Hablamos con Carmen G. de la Cueva, quien viene realizando un trabajo impresionante en su página web La Tribu de Frida, en al que recoge muchas de las voces jóvenes de la literatura que van desde la Alt LIt, hasta la literatura emergente venezolana. Hablamos de sus orígenes, de sus pensamientos, de sus proyectos, de feminismo y de mucha literatura. Carmen nos ha enamorado.
1. Hola Carmen… hemos estado al pendiente del trabajo que vienes haciendo en la página web de La tribu de Frida, es un trabajo increíble, ¿podrías contarnos cómo nació la idea, de dónde surge esta búsqueda literaria?
La idea de La tribu de Frida nació, principalmente, de un estado de desarraigo. Una parte de mí se sentía arrancada de la vida, derrotada. La otra, quería hacer cosas. Estábamos a las puertas del verano, acababan de despedirme de una librería después de un año entregada completamente al oficio de librera y me sentía en la nada más absoluta. Quería viajar. No. Quería vivir en el extranjero. Fugarme de mi pequeño pueblo para no volver. Lo máximo que conseguí fue comprarme un billete de ida a Cancún. Y empezar a editar una web en secreto durante un mes. Al principio no tenía nombre. Y de repente una tarde, creo que una tarde de domingo, mientras estaba tumbada en el sofá mirando al techo, se me ocurrió. Se llamaría La tribu de Frida y tendría un carácter feminista. Y como una torpe hormiguita, pasaba las horas delante del portátil tramando cómo sería. La lancé en junio y, por suerte, desde el principio tuvo su público.
Ya tenía un blog desde hace años “Los temores de la señora V”, un espacio más personal donde colgaba textos propios, pero estaba cansada de tanta intimidad. Necesitaba crear un lugar donde invitar a gente querida, admirada, interesante a compartir sus textos y pasiones. Fundar una tribu. E intentar recuperar las voces de mis escritoras preferidas, muchas de ellas, no tan conocidas para los lectores.
La primera persona que confió en mí fue la escritora argentina Ariana Harwicz. Una tarde me escribió un mensaje por Facebook hablándome de su próxima novela La débil mental. Ella había leído una extraña reseña que yo escribí hace tiempo en “Los temores de la Señora V” y pensó que este nuevo libro podría gustarme. Aquella misma noche, después de recibir La débil mental en pdf e imprimirla en casa, terminé de leer la novela y le propuse una entrevista para la web. Ella aceptó y así empezó todo. Mantuvimos una estimulante correspondencia virtual durante días. Ella me escribía desde su casa en el campo en Francia. Yo le escribía desde mi pueblo. Las dos igual de desorientadas, curiosas y entusiastas. En aquel momento –incluso, ahora- no dejo de preguntarme, ¿esta es la vida que quiero vivir? Supongo que una parte de mí desea que cada lector que llega a la tribu se sienta parte de algo, menos desorientado. La otra parte tiene la vocación de reivindicar la escritura de las mujeres.
2. Hemos tenido noticia también de tu revista Blusa, así que tu trabajo se extiende al de editora, ¿qué tal ha sido la experiencia como editora? Y por supuesto, cuéntanos más de este proyecto.
Lo más maravilloso de Internet es no saberse solo. Si me preguntaseis si me considero apocalíptica o integrada según la clasificación de Umberto Eco, os diría, sin dudarlo, que apocalíptica. ¿Por qué? Desde que hago un uso cotidiano de Internet, eso quiere decir, desde que no puedo pasar más de una hora sin mirar la pantalla de mi iphone, escribo menos, leo menos, voy con más prisas, me cuesta concentrarme, tengo ansiedad, sufro. Solo hay una cosa que me salva: conocer a personas con las que emprender; gente que sin Internet quién sabe si hubiera conocido. Una de esas personas es la poeta Sara Herrera Peralta, mujer inquieta y romántica. Debo decir que el primer paso lo di yo con un email: ¡hagamos una revista feminista! Y como todos sabéis, su respuesta fue afirmativa. Gracias a la red, Sara y yo hemos creado Blusa, una revista feminista de creación y ensayo en homenaje a Clara Emlich y a todas las mujeres que han luchado por la igualdad a lo largo de la historia. Blusa es una revista feminista porque creemos muy necesario hacer visible el trabajo de las creadoras y trabajar día a día para conseguir la igualdad de género. ¿Y por qué no hacerlo desde la cultura?
El trabajo de editora me apasiona. Os confieso que llevo años queriendo serlo. Siempre pensé que para ello había que cumplir alguno de estos requisitos: estudiar uno de esos máster en Barcelona o Madrid imposibles de pagar para alguien como yo; tener mucho dinero; tener padrinos que te avalen; o las tres cosas: máster, dinero y contactos. Como nunca he tenido ninguna de las tres, he ido renunciando a la idea durante años. Pero Internet me está ayudando a retomarla. Pienso en Aníbal Cristobo, editor de Kriller71 o en Ana Llurba, editora de Honolulu Books… me consta que ninguno de los dos cumple los requisitos, pero son personas inteligentes, brillantes, trabajadoras. Gente que se esfuerza a diario en un trabajo que no le gusta nada, que nada tiene que ver con el sector editorial y que invierten el poco dinero que les queda en editar libros en papel. ¿Hay algo más valioso que esa entrega vocacional a la literatura?
Supongo que la edición es tarea para kamikazes. Lo más que arriesgo en Blusa es mi tiempo y ganas, pero os adelanto que tengo en mente crear una editorial feminista: La tribu. Ya cuento con personas dispuestas a escribir, traducir y diseñar. Estoy haciendo números y, de momento, no terminan de cuadrar, pero esperamos que pronto el primer título de La tribu pueda ver la luz. De alguna manera, editar es recomendar lecturas, compartir el placer de leer con otros. A eso aspira La tribu. Y, por supuesto, a crear un catálogo de lecturas básicas para la supervivencia feminista. Me gustaría remitiros a las palabras de Alba González Sanz, poeta e investigadora, en un artículo que se publicó hace poco en La tribu de Frida sobre La otra genealogía de Sara Torres: “Toda literatura que haga saltar las costuras del lenguaje del amo, las relaciones de dominación y, además, dé nuevas pistas de otros modus vivendi derivados de nuevos modus dicendi es en suma mucho más interesante e innovadora que el eterno recuento de las cuitas, polvos y metafísicas de un estándar señor occidental o de una no menos estándar femme fatale o mala víbora.”
3. Hemos encontrado en la red poesía de Carmen G de la Cueva, no conocemos tus proyectos personales, cuéntanos sobre estos, ¿en qué vienes trabajando? (por favor, danos algún link, si lo hay, para conocer más tu obra)
Esta es la pregunta que más me cuesta responder. Supongo que mis proyectos personales los he ido dejando de lado por temor, por pudor, por insatisfacción. Desde que comencé a escribir, he estado empezando y terminando dos poemarios: Ceniza en los labios y Diario del temblor. En el primero, cuento la historia de mi familia: un bisabuelo encarcelado durante la Guerra Civil española; una bisabuela matriarca que sacó a cinco hijos adelante; una abuela y una tía, niñas todavía, obligadas a dejar la escuela por ser hijas de un rojo; el recuerdo de un padre cubierto de sangre y pulgas. En Diario del temblor narro una crónica personal sobre un período bastante terrible de mi vida. Una historia sobre la pérdida, los ansiolíticos y las enfermedades del cuerpo que terminan contaminándolo todo. Ambos proyectos permanecen inéditos. Muchos me preguntan por qué no los sacó del cajón. Supongo que todavía no me siento preparada. Hace un par de días se me vino a la cabeza la idea de no publicar nunca. ¿Para qué? Mi escritura es un ejercicio de memoria. A los veinte sentía la ansiedad de publicar. Cada vez la siento menos. Se publican tanto malos poemarios, tantos poemas temibles que nadie recordará… Siendo honesta, me da miedo que lo que escribo no le interese a nadie.
4. Hay algo que es muy marcado, tanto en la página de la Tribu de Frida, como en la revista Blusa, y es el feminismo, quisiera que nos contaras sobre aquello, ¿crees que la literatura creada por nuevos autores mujeres (en los perros románticos, o la alt lit) está influenciada por este pensamiento en alguna medida o tal vez no? ¿qué es el feminismo para Carmen?
Si pienso en la Alt Lit o en Los perros románticos, no creo que el feminismo sea una de las características de las escritoras que forman estos dos grupos. Creo que el feminismo está prácticamente en el lado opuesto de la Alt Lit. El feminismo es una actitud crítica, activa; la Alt Lit se define, en su mayoría, por la pasividad y la desidia. Pero hay excepciones. Quizá las que más se alejen de eso sean Gabby Bess y Joshua Jennifer Espinoza porque ambas tienen una preocupación por lo que implica ser mujer, por descubrir a través de la escritura si existe algo que caracterice a la identidad femenina. Tampoco creo que el feminismo sea una cuestión que preocupe a las escritoras que conforman Los perros románticos. Entiendo que les inquieta el hecho de ser mujer, tener un cuerpo, amar o sufrir, pero al mismo nivel que les puede llegar a preocupar la soledad, la enfermedad, la muerte o Internet.
Concibo el feminismo como una lucha, una manera de estar en guardia, una cualidad más, una necesidad de dejar que penetre en cada cosa que hago (escribir, editar) como acción que puede llegar a transformar el mundo, el espacio social. No es algo de lo que pueda deshacerme. ¿Por qué es importante el feminismo? Es una manera consciente de estar en el mundo. Y si algunos de los que me leen todavía tienen dudas, les diré que el feminismo sigue siendo muy necesario por varias razones: para poder decidir sobre nuestro propio cuerpo, para poder acceder al poder y seguir reivindicando derechos. Si me preguntas cuáles te diré, por ejemplo: la equiparación de sueldos y la conciliación laboral. ¿Más? ¿Te has preguntado cómo viven las mujeres en otros países? Por ejemplo, México. Hablemos de las muertas de Ciudad Juárez. Hablemos de Pakistán y de cómo a Malala Yousafzai le dispararon por reivindicar la educación de las niñas. No nos vayamos tan lejos, quedémonos en España. ¿Cuántas veces tuvimos que salir a la calle hasta que Gallardón dimitiera y no se aprobara su Ley del aborto? Quizá estos casos os parezcan extremos. ¿Y si nos paramos a pensar en las presiones a las que las mujeres estamos sometidas y nos sometemos? La talla, el vello corporal, la búsqueda perpetua de la juventud, la maternidad… Estamos huérfanas de referentes que nos ayuden a enfrentarnos a la dura tarea que sigue suponiendo ser mujer en un mundo gobernado por el patriarcado. El feminismo te ofrece una conciencia crítica para valorar la sociedad y cierta libertad para decidir y moverte sin sentirse tan influenciada ni sometida a los cánones.
5. Carmen, ¿qué es lo mejor que te ha sucedido en lo que va del año?
El descubrimiento de Hijos de la Ira de Dámaso Alonso. Encontrarme a mí misma en este poema y sentir que la literatura sirve, al menos, como abrigo:
se van quedando estupefactos,
mirando sin avidez, estúpidamente, más allá, cada vez más allá,
voltean la cabeza a un lado y otro lado,
sí, la pobre cabeza, aún no vencida,
como si no quisieran perder la última página de un libro de aventuras,
casi con gesto de desprecio
volver con despectiva indiferencia las espaldas
a una cosa apenas si entrevista,
que agitan con angustia los brazos por fuera del embozo,
cual si en torno a sus sienes espantaran tozudos moscardones azules
o cual si bracearan en un agua densa, poblada de invisibles medusas.
escupen al Dios que los hizo
y las cuerdas heridas de sus chillidos acres
atraviesan como una pesadilla las salas insomnes del hospital,
hacen oscilar como viento sutil
y cortan el torpe vaho del cloroformo.
Algunos llaman con débil voz
las pobres madres, las dulces madres
entre cuyas costillas hace ya muchos años que se pudren las tablas del ataúd.
que el moribundo hable de viajes largos,
de viajes por transparentes mares azules, por archipiélagos remotos,
y que se quiera arrojar del lecho
porque va a partir el tren, porque ya zarpa el barco.
(Y entonces se les hiela el alma
a aquellos que rodean al enfermo. Porque comprenden.)
que pasan de un sueño rosado, de un sueño dulce, tibio y dulce,
Ay, era ese engañoso sueño,
cuando la madre, el hijo, la hermana
han salido con enorme emoción, sonriendo, temblando, llorando,
para decir: « ¡Duerme tranquilo, parece que duerme muy bien!»
... Oh sí; las madres lo saben muy bien: cada niño se duerme de una manera distinta...
Pero todos, todos se quedan
Ojos abiertos, desmesurados en el espanto último,
ojos en guiño, como una soturna broma, como una mueca ante un panorama grotesco,
ojos casi cerrados, que miran por fisura, por un trocito de arco, por el segmento inferior de las pupilas.
No hay mirada más triste.
Sí, no hay mirada más profunda ni más triste.
Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto
en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?
Ah, ¿qué habéis visto en ese instante del encontronazo con el camión gris de la muerte?
No sé si cielos lejanísimos de desvaídas estrellas, de lentos cometas solitarios hacia la torpe nebulosa inicial,
no sé si un infinito de nieves, donde hay un rastro de sangre, una huella de sangre inacabable,
ni si el frenético color de una inmensa orquesta convulsa cuando se descuajan los orbes,
ni si acaso la gran violeta que esparció por el mundo la tristeza como un largo perfume de enero,
ay, no sé si habéis visto los ojos profundos, la faz impenetrable.
Ah, Dios mío, Dios mío, ¿qué han visto un instante esos ojos que se quedaron abiertos?