La mañana siguiente del incidente finalmente llegó aunque no estoy seguro si fue la mañana o la tarde después de lo que pasó. Las pesadas cortinas de terciopelo bloqueaban la luz con eficiencia y nadie había venido a abrirlas como era costumbre. Estaba completamente solo y la casa no tenía su vida habitual, todo estaba en completo silencio, casi sepulcral.
Entonces intento moverme y mi cuerpo entero protesta cuando quiero sentarme en la cama, suelto un lastímero quejido y vuelvo a acostarme, esta vez sobre mi costado.
Entonces lo veo, un pequeño bambineto a un lado de la cama, el mismo en el que yo había dormido hace tantos años, deben haberlo sacado del ático; con ello los recuerdos de la noche anterior invaden mi mente.
Los intensos e intermitentes dolores que experimentaba, pensé en no asistir a la gala de la Luna de los amantes, pero mi madre me dijo que me dejara de cosas, que seguramente era por que mi apariencia había cambiado tanto estos años. Que simplemente debía dejar de comer como si hubiera naufragado y todo se solucionaría.
Así que acabé cediendo y poniéndome mi mejor traje (Al menos el único traje de gala que me quedaba con mi reciente y acelerada ganancia de peso) para asistir. Las primeras horas fueron complicadas por decir lo menos, sonreír y saludar como si no sintiera que mi cuerpo me apuñala por dentro, por momentos incluso teniendo que retirarme de la pista de baile dejando un par de parejas interesantes para poder recuperar mi compostura. Parecía que el dolor era cada vez más intenso y nada de lo que intentaba parecía aliviarlo o detenerlo.
Entre más avanzaba la noche los dolores se hacían cada vez más constantes e intensos, a tal punto en el que ya no pude más desplomándome en el suelo contra una mesa, gritando y llorando como desesperado. Rogando por que alguien me ayudara. La banda se detuvo y la fiesta se acabó en tanto mis padres de dieron cuenta que no estaba fingiendo. ¿Cómo alguien podría fingir un dolor así? La cara enrojecida, el cabello pegoteado por el sudor, los gritos desgarradores... El vómito. Dios el vómito, nunca me voy a recuperar de esto, mis padres me van a matar.
Eché a perder el inicio de la temporada social. Me van a volver a echar a la calle. Justo cuando acabo de regresar hace menos de un año.
La prensa amarillista debe estar teniendo un día de campo después de todo de eso viven, de la desgracia ajena. No puedo siquiera empezar a imaginar lo que están diciendo en este momento.
Y en ese instante, la cosa del bambineto se mueve trayéndome de regreso a la realidad. Mi mente estaba nublada, recuerdo que me llevaron a mis aposentos a rastras mientras gritaba y lloraba, luego todo se vuelve un revoltijo de sensaciones, recuerdos y sangre, mucha sangre. No sé como no estoy muerto.
Recuerdo a doctores, sanadores, clérigos y demás pululando alrededor mío, discutiendo lo que tenían que hacer. Nadie podía ponerse de acuerdo en lo que sucedía, hasta que sentí una necesidad intensa de pujar y simplemente empecé a hacerlo, como si mi vida dependiera de ello, como si solo volvería a estar bien después de ello. Solo quería que todo parara.
Los curanderos al ver lo que hacía se quedaron en silencio mirando atónitos hasta que a uno se le ocurrió revisar entre mis piernas. La expresión en su rostro me asustó y el miedo se hizo peor cuando le dijo a sus colegas que se acercaran a ver.
Luego me incitaron a seguir pujando, que lo hiciera cuando los dolores se hicieran presentes. Poco a poco sentí como algo pasaba hasta salir por completo, provocando absoluta confusión entre los presentes, estaba agotado debatiendome entre la conciencia y la inconsciencia cuando escuché un llanto. Abrí los ojos de golpe, manteniéndolos abiertos con toda la fuerza que me quedaba. El grupo de curanderos sostenía completamente patidifusos a una pequeña criatura de color azul claro que lloraba con fuerza.
Estaba agotado, así que no pude imponer mucha resistencia cuando un confundido curandero colocaba a aquella cosa en mi pecho. Así pude verla de cerca, su cuerpecito escamoso era casi como el de un humano, excepto por la cola que se formaba al final de su espalda y su cabecita reptiloide. Después todo se vuelve borroso, escucho la voz de los curanderos y mis padres a lo lejos y vuelvo al presente, donde estoy solo en mi habitación y aquella cosa que salió de mí está a mi lado.
A pesar de las protestas de mi cuerpo me incorporo en la cama usando los codos para apoyarme y dar un vistazo por encima de la pared del bambineto, ahí duerme pasiblemente la criatura, estudio los rasgos en su pequeño rostro por un momento. En ellos encuentro a la tormenta viviente y siento como el peso de la situación me caía encima como una pared de ladrillos. Lo que tuve que hacer para salvar a mis amigos no se había quedado en la montaña.
La pequeña criatura se remueve en su cuna y puedo apreciar lo realmente pequeña que es. Como un ser de este tamaño había sido capaz de causar tantos problemas. Su rostro no es humano ni por asomo, es básicamente una versión pequeña de su madre con cuatro pequeñas eminencias en lo que asumo es el lugar donde irán sus cuernos. No puedo evitar sentirme enfermo al verla, esa cosa me había causado tanto dolor y sufrimiento para verse igual a su madre. ¿Su madre? ¿Eso me hace a mi su padre? Pero yo la dí a luz. ¿Eso me hace su madre?
Esta línea de pensamiento se ve interrumpida por la criatura de repente abriendo los ojos de golpe y regresandome la mirada con mis propios ojos.
En ese momento se añadió a la mezcla de emociones una presión en el pecho, una sobrecogedora sensación de que ella era mía. No solo era una criatura más, este pequeño ser es o fue parte de mi.
Creo que la mejor forma de describirlo que sentía en ese momento es como enamorarse a primera vista, esa impresión meramente de unos segundos en los que tu cuerpo entero reacciona y te hace sentir unas intensas ganas de llorar. Sentía que a pesar del dolor, la angustia y todo lo que venía después esa criatura era mía y debía protegerla. Entonces hizo un pequeño ruido, no un balbuceo al ser muy joven para eso, pero si un pequeño "cu".
Si mirar sus ojos me hizo derretirme por ella, su vocecita me desarmó y me puso de rodillas contra lo que sea que me estuviera haciendo para tenerme así. Mis ojos llenándose de lágrimas mientras empezaba a berrear completamente rebasado por todo lo que sentía. Nunca había sentido tantas emociones al mismo tiempo y sentía que mi cerebro iba a explotar.
Permanecimos solos por un rato en el que no pude dejar de llorar, hasta que uno de los sirvientes que había estado en la habitación esa noche entró con una bandeja con comida.
—Permiso joven Narir.—
La confusión y el miedo en su rostro eran evidentes, cuando entregó la comida y sin siquiera dirigirme otra palabra o mirar la cuna se fué. Empecé a comer despacio, siendo imposible detenerme una vez que comencé, estaba tan adolorido y agotado emocionalmente que no había notado el hambre que tenía.
Una vez rasqué con la cuchara el fondo del plato me detuve y miré a la criatura otra vez. Estaría llorando si tuviera hambre. ¿No? Y como si mi pensamiento se hubiera materializado en el plano terrenal, la criatura empezó a llorar igual que un bebé humano.













