Nuestro coche. Un Jaguar I-PACE. Me da que Molly, yo y Noa, vamos a ser la envidia de Godric’s Hollow con este bólido...
Es un crossover eléctrico premium. Este crossover 100% eléctrico mide 4,67 metros de longitud, casi lo mismo que su hermano de combustión interna, el Jaguar F-Pace. El Jaguar I-Pace tiene un diseño digno de un prototipo, con detalles muy futuristas. Sus llantas pueden tener tamaños de hasta 22 pulgadas, siendo 19 pulgadas el tamaño de llanta más pequeño de la gama. Al no verse limitado por el packaging de un coche de combustión interna – motor y caja de cambios – el diseñador Ian Callum pudo concebir un coche con una batalla larga y voladizos muy cortos. Es un coche en el que el énfasis en el rendimiento aerodinámico es clave: tiene un coeficiente de penetración de sólamente 0,29, excepcional para un coche de tipo crossover. Este rendimiento aerodinámico no sería posible sin la calandra, cuya parte superior deja pasar el aire hacia el capó, dirigiéndolo hacia el techo. Un pequeño spoiler deja pasar parte del aire hacia la ventanilla trasera, cuya caída es digna de un coupé. Un pequeño labio aerodinámico evita que se formen turbulencias en la zaga, que parece cortada a cuchillo. Al igual que ocurre en el Range Rover Velar, las manillas de las puertas se pueden enrasar en la carrocería, aportando un diseño más limpio. El Jaguar I-Pace tiene una batería de iones de litio y 90 kWh de capacidad, una de las más grandes del segmento crossover. Está situada en el doble fondo del coche, bajando de forma sustancial la altura del centro de gravedad del coche. Pesa más de 600 kilogramos. Esta batería alimenta a dos motores eléctricos de 200 CV, situados en cada eje del coche. El resultado es un coche con dos motores eléctricos, 400 CV de potencia combinada y 696 Nm de par máximo. Gracias a la tracción total permanente, es capaz de hacer el 0 a 100 km/h en 4,8 segundos, una cifra más propia de un vehículo deportivo. El Jaguar I-Pace homologa una autonomía de 480 km según el ciclo WLTP. Es una cifra elevada, y es una de las más altas del mercado para coches eléctricos. Aunque un cargador rápido es la solución ideal para cargarlo, un wallbox de 7 kW será la opción preferida de recarga doméstica por muchos de sus usuarios finales. Con esta solución, recargaremos la batería en unas 10 horas, aproximadamente. Por supuesto es un coche equipado con frenada regenerativa, cuya intensidad podemos escoger, ofreciendo deceleraciones de hasta 0,4 G y la posibilidad de conducirlo con un solo pedal.














