Summary: Francine nunca miraba hacia atrás, ni siquiera cuando alguien le llamaba la atención, pero había algo de esa chica rubia que no podía ignorar.
Relationships: Nyo!FrUK
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Word Count: 2303
Language: español
Si bien debía admitir que Marianne era una gata perezosa, consentida y tal vez demasiado empalagosa, nadie podría negar que estaba muy bien entrenada. De tal manera, a Francine la entretenía a más no poder cuando las personas en la calle la miraban raro por sacar a caminar a la adorable felina.
Al igual que su dueña, Marianne era elegante, delicada y caminaba moviendo sus caderas orgullosamente. Le gustaba que ataran un enorme moño celeste alrededor de su cuello, el cual lucía coquetamente cuando su Francine la llevaba a caminar. Su pelaje largo y blanco se veía suave e impecable, mientras que sus grandes ojos azules brillaban intensamente.
Se podría decir que las mascotas se parecían a sus dueños cuando uno miraba a Francine, quien parecía tan refinada y bella, que casi se pensaría que se dirigía a una gala, incluso con su ropa para realizar caminatas. Inevitablemente, se le escapaban sonrisas cuando notaba los gestos embobados tanto en los hombres como en las mujeres quienes las miraban pasar.
Así, normalmente realizaba sus caminatas cerca de las cinco de la tarde, después de trabajar. Se aseguraba de llevar un bolso pequeño con una botella de agua, bolsas en caso de que Marianne dejara algún desecho (aunque estaba consciente de que era demasiado delicada como para hacerlo en público), su cartera, su celular y un spray de pimienta.
Jamás negaría que le enorgullecía cuántas veces le habían pedido su número telefónico o la habían invitado a salir durante una de sus caminatas. Así, una de sus reglas era esperar a que se le acercaran primero, incluso si la persona le atraía, pues disfrutaba profundamente sentirse deseada, le fascinaba la idea de mantener el control en sus relaciones en ese sentido. De tal modo, una de sus principales reglas era nunca seguir con la mirada a alguien que le pasara a su lado, sin importar cuán atractiva fuera la persona. Por eso, cuando no pudo evitar voltear la cabeza para mirar a la rubia de ojos verdes que caminó junto a ella, prácticamente arrastrando un Fold escocés que le gruñó, tuvo que detenerse un momento para replantearse sus acciones y sus normas. Incluso le pareció que Marianne se le quedó viendo, perpleja.
Siempre supo que debería haber entrenado a su miserable gato desde que era más pequeño, pensó mientras Anarchy le dedicaba una mirada que casi parecía burlona desde el otro lado de la sala de estar. También debería dejar de realizar apuestas estúpidas con Amelia, probablemente.
Tomando una gran bocanada de aire, se abalanzó sobre el felino, quien de inmediato reaccionó e intentó huir de su dueña; no obstante, Alice fue lo suficientemente rápida como para colocarle la pechera, la cual estaba atada a una cuerda larga, para llevarla a pasear. Así, ignorando los chillidos del miserable gato, se dispuso a salir de su apartamento.
Prácticamente arrastrándolo, se apresuró a tomarle una fotografía. Ignorando a la gente que miraba el pobre demonio chillar, comenzó a caminar por la acera. Se aseguró de grabar un video con su celular como evidencia, y maldijo en voz baja mientras más pensaba en que tendría que repetirlo por el resto de la semana.
Si tan solo no hubiese estado tan ocupada detestando a Amelia por sus retos absurdos y a sí misma por rebajarse a la inmadurez de su hermana menor, habría notado a la hermosa mujer que se encontraba mirándola como si fuera una obra de arte en un museo. De igual manera, se habría percatado de que el pobre Anarchy había quedado tan impactado con la belleza de cierta gata, que empezó a caminar normalmente.
Sin darle mayor importancia a la situación, Alice procedió a colocarse sus audífonos para ir cantando en voz baja las canciones que posteriormente llegaría a practicar con su banda. Anarchy, en cambio, continuó caminando, procurando lucir lo más elegante posible y preguntándose si sus brillantes modales podían impresionar a la majestuosa bestia blanca.
A Francine definitivamente no le enorgullecía saber que se había apresurado para terminar lo más pronto posible su trabajo para estar segura de salir a la misma hora que el día anterior y así cruzar la ruta exacta. A Marianne le daba igual, mientras pudiera lucir su lazo celeste, por lo cual se vio obligada a sisearle a su dueña cuando le colocó un moño rojo. La francesa supuso que así se vería más llamativa, y se sintió ridícula.
Una vez que salió de su casa, decidió que lo adecuado sería mantener la cabeza en alto y disimuladamente fijarse en ambas aceras si se acercaba la misma muchacha del día previo. Estaba imaginando las posibles formas de iniciar una conversación con ella y de pedirle su número sin que fuera incómodo, cuando se le ocurrió que nunca le había llamado la atención una persona que luciera como ella.
Francine siempre se había enorgullecido de su gracia y buen gusto, por lo cual solía asegurarse de que sus intereses amorosos solieran utilizar ropa formal y de marca, que claramente se notara que cuidaban bien su piel y su cabello con productos especializados y que se encontraran en forma. Así, no entendía por qué la chica le atraía tanto, tomando en cuenta su cabello largo y rubio sucio, sus tatuajes visibles y su manera de vestir punk. Incluso le pareció que los huecos de su camisa no eran intencionales.
Al estar demasiado ensimismada en su análisis sobre la apariencia de la chica, cuando la mencionada pasó caminando a su lado, no logró reaccionar a tiempo como para poner a prueba alguno de los planes que había ideado para ese punto. Resignada a que tendría que intentarlo de nuevo, volvió a mirar atrás e inconscientemente sonrió al realizar contacto visual con su gato.
Anarchy estaba muy molesto. Estaba fúrico, realmente. Había cooperado mucho mejor que el día anterior para que su humana le colocara esa estúpida prenda para sujetarlo. Procuró caminar de la manera más agraciada posible, aunque sintió que probablemente lucía ridículo. Su humana le dirigió una mirada extrañada, mas se distrajo colocándose esos aparatos extraños para sus oídos.
Una vez que había visualizado a la hermosa bestia blanca, comenzó a maullar para que su dueña le prestara atención y le permitiera acercársele con el fin de establecer un diálogo con tal belleza; no obstante, ella continuó moviendo la cabeza de lado a lado. En su desesperación, intentó llamarla una y otra vez, pero ella ni siquiera se dignó a mirarlo.
Habría caído en una profunda desesperación cuando la gran bestia blanca los pasó si no fuera porque la humana de esta se volteó para mirarlos. Primero se sorprendió, pues no esperaba que los hubiese notado a él y a su dueña, pero cuando se le ocurrió que esa humana alta y de cabello del color de los árboles podría estar en la misma situación que él, un plan comenzó a formularse en su cabeza.
Además de lo que normalmente llevaba en su bolsito, se encargó de incluir un par de galletas para gatos. Habían pasado un par de días desde que la primera vez que se topó con la chica rubia y su Fold escocés, y el día anterior, mientras volvía a hacer contacto visual con el condenado gato, tuvo una idea. Podría sacar discretamente una galletita, moverla para llamar su atención y así conseguiría encontrar la manera de dirigirse a ella.
Entonces, le colocó la pechera y el lazo a Marianne, le dio una galletita y salieron de la casa para seguir la misma ruta. Iban a la mitad del recorrido cuando notó una cabellera rubia en medio de la multitud. Discretamente, metió su mano en la bolsita hasta encontrar una de las galletas. Estaba a punto de sacarla, cuando pudo ver su figura claramente y notó que el gato se había sentado y se rehusaba a moverse. Era su oportunidad.
–Anarchy, maldita sea, levántate. Ya hemos hablado de esto –dijo la chica, claramente frustrada ante la desobediencia del animal.
Francine apreció cuán adorable lucía con el cabello recogido en dos colitas, mientras se apresuraba para acercársele. Marianne le dedicó una mala mirada, pues prácticamente la llevaba arrastrada para ese punto.
–Disculpa, ¿tienen algún problema? –preguntó amablemente. La chica dirigió sus grandes ojos verdes en su dirección, con lo cual pudo apreciar que era incluso más bella de lo que creía.
–No quiere caminar. Llevaba varios días sin causarme problemas, no entiendo qué le pasa –respondió, en un tono de voz particularmente serio e inexpresivo. Calzaba con ella, de alguna forma.
Empezó a mirar dentro de su bolso nuevamente, en busca de las galletitas. Mientras tanto, notó que Marianne estaba mirando al Fold escocés, moviendo la colita. Decidió no darle importancia, pues ella no solía interactuar con otros felinos. Una vez que encontró el pescadito, se inclinó para entregárselo al gato en cuestión y acariciarlo.
Procedió a levantarse, aun mirando al gatito. La chica lo observó durante un momento, para entonces mover su correa. El felino no tardó en levantarse, dispuesto a continuar con su caminata.
–Muchas gracias –habló, sin quitarle la vista de encima–. ¿Cuál es la marca de esas galletas?
No hubiese pensado que estaba contenta, si no fuera porque logró notar una diminuta sonrisa que colgaba del borde de sus labios.
–Ah, ahora no lo recuerdo. Tendría que volver a mi casa y fijarme –coqueteó con ella. O al menos esperó que la chica entendiera sus intenciones.
De nuevo, la otra la miró fijamente a través de sus lentes, pero en este caso asintió y sujetó con más firmeza la correa. Ladeó la cabeza, confusa ante su reacción.
–Está bien, vamos.
Una sonrisa iluminó su rostro inmediatamente. Sujetó la correa de Marianne, quien le dedicó una mirada llena de confusión: no estaba acostumbrada a que se devolvieran tan rápido. No obstante, debía admitir que le agradaba Anarchy, quien se había presentado muy educadamente ante ella. Para su sorpresa, incluso le llamaba la atención su aspecto desaliñado.
Se voltearon para dirigirse nuevamente a su vivienda. La chica se había quitado sus audífonos y estaba viendo hacia el frente, dedicándole una que otra mirada de reojo. Cuando Francine consideró apropiado empezar una charla casual, la rubia habló otra vez.
–Eres una mujer muy hermosa –comentó. La francesa se volvió de inmediato para observarla, sorprendida por lo directa que era. Tenía la vista fija sobre ella, como si la estuviera inspeccionando–. Me llamo Alice Kirkland. Trabajo en la biblioteca pública y tengo una banda.
Sonrió, echándose una risilla ante la inesperada formalidad. Deslizó un mechón de cabello detrás de su oreja antes de responderle.
–Soy Francine Bonnefoy. Trabajo como diseñadora de modas –se presentó, sonriendo. Alice asintió, seria–. También pienso que eres bellísima.
Alice ladeó la cabeza. Desvió la mirada un momento, como si estuviera pensando. Francine se mordió la mejilla por dentro, preguntándose si sería muy pronto para pedirle una cita.
–¿Tienes algo que hacer esta noche?
Aparentemente, no.
–No, hoy estoy libre. ¿Por qué?
Sintió una pizca de orgullo en su pecho al percatarse de que el orden natural de las cosas había vuelto, puesto que ahora era la otra quien la estaba invitando a salir. Sonrió, satisfecha de que su plan hubiese funcionado.
–Mi banda toca en un bar cerca del centro. Podrías llegar un rato y nos quedamos a tomar un trago, ¿te parece?
Francine podía señalar al menos 34 puntos que normalmente le indicarían que debía retirarse ahí mismo y no mirar atrás. Ah, nunca siquiera había ido a uno de esos bares del centro, aunque sus mejores amigas, Isabella y Julchen, insistían en que no estaba tan mal. En la mayoría de sus salidas juntas, bebían en la casa de alguna y ella les preparaba aperitivos para compensar. Es solo que esos lugares lucían tan ruidosos, sucios y poco refinados.
Para su sorpresa, se sintió genuinamente emocionada de ir al bar a verla presentarse. Aunque tuviera que sentarse en una de esas mesas llenas de chicles y en que cabía la posibilidad de que alguien se hubiese desmayado. Por supuesto, no tenía idea de si la chica cantaba o tocaba un instrumento, pero en definitiva quería averiguarlo.
–Sería un placer, Alice.
Miró a su derecha y descubrió que acababan de llegar a su casa. Se volteó para preguntarle a su acompañante si quería entrar, pues no quería incomodarla o presionarla de ninguna manera, pero ella ya estaba esperando frente a la puerta. Sonriendo, sacó las llaves de su bolso y la abrió, para entonces indicarle que podía pasar. Alice le agradeció y entró junto con su gato, no sin antes limpiarse los pies en la alfombra de la entrada.
Tras dejar pasar a Marianne y quitarle la pechera, la gata fue en busca del fold escocés, quien en ese momento estaba inspeccionando la sala de estar con su dueña. Supuso que las mascotas realmente se parecían a sus dueños. Cerró la puerta, pensando en ofrecerle una copa de vino, mas al entrar a la misma habitación que ella, se topó con que los dos felinos se encontraban acariciándose mutuamente.
–Hacen una linda pareja –observó Alice, quien aún no había tomado asiento. Le pareció divertido que fuera tan directa, pero tan educada al mismo tiempo–. Anarchy no está castrado, lo recogí de la calle hace poco, cuando aún era muy pequeño.
–Marianne tampoco. Justo estaba pensando en llevarla la próxima semana –admitió.
La expresión de las dos mujeres se suavizó cuando Marianne empezó a lamer el rostro de Anarchy, el cual ronroneaba tiernamente.
–Casi nunca ronronea así.
Francine y Alice se mantuvieron unos segundos más mirando a los felinos, y una sonrisa cómplice apareció en el rostro de ambas cuando realizaron contacto visual. Bueno, estaba bastante segura de que ninguna de las dos esperaba ser abuela tan joven, pero uno nunca puede predecir las vueltas de la vida, ¿no?
There’s nothing more beautiful than drawing a gay mermaid falling in love with a gorgeous chick. I really like this AU and I won’t let it die if I can do it. I like how I drew Alice, but I think I could do Marianne better. Well.
England frowned France hadn’t shown up to the meeting, normally she would show up first thing or at least call in if she couldn’t make it but there was no call for this meeting. The Brit frowned as she picked up her stuff and headed out, planning to go to the French woman’s home to make sure they were alright. Once out of the line of sight of the other nations England rushed to France’s home, the door was unlocked causing a sinking feeling in the brit’s stomach. She ran up the stairs to find the French woman splayed out on the floor whimpering. Sweat causing her light chocolate curls to stick to her forehead. She was still in her pajamas, meaning she had been stuck on the floor all day. That would explain why she hadn’t called she was too ill to get to the phone.
“Francine… honestly, you need to take care of yourself more…” the brit sighed as she struggled to get the French woman back onto her bed. As she did this Francine whimpered weakly and contorted her pale face, a feverish blush painted her cheeks and her pajamas were soaked with sweat meaning she had a high fever. England frowned as she heard the French woman mumble “Alice why are you here…?”
“isn’t it obvious you never showed up to the meeting so it was my job to check in on you” Alice replied curtly as she grabbed a thermometer and put it in the French woman’s mouth and waited till the thermometer beeped “you have a 39 C degree (102.2 F) fever… you need to rest I’ll go make you some soup…”
Francine paled “A-Alice I have some canned soup you can heat up, no need to fret about me…” she waved her hand in front of her face and smiled weakly causing Alice to pout and crossed her arms knowing why Francine said that “but canned isn’t as good as homemade”
“o-oui but it’s faster right?” Francine replied causing Alice to admit defeat and nodded before going to make the soup. Once done she helped feed Francine who had difficulty mustering the strength to eat it alone. She then slowly fell asleep as Alice tended to her fever till it broke late into the night. She sighed and curled up next to Francine knowing it was too late to take the train home, but at least she helped Francine to feel better.