Te conocí y vi mi vida entera, mi futuro y mi hit del verano.
Walt
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
taylor price
No title available
cherry valley forever
Sweet Seals For You, Always

Discoholic 🪩
🪼
todays bird

izzy's playlists!
occasionally subtle
Today's Document
AnasAbdin
Claire Keane
trying on a metaphor
Peter Solarz
hello vonnie

No title available

❣ Chile in a Photography ❣
No title available

祝日 / Permanent Vacation

seen from Australia
seen from Germany
seen from Australia
seen from Türkiye
seen from Portugal
seen from United States
seen from Germany
seen from United States

seen from Türkiye
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Italy
seen from United States
seen from United States
@molly--weasleyii
Te conocí y vi mi vida entera, mi futuro y mi hit del verano.
Walt
Mi fiel amigo y compañero Diesel. Su nombre le debe el honor a que a mí me guste tanto la firma de moda italiana. Es un pitbull y tiene 8 años.
El antes y ahora de mi mejor amigo, Oak, nacido el 4 de febrero del año 2030
Rainer habla sobre sus bisabuelos y sobre la muerte de su padre, fallecido durante la primera ola de Covid-19 en el año 2020. Después de hacer un breve resumen de su vida hasta ahora, se acuesta revelando que en sueños será otra persona.
—Va a haber una guerra. —¿Y teme usted a la guerra? —He estado en muchas, pero en ninguna he visto las bombas. —Entonces no ha estado en tantas.
“Me ha parecido verle poner una cara rara, seguramente habrá pensado que he robado el dinero, pero a mí me da igual. Salgo de la panadería con los dos bollos en la bolsa cuidando que no se rompan y sigo mi camino por el suelo empedrado de mi ciudad natal, esa ciudad que ya no Me ha parecido verle poner una cara rara, seguramente habrá pensado que he robado el dinero, pero a mí me da igual. Salgo de la panadería con los dos bollos en la bolsa cuidando que no se rompan y sigo mi camino por el suelo empedrado de mi ciudad natal, esa ciudad que ya no sale de la cama, apenas se mueve, y casi siempre soy yo el que tiene que preparar cualquier comida a cualquier hora del día. Me pierdo en esos pensamientos, en esos recuerdos que son como una punzada en el corazón, la sonrisa de Cormac, sus carcajadas, lo loco que estaba por una de las chicas que aparecía en la portada de una de sus revistas de chicas desnudas que tenía escondidas bajo la cama… Me acuerdo de lo feliz que estaba porque la chica que le gustaba, le había dado un beso en la mejilla. Sonrío al recordarlo y me paro cuando al mirar hacia delante veo que he llegado al portal. Siempre está abierto, por eso solo tengo que empujar con el lado derecho de mi cuerpo para entrar. Enciendo la luz y recorro el corto pasillo hasta las escaleras, subiendo uno a uno los peldaños que tanto crujen bajo mis desgastados zapatos. Me paro en la puerta, la letra B, y miro la bolsa que llevo en la mano derecha sin poder evitar relamerme los labios. Jamás he probado un bollo como ese y ahora tengo dos, me ruge el estómago y las ganas de comerme al menos uno son infinitas, pero sé que si lo hago, no tendré la suerte que quiero tener, por eso dejo de mirar con rapidez a esa bolsa, como si al hacerlo rápido se me quitaran las ganas de comerme esas dos carlotas rusas, y llamo a la puerta con la mano libre”.
“La soledad es mi patio de recreo. Cuando no hay más que silencio en casa y el ruido del barrio sonando abajo, yo soy la reina. Creo que es una suerte tener un padre borracho que gaste sus horas en el bar por el que podemos pagar nuestros gastos. Tanta suerte como que mi madre no se preocupe de mí ni un solo momento. Esa es la mejor libertad. Pero la soledad y el silencio se ven rotos cuando alguien llama a la puerta. Apresurada, doy la última calada al cigarrillo que he conseguido con tanta facilidad, y lo apago en la suela de mi zapato de tacón, para esconder después lo que me sobra debajo de la almohada y así poder seguir fumando más tarde. No es extraño que alguien llame a mi puerta, como tampoco lo es que entren al portal: la casa de Cairenn McCourt siempre está abierta a todos. Es algo que se sabe por el barrio. Dejo mi habitación atrás t recorro la poca distancia hasta la puerta de casa, la cual abro ansiosa esperando encontrar a cualquier chico del pueblo con una sorpresa para mí a cambio de mis encantos pero, al encontrarme a Michael Andoni al otro lado, me da un vuelco dentro. No será el más alto, ni el más rico, ni el más afortunado, pero es Andoni, Michael Andoni. Al principio me le quedo mirando a los enormes ojos. Le saco una cabeza, pero tiene sitio aquí de sobra. Me percato de que trae una bolsa que sé reconocer mejor que mis propias bragas. Así que empujo la puerta con mis dedos para que se abra del todo.- Un bollo a cambio de un trabajo manual. Dos y te hago hombre en un minuto. -Le digo sin ningún preámbulo”.
Michael y Caireen (Flashback)
Departamento de Protección a la Mujer
Sub-división del Departamento de Seguridad Mágica (o departamento de la Ley de la Aplicación Mágica) del Ministerio de Magia Británico aprobado el 3 de mayo de 2031 de acuerdo al Decreto Mágico Oficial del Estatuto contra la Violencia a la Mujer en un pleno del Wizengamot encabezado por Joanne Westmoreland.
Este nuevo departamento establece nuevas normas para el cumplimiento de la ley mágica por parte de los magos y brujas defendiendo los derechos de las mujeres brujas, squibs y muggles que conviven con magos o con muggles que ejerzan violencia contra cualquier bruja o squib.
Una nueva ley de protección a todas las mujeres que el Ministerio de Magia debe proteger si no puede hacerlo la ley muggle. Además de conceder al mundo mágico el poder de juzgar los delitos cometidos contra la mujer bruja o squib quedando a manos del Ministerio de Magia decidir sobre el castigo impuesto por ley al hombre muggle.
Stuart Carrington es Jefe del Departamento de Protección a la Mujer y precursor del movimiento del Estatuto contra la Violencia a la Mujer en defensa de los derechos de brujas, squibs y muggles que convivan con un mago o squib.
Carteles colocados por Ashley y Stuart en toda la escuela y en la aldea de Aldeiaxé
Uniforme de Castelobruxo.
Las túnicas verdes son tanto para hombre como para mujer. Bajo estas, un Vestido camisero medieval para ellas y para ellos casaca y pantalón. Ambos llevarán botas diseñadas para el campo
“La imaginación de un niño es el único lugar sin fronteras del mundo”
— Roxanne Weasley
“Te he dado el alto sin pronunciar palabra, daktari. Pero no he necesitado ser médico, ni apuntarte con un arma. -te miro a los ojos.- No es torpeza. He sido yo.”
— Anoona Essien (via alanrichardson)
“Esta mañana he estado en la sala comunitaria, donde disponen de un televisor que he estado viendo entretenida con los dibujos animados que seguramente tenían puestos a propósito para algunos niños que estaban visitando a sus madres y disfrutaban en la sala. Me estaba divirtiendo, mientras comía un yogur por primera vez con cuchara, algo que me ha resultado muy difícil y extraño y he terminado dejando por imposible acabándome el yogur vaciándolo en mi boca aunque he tenido que exprimir el envase.
Toda la diversión que me estaban dando esos dibujos ha acabado de golpe cuando han cortado la emisión para dar un avance informativo de la desaparición de una periodista británica que ha sido secuestrada en la guerra de Siria. Todo es miseria en el mundo y hasta la televisión se ocupa de recordarlo. Ni la realidad paralela que podría encontrar en algo que me había ilusionado me salvaba un poco del miserable mundo que nos rodea. Así que me levanté de esa sala y me fui a la habitación.”
Alan: -Tu forma de mirarme, tus sonrisas espontáneas, tu forma de hablarme en algunas ocasiones… Tú también querías besarme y yo no lo sabía, pero al final has sido tú quien me ha dado el alto en un pasillo para besarme. Enredo mi lengua a la tuya sintiendo como la tuya tropieza, como se resbala de entre mis labios, con los que yo la retengo.. Me agarras fuertemente del chaleco, como si fuera tu salvavidas, y yo siento como todo mi cuerpo empieza a cambiar, como el calor empieza a sustituir la temperatura corporal que tenía hasta ahora, como mi sexo reacciona a este beso que nos estamos dando en mitad de un pasillo. Aprieto tus caderas con mis manos, sintiendo su forma en éstas, y te empujo suavemente con mi cuerpo sin dejar de besarte, sin dirección, sin rumbo, sin saber a dónde ir, pero con las ganas de llevarte a cualquier otra parte-.
Anoona: -Atrapas mi lengua entre tus labios haciendo que no se escape de estos. Yo la empujo hacia el interior para unirme de nuevo a tu lengua, la cuál siento suave y mojada con una textura distinta a todo. Tu saliva me sacia la sed y el calor que me haces sentir me eleva a las alturas. Yo no quiero soltarte y tu a mí tampoco. Me agarras con fuerza las caderas y me empujas con tu propio cuerpo consiguiendo que me mueva de mi lugar. Te me escapas de la boca, por donde se me va la respiración agitada. Cambio el rumbo de nuestro beso al ladear el cuello al otro lado, con la fatiga cortándome el aliento y un intenso ardor placentero entre mis piernas.-
Alan: -Siento como empujas la lengua hacia dentro de mi boca, y con ello vértigo, un placentero vértigo que hace que mi respiración se pierda entre tus labios. Cuando te empujo, siento que pierdo tu boca, la misma por la que se te va la respiración, en un sonido que me excita y hace que me quemen las venas. Saberte excitada por mi causa, me excita aún más a mí. Noto como cambias el rumbo del beso, y ladeo la cabeza en dirección contraria a la tuya, notando tu respiración encima de mi labio inferior, y en mis mejillas cuando mueves el rostro, una respiración tan alterada como la mía. Subo las manos para meterlas bajo tu camiseta, sintiendo el calor que desprende tu sudorosa piel, tan suave como el algodón, y te pego un poco más a mí-.
Anoona: -No quiero desprenderme de ti aunque tampoco podría. Te me has colado dentro como lo hace el oxígeno en cada bocanada de aire al respirar. Mi labio inferior está entre los tuyos y tu lengua bajo la mía. El borde de tus dientes rozándome me estremece tanto como la sensación de estar dentro de ti en un beso. Tu sensualidad y placer se fusionan con cada terminación nerviosa de mi cuerpo, pero tus manos acariciándome bajo mi camiseta, me contraen los músculos y me bloquean. Por un momento, siento miedo. Miedo a esos recuerdos que me dañan desde el pasado y dejaron en mi cuerpo las huellas del dolor. Mis manos sueltan tu chaleco para ir raudas a tus muñecas deteniendo la caricia de tus suaves manos a mi piel. La excitación, apoderándose de mí, me fatiga cuando mis labios se alejan de los tuyos y te miro a los ojos haciendo lo posible por controlar el temor y anteponerte a ti por encima de todo. Pero necesito verte, necesito parar y necesito aliento.-
Alan: -Te estoy besando, siento que caigo en un precipicio del que no tengo salida… Por fin te beso, por fin hago míos tus labios, por fin te acaricio la piel, pero entonces tus manos rodean mis muñecas parando esa caricia, deteniéndome, dando el alto. No me esposas pero siento que lo haces, mientras dejo mis manos quietas bajo tu ropa. Escucho el sonido de nuestro beso al romperse, y siento latir mis sienes, al mismo tiempo que abro los ojos, sintiendo que estaba dentro de un sueño, que acabo de despertarme y estoy delante tuyo en mitad de un pasillo de un hospital. Pero no es un sueño, no puedes respirar, tienes las mejillas encendidas, los labios ligeramente hinchados por el beso que nos estábamos dando y brillantes por nuestra saliva, la mirada distinta… No estaba soñando, era real aunque no lo pareciera. Trago saliva mirándote en silencio, notando como mi pecho sube y baja con dificultad porque apenas puedo respirar. Me estás mirando y yo te estoy mirando a ti, en silencio, sin poder articular ni una sola palabra, porque me has robado todo con este beso que me ha cogido por sorpresa-.
Anoona: -Tienes lo labios enrojecidos, más gruesos, brillantes por la saliva. Tus pupilas parecen dilatadas y el deseo de tu mirada puede palparse. Estás tan agitado como yo y sumido en alguna parte que no es aquí. Me fijo en el movimiento de tu pecho al respirar y recorro con la mirada tu cuerpo percatándome de tu marcada excitación bajo el pantalón. Un escalofrío me tensa de cabeza a pies. Tengo tus muñecas en mis manos y en juego una caricia detenida. Siento un ligero temblor en mi pulso porque recuerdo aquella última vez bajo el cuerpo de un hombre y algo en mi interior todavía tiembla de miedo y odio. Pero tú no eres él. Tú no eres así. O al menos yo quiero creer que no. Tú me has hecho perder el miedo, tú has sido el único hombre que me ha besado, tú me has hecho tener fe…- Bésame, daktari. -Pido aflojando la fuerza en tus muñecas porque necesito probar qué puedo sentir aunque haya puesto una barrera entre tú y yo porque no tengo fronteras, pero sí miedo.-
Anoona: -Te veo bajar la mirada y yo levanto el mentón observándote. Me paro en seco en mitad del pasillo con la esperanza de que, si no andas atento, te choques contra mí y, si no, reiré al ver tu cara si no consigues entender por qué me detengo.
Alan: -Sonríes y a mí se me eriza la piel de los brazos, juraría que hasta se me eriza el alma carente de piel. Me hace gracia lo que me cuentas sobre los dibujos, porque me resulta muy tierno. Yo también he visto dibujos alguna vez, todos lo hacemos aunque seamos mayores. Te oigo hablar del mundo, mientras yo me fijo en tus rodillas, son perfectas, marcadas a través de la piel de un bonito color. Tus muslos se me antojan suaves, al igual que tus pantorrillas-. Yo no lo veo así… -Digo sobre el mundo, y cierro los ojos cuando me choco contra ti, lamentando no haberme dado cuenta de que te habías parado a tiempo, por lo que siento arder mis mejillas, y río abriendo los ojos-. Perdona… Soy muy torpe. -Digo tratando de excusarme, sintiendo lo deprisa que me late el corazón en este momento.
Anoona: -Me guardo tus palabras para responderte, pues me mentalizo de ese posible choque de ti contra mí. No tarda en suceder. Estaba preparada para este impacto, por lo que me agarro a tu chaleco con fuerza para no caer hacia atrás, haciendo fuerza con los pies en el suelo aunque me hago daño con la fricción de la ajustada tela ya que las zapatillas me están pequeñas.- Tú ves los colores del arcoiris. -Respondo viendo lo bien que me quedas en sostenido por mis manos, con tus ojos verdes casi a la misma altura que los míos, como tu risa, que me toca la piel antes que los oídos. Mirándote a los labios se me para el latido del corazón.- Te he dado el alto sin pronunciar palabra, daktari. Pero no he necesitado ser médico, ni apuntarte con un arma. -te miro a los ojos.- No es torpeza. He sido yo.
Alan: -Siento la fuerza con la que te agarras a mi chaleco, seguramente para no caerte por mi culpa, y escucho lo que me dices sobre el arcoíris-. Y tú deberías hacer lo mismo. -Digo mirándote a los ojos, sintiendo mi corazón acelerándose, mientras sostienes mi mirada. Miras mis labios y yo siento que me quedo sin aire. Entonces me dices unas palabras que me ponen los pelos de punta, la manera en la que las pronuncias, hacen que sienta una corriente eléctrica recorrerme la espina dorsal, pero sobre todo lo último que me dices, mirándome a los ojos-. Sí, has sido tú. -Digo sin decirte nada más, es cierto, has sido tú, tú te has puesto en medio de mi camino, en todos los sentidos.
Anoona: -Tus palabras me hacen sonreír, pues quieres que vea los colores del arcoiris aunque mis grises están más presentes en todos mis días. Nunca antes he estado tan cerca de un hombre por voluntad propia, como lo estoy de ti ahora. Nunca antes he sentido el impulso de las ganas, el placer de quedarme sin habla, los latidos veloces de un corazón que nunca ha sido querido… Nunca he sido besada. Siempre me han tratado como a una presa, una pieza de carne cazada en la que desfogar el ansia de yacer con una hembra… me lamían y mordían, me abofeteaban y me ultrajaban. Tú te pareces al cielo y yo quiero besarlo. Inclino mi rostro ladeando el cuello para poder alcanzar tus labios con los míos y, cuando rozo esa suavidad de tu piel, me estremezco con un escalofrío que me lleva a apretar más mis dedos en la tela de tu chaleco. Puedo respirarte así de cerca, pero nada se parece al instante indefinible en el que poso mis labios en los tuyos, abriéndolos al caliente contacto para hundir mi lengua entre ellos. Sabes distinto a todo lo que he probado.-
Alan: -No me hablas, solo me miras y eso hace que mi corazón se acelere más, que el vello de mi piel se mantenga erizado, que los músculos de mi espalda estén tensos, al igual que los de mi abdomen por tratar de respirar mejor, o más bien de disimular que no puedo hacerlo. Entonces veo que ladeas el cuello inclinando el rostro, y antes de que tenga tiempo de hacer nada, siento tus labios en los míos, un suave roce cálido y sensual que me estremece el alma, y me corta del todo la respiración. Siento la fuerza con la que te agarras a mi chaleco y cierro los ojos, dejando que tomes mis labios, apreciando la textura y suavidad de los tuyos, libres de maquillaje. Mi corazón da un respingo cuando noto como tu lengua se cuela entre mis calientes labios, y yo respondo a esa caricia, ladeando un poco el rostro, y atrapando tu cálida y húmeda lengua con la mía, atándome a tus labios, al mismo tiempo que pongo mis manos en tus caderas, sintiendo el tacto de tus pantalones cortos en mis manos. Al besarte me doy cuenta de que me moría de ganas de hacerlo, y de que ahora ya no hay vuelta atrás porque tienes mi corazón en tus carnosos y suaves labios.
Isobel: Callum, quiero decirte algo.
Callum: Dime.
Isobel: Me gustas mucho, Callum.
Callum: A mí también me gustas mucho tú. Así que… Estamos empatados.
“Hay un problema… Estoy casada…”
— Isobel Slora
El pequeño Adou, mi hijo
//Adou es el hijo de Anoona Essien, gracias por elegir un FC tan bonito @anuessien