Nácar rebanado, un cuento por Fernanda Ballesteros sobre un matriarcado postapocalíptico de la Venus atómica de Nicole Chaput.
Cuello caliente. Genaro abre los ojos para comprobar que el intestino de Seerena le envuelve la garganta. La cabeza de ella, apenas a un metro de él, la tiene forrada con un casco de astronauta lleno de agua de mar. Sus pezones, descubiertos, lanzan chorros de agua al ritmo de la respiración: exhalan lo que inhalan sus branquias faciales. Los brazos funcionan como piernas que la sostienen, pues desde el abdomen inicia su cola de sirena que enrolla a Genaro. La luz del cuarto brilla plateada, insoportable. Entonces los chismes del palacio de justicia internacional son ciertos. ¿Cómo lo transportaron de Ruanda a Noruega? ¿Cómo lo drogaron? ¿El té en la casa de la coreana? ¿Una compradora falsa? De la vejiga de Genaro brota una fuentecita de pipí que agrega incomodidad a sus muslos, a sus pies atados con cadenas a una silla fría de metal. Seerena lanza hacia atrás su casco en una carcajada deliciosa.
-Nada mejor para terminar rápido que un miedoso, un pusilánime como tú. Te explico el proceso, nene. Las mentiras las capta el sistema al que estás conectado por los cables que salen de tu cráneo. Cada respuesta en bip, yo aprieto. Cada respuesta en silencio, yo aflojo.
La voz de la jueza parece que sale, centelleante, de cada una de las paredes, del techo, del piso.
-¿Cómo entraste al negocio?
-Mi cuñado me invitó a la web.
Otra voz, una automática, nombra los cincuenta y dos cuñados que ha tenido a lo largo de su adolescencia triste en el pueblo, de su juventud entre máquinas de la ciudad, y de su adultez de traficante.
-Bob García de los Santos.
El intestino de Seerena se afloja y suelta un sudor que recorre la piel de Genaro en lombrices de placer, relajando los músculos enormes del pecho, de los brazos.
-¿Cuántas perlas de venus has vendido?
Genaro intenta calcular. Se pierde. Piensa en la primera que vio. En Milly. ¿Cuántos años tenía él? Ella dieciséis. Enamoramiento bestial. Especie de diosa inalcanzable. A Milly la habían violado antes que Genaro la conociera. Un tío. Un viejo condenado a cincuenta años en el centro de rehabilitación para machistas. Del trauma, a Milly le salió un ojo en la vagina, un ojo vigilante. Trauma de segundo grado. Cuando es de cuarto grado, la vagina, en vez de ojo, produce colmillos difíciles de desaparecer con terapia. Genaro acariciaba el pelo rojo de Milly, le sobaba las venas, hacían el amor sin penetración. Acariciándola descubrió la perla de venus entre dos costillas. Bip.
-Nombra a tus compradores.
Grita la voz de agua. Genaro no puede concentrarse en las preguntas, la fijación mental en Milly. Bip. Las gotas de sudor del intestino de Seerena ahora se sienten como bichos minúsculos que queman por donde se escurren.
-¿Tus novias saben lo que haces?
-No.
-¿Y tus novias anteriores?
-No.
Imposible volver a la monogamia después de Milly García de los Santos. Bob, el hermano, le mostró el mercado de la web negra a Genaro una noche de borrachera entre puro bato. Bob ignoraba que su hermana poseía, como un órgano más, una de las joyas más buscadas. Bob ignoraba que la joya se había apenas despegado, naturalmente, del cuerpo de Milly. Es que las perlas de venus caen cuando se curan las heridas ancestrales que las crearon. Milly lo logró a través de terapia, yoga, dieta sana, confianza en ella misma, y amor puro con el Genaro todavía incorrupto. El mismo día que el ojo vigilante cayó de los labios internos, Genaro encontró el pedazo de nácar en el baño en un tupperware entre cremas. El robo era justificado: sería para pagar la universidad de sus hijos aún no nacidos, para que tuvieran una mejor vida que ellos, habitantes de la colonia más sucia de Torreón. Sería para comprarse una casa en una privada donde los niños aún no nacidos jugarían con juguetes pulcros y pantallas de ocho dimensiones. Sería para la colegiatura de la Universidad de Singapur.
-¿Quiénes fueron tus compradores?
Qué lejos escucha la voz de Seerena. Cómo acordarse de tantos nombres. Jiyu fue la última, la que seguramente era espía. Qué coraje. Se dejó llevar por la belleza de su ombligo de sol y por las mariposas reales cosidas a su pelo castaño. Le excitó el aleteo desesperado de los lepidópteros. Creyó que ella estaba atraída por sus bíceps desmesurados.
-¿Cómo te arrancaste el chip de rastreo?
Bip. La cola de sirena le saca el aire hasta el desmayo.
La conciencia vuelve a él frente a una rubia con un culo tan grande, que el culo camina tras ella como un ente aparte. Una cola de plumas también la persigue por el cuarto plateado. Se detiene cuando ve que Genaro trae las pupilas al aire.
-Buenos días. Como traficante de órganos, específicamente como traficante de perlas de venus, acabas de ser dictaminado con cadena perpetua en el centro de rehabilitación para machistas. Nos irás dando la información a través de los días de tus proveedores y compradores. Por ahora tenemos la primera sesión educativa. Estarás nueve meses en posición de feto. Unos tubos te darán de comer y beber, y habrá limpieza de tus defecaciones dos veces al día. Creemos esencial que regreses mentalmente al vientre de tu madre para que sea efectiva tu reconstrucción como una nueva semilla con probabilidades de florecer en sociedad. Antes de la gestación, tendrás una lección de baile con una instructora para expresar tu violencia y tu arrepentimiento.
La rubia, su acento cubano y su culo salen del cuarto y entra una mujer que tiene un cuerpo antiguo, compacto, una piel toda lisa une las extremidades, la cabeza, en una armonía ¿elegante? Genaro nunca había visto a alguien así en la realidad, solo en fotografías viejas, planas. Será de ascendencia de chamanas o de feministas que no se dejaron guiar por los gustos masculinos para moldearse. Será de alguna secta que estuvo desconectada de internet durante el boom de la cirugía de ADN. Las cadenas que lo atan se abren al mismo tiempo que entre ella y él un vidrio baja del techo al suelo para separarlos. Ella se mueve y él con ella, sin música, reflejo rebanado, mientras en su cabeza revolotean cada una de las perlas de venus que pasaron por sus manos. Él no hacía la cirugía, pero las organizaba. Sin mancharse de sangre, robaba las fichas técnicas de las pacientes de una psicóloga para mujeres donde venían las indicaciones del nácar de cada una. La droga se las daban en los antros, cuando las veían desataditas, bailando pegadas a otras figuras. El barista era elemento clave de la estrategia. En tantos años de ejercer el negocio, solo tres se negaron a esa cantidad de bitcoins. ¿Ahora de qué le va a servir su bitcuenta repleta? Genaro mueve uno a uno sus miembros, como lo hace la bailarina del cuerpo antiguo, y una nostalgia dolorosa por Milly y un asco ciclópeo por el dinero le calientan el cuello hasta el vómito.