Los Pupilos de Nelson Bonifacio
Días después del despido de don Nelson Bonifacio Acosta en Deportes Iquique (no vamos ahora a preguntarnos si justo o injusto, aunque desde ya hacemos saber nuestro rechazo a algunos irrespetuosos que trapearon el piso con el nacido en Paso de los Toros), decidimos analizar su legado en el fútbol nacional, observando más allá de su metodología del tenis-fútbol, del 3-5-2 fácilmente adaptable a un 5-3-2, o de su mentada capacidad para promover climas de camaradería en los conjuntos que dirige. Esta vez optamos por fijarnos en quienes han sido pupilos suyos y han continuado el ejemplo del calvo estratega, haciendo la transición desde jugadores a miembros de cuerpos técnicos profesionales. Es cierto, muchos de los hoy técnicos tuvieron influencias importantes de otros técnicos que pasaron por el fútbol nacional y dejaron escuela, como Gustavo Benítez, Arturo Salah, Manuel Pellegrini, Miguel Ángel Russo, Jorge Peineta Garcés, Juvenal Olmos o Claudio Borghi. Sin obviar aquel dato, pretendemos mostrar que la cosecha de don Nelson ha sido mucho más que azar.
Desde sus inicios como director técnico marcó a fuego con su ejemplo uno de sus más reconocidos jugadores en Fernández Vial: Pedro Jaque, el defensor que luego se especializara como un fiero zaguero en Cobreloa, luego optaría por el camino de la Gerencia Técnica. Trayectoria similar de algunos miembros de aquellos buenos planteles de O’Higgins de fines de los 80s, como los porteros Christian Trejos y Nelson Tapia, así como los talentosos Jaime Liebre Riveros, Roque Alfaro y Eric Lecaros. Los dos pasos por Unión Española en la primera mitad de los 90s dejaron un cúmulo de experiencias y referencias de trabajo técnico-táctico para una decena de jugadores, como Eduardo Lalo Azargado, sus coterráneos Ricardo Perdomo y Carlos María Morales, Fernando León Astengo, Juan Candonga Carreño y José Luis Sierra, quizá uno de los herederos del calvo estratega más aventajados.
El primer paso por la selección chilena de NBA fue seguramente su momento de mayor connotación pública, por la relevancia de algunos de sus logros, así como por la relevante cantidad de jugadores que pudo adiestrar en diferentes competencias, como Eliminatorias Mundialistas, Preolímpicos, Copas América y Juegos Olímpicos. Arqueros, laterales, defensores, mediocampistas, punteros y centrodelanteros de aquellos planteles optaron por continuar en el fútbol tras su retiro. Siéntese y anote: Nelson Cossio, Marcelo Ramirez, Javier Di Gregorio, Carlos Tejas, Enrique Quique Berríos y Nelson Tapia (a quien tuvo como joven golero en O’Higgins); Miguel Chueco Ponce, Cristián Castañeda, Ronald Fuentes, Cristián Mora, Pedro Reyes, Miguel Cheito Ramirez, Marcelo Miranda, Wilson Contreras y Luis Fuentes; Lucho Musrri, Rodrigo Kalule Melendez, Clarence Acuña, Nelson Piri Parraguez y Mario Salas; Jaime Riveros y el Coto (su 10 en Unión Española); Ivo Basay, Hector Tito Tapia, Fernando Vergara, Manolete Neira y el ya mencionado Candonga.
Tras las dificultades en el proceso Korea – Japón 2002, el fútbol profesional chileno volvió a creer en don Nelson, esta vez en la siempre difícil banca de Cobreloa. En su primer ciclo tendría a cuatro conocidos de distintos momentos de su vida: Nelson Tapia, Lucho Fuentes, Carlos Tejas y Kalule serían parte de aquel ciclo que obtendría el título en la final del pisotón de Zamorano al hoy alcalde de Coihueco, Carlos Chandía. Ese campeonato volvería a subir sus bonos, siendo tentado a un nuevo desafío internacional: el seleccionado boliviano le colocaba el desafío de repetir el sueño de Estados Unidos ’94, ahora camino a Alemania 2006. Los resultados no serían los esperados (dicen que las condiciones de trabajo tampoco fueron las prometidas a don Nelson), pero allí cuatro de sus convocados permanentes seguirían la profesión técnica: Mauricio Soria, Luis Cristaldo, Julio Cesar Baldivieso y el prematuramente fallecido Óscar Sánchez.
En su vuelta a Chile, en su segundo ciclo en Cobreloa, se reencontraría con Lucho Fuentes y un delantero de potente cabezazo tomaría nota de sus atributos como director técnico: Arturo Norambuena conocería, por primera vez, al mito de chaqueta de gamuza. Un corto ciclo en el cuadro loíno y un llamado de vuelta de Reinaldo Sanchez desde la sede de Quilín: intentar salvar la clasificación a Alemania 2006, tras el irregular y controvertido periplo de Juvedance Olmos por la Roja. En este ciclo, acabado tras el bochornoso episodio del Puertordazo en Venezuela, tendría a viejos conocidos y nuevos seleccionados que abrazarían años más tarde la profesión de la dirección técnica: a los ya reseñados Cabeza de Muela, Lucho Fuentes y Kalule, se suma Miguel Riffo, hasta hace pocos meses ayudante técnico de Héctor Tapia en Colo Colo.
De los jugadores que tuvo desde su paso por Everton (iniciado en 2007) hasta hoy (que incluyó un tercer ciclo por Cobreloa, un paso por Deportivo Quito, una polémica vuelta a Everton y su último ciclo en el Tierra de Campeones), sólo la Liebre Riveros optó por la carrera técnica. Claro, el paso del tiempo ha sido breve como para que la historia haga su trabajo. Seguramente habrá otros jugadores que opten por seguir vinculados al fútbol profesional, sea como directores técnicos, ayudantes, preparadores de arqueros o gerentes técnicos.
Quien sabe, quizá la próxima estación de don Nelson deje un legado aún más perenne para el fútbol nacional. Ojala exista una nueva y última chance para que Acosta pueda entregar parte de su sapiencia a las próximas generaciones de técnicos. El calvo estratega merece despedirse por la puerta grande del fútbol chileno, su retiro puede aguardar.
PD1. Sería injusto cerrar este texto sin hacer ninguna mención a quien fuera su más fiel escudero, Ítalo Traverso. Seguramente él tuvo también mucho que ver en demostrar caminos, metodologías y estrategias para dirigir grupos humanos. Desde aquí va también nuestro reconocimiento.
PD2. Es más que probable que la investigación haya omitido otros casos de ex-jugadores que han asumido puestos técnicos en el fútbol profesional. Si ese fuese el caso, los invitamos a escribirnos para completar la genealogía de los pupilos de Nelson Bonifacio.














