2015.
Prometí no volver a abrir aquel libro, pero por un momento me olvidé de haber hecho aquella promesa…
Encontré el libro por ahí, en esa sección de mi librero a la que no acudo, estaba polvoriento, pero intacto, lo abrí y comencé a hojear, a escoger una página al azar y enfrentarme con lo que saliera…
Me topé con esas noches en las que te comencé a querer, esas noches en las que descubrí que estaba solo y que tu compañía llenaba ese espacio, esas noches en que te comencé a dar el lugar que ahora ocupas en mi vida, en que esperaba con ansias tu llegada, y que cuando al fin te aparecías, mi corazón de gozo se llenaba.
Empecé a leer tus diálogos y recordé el porqué de mis sentimientos, tus palabras me inundaban el pensamiento, me llenaban con trozos de tu ser, entre las líneas me susurrabas lo que realmente eras, y yo pude descifrar tan sublime acertijo…
También me salté al capítulo en que te dejé conocer mi verdadero ser, al ser solitario y depresivo que solía ser, volví a recordar cómo me diste todo tu apoyo aquella vez, como me alentaste a no rendirme nunca…
Avancé mucho más, y llegue al capítulo donde empecé a desearte con frenesí, cuando quise hacerte la dueña de mis noches, en las que lo único que quería era tenerte más cerca de lo que ya te tenia, esas noches en las que me preguntaba cómo sería tu lado salvaje, en que quería conocer cada parte de tu ser…
Me dirigí a la última parte del libro, la letra era un poco ilegible, parecía la escritura de alguien nervioso, combinada con lágrimas, y ahí recordé lo que había pasado…
Las cosas cambiaron porque yo también lo hice, me volví otro, un desconocido, al menos así supongo lo vieron tus ojos…
Pero era mi deber hacerlo, no quería esconderte aún más aquel secreto, no aguante más y en medio de la desesperación, lo solté…
Me sentí culpable y entre en un ciclo de paranoia que nublo mis pensamientos e hice cosas sin pensar…
Por fortuna mía, aquel libro no acabo allí, todo mejoró y la letra volvió a pintarse tan alegre como solía serlo, por fortuna, llegaron otros libros, en donde seguís plasmada, no desapareces de la escena y seguís siendo la protagonista hasta el día de hoy, que se sigue escribiendo esta historia de la que no te escapás…
— J. A. C.












