La media naranja y el miedo a la soledad
La pes(c)adilla que se muerde la cola.
Como bien comentan Amada Traba y Chis Oliveira en ám@me (librazo por cierto): “el mito de la media naranja versa acerca de esta especie de simbiosis que forman dos personas, como si de verdad tuviésemos la necesidad de una pareja para respirar, formando un todo indisoluble.”
Y, ¿por qué tenemos esta necesidad? Creo que desde la infancia desarrollamos (nos inculcan, especialmente a las personas que nacen con vulva) la incapacidad de disfrutar de la soledad como un estado de creatividad, goce, posibilidad de introspección y capacidad de dejar a un lado la nostalgia, entendiendo como tal aquellos pensamientos recurrentes que surgen en situaciones de soledad donde los protagonistas vienen siendo otras personas (total, que camuflamos la soledad física con acompañamiento mental).
Este cóctel contribuye a que abandonemos nuestra individualidad y el espacio propio en prol del amor. Esto genera dependencia emocional que puede derivar en una relación sustentada por la inseguridad personal, haciéndonos inútiles a la hora de superar una ruptura sin la ayuda de otra relación. Vuelta a empezar.
Es una pes(c)adilla que se muerde la cola.
A cuántes no nos han dicho alguna vez frases tipo: “¿y tú tan sola aquí?”, “te vas a quedar sola todos esos días”, “la pobre está sola viviendo la cuarentena”, “ “a este paso no vas a encontrar pareja y te vas a quedar sola”.
Oye, que hasta estando acompañada te lo pueden soltar, véase dos féminas de fiesta en un local, abordadas por dos heterobásicos que entran a escena con un original “estáis las dos aquí solas?”.
Soltar este tipo de frases debería estar contemplado en el código penal.
Convertir la soledad en un estado de bienestar es elemental para construir autonomía, autoconocimiento, separación y distancia entre el “yo” y el “nosotros”. Contemplar todo esto significa exigir a los demás que sean nuestros acompañantes en la existencia, no que se peguen con superglú y absorban el alma.
No quiero ser tu media naranja, quiero compartir el estante de la frutería contigo.















