Trinchémoslo como un platillo que se destina a los dioses, no lo destrocemos como carroña que se arroja a los perros. Y que nuestros corazones procedan como los amos hábiles, que incitan a sus sirvientes a un acto de venganza, y aparentan después reprobarlos por ello. Se creerá así que la necesidad y no el odio es el motivo de nuestro propósito, lo cual, al aparecer de ese modo a los ojos del vulgo, nos llamarán agentes de purificación y no asesinos.
William Shakespeare, Julio César.













