Vicente Monroy
Hablamos con el denominado Eminem de la poesía. Conversamos sobre poesía, sus proyectos, sus libros y sus pensamientos. Aquí todo lo que nos dijo.
1. Eres uno de los escritores más prolíficos de internet, en la revista Psychonauts dijiste que preferías la cantidad a la calidad, sin embargo, nos hemos encontrado con poemarios geniales como :ooo, T-Rex y novelas divertidas como Traigo el fuego, en ellos hay presencia de personajes de tv y la música pop. ¿qué te lleva a escribir sumergido en ese lugar?
Utilizo referencias pop para que mis libros parezcan modernos, es un cebo para lectores poco inteligentes, pero en realidad no son nada pop. De hecho creo que la diferencia entre lo pop y lo no pop es una diferencia estúpida y únicamente contemporánea. Quiero decir que Dante también hacía el equivalente a las referencias pop de su tiempo. Porque el tipo de conciencia de la tradición que tenemos hoy es un hecho completamente nuevo. De hecho la historiografía tal y como la entendemos ahora es una ciencia reciente, un arma de la burguesía para oponerse a la vieja Historia de los “poderosos” y sustituirla por una Historia de los “humillados”. La historiografía es el arma más importante de la Revolución burguesa.
¿Qué es más pop, la vieja Historia centrada sólo en personajes famosos (reyes, cortesanos, generales), o la moderna Historia de carácter antropológico que se centra en el sufrimiento del pueblo? La antigua, claro. Pero gracias a esa criptografía revolucionaria esencialmente fake, los humanos de hoy tenemos la sensación de pertenecer a un tiempo más “avanzado” que los tiempos prerrevolucionarios. Esa es la crisis que vivimos, una crisis del avance. Seguramente mi literatura sea profundamente clásica, incluso ultraconservadora aunque yo no quiera, porque todos los humanos lo somos. En cualquier caso hay que ser muy idiota para pensar que lo pop es contemporáneo, y la mayoría de la gente lo piensa, de lo que se desprende que la mayoría de la gente es idiota.
2. En la literatura hay antecedentes ante el uso de figuras televisivas, David Foster Wallace en la niña del pelo raro integra a personajes como David Letterman o el juego televisivo Jeopardy!, o el caso de Tao Lin que usa los nombres de actores en su novela Richard Yates, es decir, no estamos ante algo nuevo, ¿Esto de alguna medida te ha influenciado?, Ahora, ¿por qué usar a James Franco o J Lo, algo motivó esa elección?
Casi nunca sé por qué hago las cosas que hago.
3. El último libro que has publicado en internet se titula No invitado, una novela divertida, allí la figura de James Franco es protagonista. Sin embargo, hay otro elemento que nos llamó la atención: la metaficción. No invitado también es la historia de No invitado, hay giros constantes sobre sí misma, sobre el acto de escribirla. ¿Algo te ha influenciado para escribirla de este modo? Este solipsismo narrativo que de pronto se ve invadido de ovnis y escenas porno, ¿cómo diablos se te ocurrió está genial idea?
Seguramente la copié de alguna parte. En cualquier caso no me acuerdo. Nunca soy capaz de recordar por qué he escrito algo cuando lo termino. Porque es un proceso muy rápido y muy apasionado. Cuando escribo algo me obsesiono, me convierto en
un zombi, dejo de poder dormir. Me salen ojeras, pierdo peso. Entonces mi madre se preocupa, me grita que estoy loco todo el tiempo. Sus gritos son realmente agudos, te aseguro que no quieres oírlos, alcanzan una frecuencia que es capaz de romper vasos y dejar en coma a animales pequeños. Por eso escribo sin parar, necesito acabar el libro antes de que el libro acabe conmigo. No hago esquemas, ni borradores, ni tomo notas antes de empezar una novela. De No invitado sólo tenía el primer párrafo cuando la empecé, ni idea de lo que ocurriría después. El resto fue muy rápido, salió solo. La escribí y corregí en 10 días.
Jean-luc Godard diferencia a los directores de cine que hacen cine con la cámara y los directores de cine que hacen cine con la pantalla. Los primeros disfrutan del cine, de sus procesos, y los segundos sólo piensan en la película, en lo que vaya a pensar el espectador. Con la literatura pasa lo mismo. Lo único que le importa a la mayoría de escritores que conozco es lo que vayan a pensar de ellos. Escriben pensando en el libro, en el resultado final, no disfrutando de la escritura. La literatura no tiene nada que ver con los libros, es una cosa mucho más grande. Me gusta escribir, estar perdido en el lenguaje, ir descubriendo sus posibilidades mientras avanzo en una obra. Es la única forma de que la escritura se convierta en un acto de descubrimiento. Y si descubro algo, es probable que el lector lo descubra conmigo. Es esa sensación de asombro la que me interesa, ese brote de belleza imparable, que nace por necesidad en medio de un libro, según escribes. Se debe escribir llorando. La belleza literaria es como la belleza física: es necesario una genética previa, un fondo generativo, y después un aseado de las formas que esa genética favorece, algo que se trabaja in situ. Un buen libro es como una persona sexy: una mezcla de genética y esfuerzo. Lo sé bien porque soy sexy.
4. También eres un director de cine, hemos podido ver algunas de tus películas en internet, y la entrevista en Psychonauts parece un ensayo sobre las posibilidades que genera internet para las artes, ¿hay algo en relación a la literatura que te gustaría agregar?, o, ¿sobre la relación de la literatura con tu carrera en el cine?
Prefiero centrarme en la literatura hoy, porque hay algo que quiero decir. Es sobre la idea del fracaso:
La literatura contemporánea es una guerra. Podemos certificar nuestra heterogeneidad como generación, pero no podremos evitar el conflicto. El lenguaje es en sí mismo una guerra entre el pensamiento abstracto y la realidad sensible. Una guerra entre una realidad que “está posicionada” y un pensamiento abstracto que “se posiciona”; el escritor lucha por reubicar el lenguaje sobre la realidad, por hacerlo a la medida de lo real. El proyecto de la literatura es el de aprender a nombrar la realidad. Si la realidad cambia, entonces habrá que volver a aprender a nombrar las cosas. Y si cambia siempre, la literatura deberá cambiar siempre. Sobra decir que el lenguaje no puede ni en sus mejores sueños siquiera rozar la realidad, pero así es la lucha del escritor: siempre absurda pero siempre hermosa.
Hay en mi generación amigos y escritores tratando de reubicar el lenguaje sobre una realidad que se llama “2015”. Han aceptado el reto de pertenecer a su generación y de estudiar el lenguaje de su tiempo porque entienden que la forma de comunicarse en la Era de Internet no es una artificialidad del lenguaje pasajera, una moda, sino el lugar en que desemboca de forma irremediable toda la Historia
del pensamiento Occidental. Ellos son la verdadera tradición, porque saben que “tradición” implica una sucesión de relaciones, de supervivencias, pero también de cortes, de rupturas. Por ejemplo: eso que llaman Alt Lit es una de las formas más claras de literatura coherente con la tradición.
Sin afán de dar lecciones, me gustaría recordar a los chavales de mi generación que intentan escribir (y también recordarme) que esa del lenguaje es una tarea importante, y que no hay que confundirla con otras: la de la metáfora, la de la referencia, la de la tristeza. Porque puede que muchos, empeñados en escribir libros, estemos olvidando la literatura. No hay peor maldición para una pieza que la de querer contentar a los viejos y a los jóvenes, a los oficiales y a los populares, a los vivos y a los muertos. En ese cruce de intereses la literatura se vuelve anacrónica, porque no puede pertenecer a esta generación, pero sin duda tampoco a ninguna otra. Es en la instancia en que se da que podemos hacer que el lenguaje sea efectivo. Sobre la eternidad ya hablaremos cuando llegue.
5. Vicente, ¿qué canción bailarías, sí o sí, en el momento en que la escuches (sin importar el sitio en el que te encuentres)?
Noche de sexo de Wisin y Yandel













