Nadie quiso morir, mucho menos yo. Todos lanzaban lo mejor de sí. Cada quien con su propia guerra, cada quien con su propio conflicto. Todo era muy claro desde arriba, unos atacaban otros se cubrían, unos se escondían y otros planeaban, sin embargo, habían quienes lo aceptaban y por otro lado estaban quienes querían esquivar el desenlace que por naturaleza era inevitable.
Todo parecía ser tan bueno en ese punto del caos, un caos que me favorecía pero había algo, era un az bajo la manga del destino que hizo que mi corazón y las palabras que me creí por mucho tiempo se quedaran con las manos estiradas queriendo alcanzarte como los alambres enganchados y el imán sin tocarse, como los niños al querer alcanzar a mamá, como este sobrio amor que después de todo, no se va.
Aún me queda éste sin sabor de que perdí la batalla como las vengo perdiendo en cada pesadilla desde que no estás, en una guerra esperando a que llegue el sueño en que me declares la paz.
Sueños con Nick Arma.















