como si ella fuera un caso perdido. Pero serio.
- Creo que es muy imprudente hacer esas observaciones por tu parte. No me conoces lo suficiente para saber de mi carácter.- Sentencia y bebe de su vaso.
- ¿Y eso ahora es un impedimento? Digo lo que veo.- Dice, mirándole fijamente.- Nunca ríes, siempre estás serio. Te quejas por todo lo que hago desde que compartimos piso y hace sólo una semana que llegué.- Se gira para guardar el bote en la nevera.
Pone los ojos en blanco. “Niñas”.
- Tú sólo me conoces en un uno por ciento de mi vida. Y si en ese uno por cierto no me río, será porque no hay nada bastante gracioso. Y si me quejo es porque tengo motivos.- Se suena a sí mismo por un momento como su madre y mira su vaso, quieto.
- Pues no entiendo porque actúas así.- Natt no le mira, sino que cierra el frigorífico y se apoya en él.- El mundo se afronta mejor con una sonrisa en los labios. Es más, puede que en un futuro te arrepientas de no haber sonreído tanto. Pues aunque estés destrozado por dentro, es bueno esbozar una sonrisa. Porque sabes que las cosas, sólo pueden ir a mejor.
La otra ceja hace compañía a la primera alzada. Jason no sabe qué decir después de semejante perorata.
- Así que ya sabes. Ve practicando.- Dice antes de salir de la cocina, sin saber si él la seguiría o no.
- Eh.- La llama sin moverse del sitio. En su mente pululan varias preguntas sobre lo que acaba de decir.
- ¿Qué?- Ladea la cabeza para mirarle, aunque la fija en la mesa y no en el chico.
- Te has olvidado de fregar las cucharas.- Dice, por pincharla. Iba a preguntar por lo que ha dicho pero cambió de opinión.
- Ya lo haré mañana.- Dice de mala gana y vuelve a mirar al frente, saliendo de la cocina. Se avecinaba una bronca y lo sabía.
- ¿Eso de afrontar la vida con una sonrisa forma parte del dejar las cosas para mañana?- Pregunta, sarcástico, desde la cocina. Se levanta y guarda sus galletas. Friega su vaso que deja escurriendo y vacila un instante, mirando las cucharas.
- ¿Te han dicho alguna vez que estás más guapo callado? ¡Ponte música y déjame en paz!- Exclama, perdiendo la paciencia por momentos.
- No te fijes tanto en mí y cumple con tus obligaciones.- Al final, de mal humor, coge las cucharillas y las friega.
- Vivimos en el mismo piso, ¿cómo quieres que no me dé cuenta de cómo eres?-Ya está de mal humor y si le sumamos que pronto le harán la visita del mes… Bomba de relojería se queda suave para ella.
- Ya sé que soy irresistible.- Replica, irónico.- Pero controla tus hormonas.- Dice cuando sale de la cocina, habiendo dejado las cucharas secando con su vaso.
- Ja.- Se le escapa de los labios.- ¿Irresistible? Pues creo que tenemos dos conceptos diferentes cada uno sobre esa palabra.
- Vete a la cama ya y déjate de tonterías.- Le dice al pasar, sin escuchar lo que ella dice.
- ¡Deja de mandarme!- Vuelve a exclamar, pasando por su lado, dándole un codazo en la primera parte que pilla de su cuerpo. Entra en su habitación y cierra de un portazo. “Valiente idiota”.
- Au.- Se queja.- Niña caprichosa… - Murmura en respuesta, tras el portazo.






