Hace años, una chica del Este me regaló este pájaro. Me dijo que en su cultura el alma se representa como un pájaro, mensajero entre mundos, y que estas figuras de madera se cuelgan como protección. Desde entonces lo tengo conmigo, suspendido, observando, recordándome que el alma también sabe volar.
El ojo protector del Mediterráneo se llama mati, que significa ojo, literalmente. Me lo regaló mi hermana, traído de Grecia o de Chipre, no lo recuerdo bien. Allí se cree que la mirada protege, vigila, cuida el espacio y desvía las energías tensas. Me gustó esa idea de una mirada que no juzga, sino que vela.
Así se unen dos memorias distintas: la del Este, donde el alma vuela, y la del Mediterráneo, donde la mirada protege. Suspendidos, silenciosos, como un pequeños guardianes entre mundos.














