La cama no se encontraba hundida a pesar de que la silueta de un hombre fornido se encontraba sentado sobre ella. Sus codos descansaban sobre sus piernas y su mirada fija en la puerta de aquella vacía habitación. Si estuviera vivo podría sentir su corazón palpitar en el momento en que la manija de la puerta se movió, con la esperanza de ver a quien en vida tanto amo y con quien no pudo dejar las cosas en claro. Su alma no podía descansar por eso. Entonces el rubio hundió la cama en su propio peso ya materializado en cuanto Weston cruzo el umbral. Estaba tan perdido que no notó su presencia, esperaba si poder verse. -Hermano.- susurró suavemente, como si no quisiera asustar al menor, aunque estaba seguro que con solo el tono de su voz reconocible para él, sería posible que su hermano terminaría convirtiéndose en algún animal para defenderse de lo ahora desconocido. Le sonrió con una tristeza incontenible, como si sus ojos azules marchitos revivieran. -Te extraño y no había podido descansar. Perdóname por todo, juro que estas en todo tu derecho de enojarte, pero no he podido cruzar de este mundo sin pedirte perdón.- se acercó al rubio, deseando tocarlo, pero Chris simplemente se iba haciendo más transparente de lo normal, como si se estuviera desapareciendo. -No quería dejarte solo de pequeño, menos ahora, pero uno nunca puede doblegarse ante un maldito enfermo, aunque eso fuera mi propia muerte.- Entonces estiro su mano, deseando el menor la tomará para poder sentirlo antes de desaparecer.
Weston se quedó parado debajo del marco de la puerta, aun con las llaves del departamento entres su dedos, tan frías que los dedos le temblaban un poco, aunque aquello podría deberse a escena frente sí. Él, desde hace mucho tiempo, dejo de permitir que esa clase de situaciones le afectaran, en parte porque, de poco en poco, dejo de creer en sus emociones, luego de que Christopher se fuera y arruinara su relación con Aspen, no se consideraba apto para controlar todas las emociones, por lo general desataba sus instintos animales, se convertía en la bestia más grande y destructiva, rompía lo que estuviera a su paso hasta ni siquiera poder respirar y se quebrara, por eso se vio tentado a volver sobre sus pasos y desaparecer en la esquina del pasillo, enfrentar el gélido invierno de Nueva York porque eso era mucho mejor que enfrentarse a la esfera inestable de sentimientos. Por él, al menos quien parecía ser y sí era realidad, le dijo que lo extrañaba y le pidió una disculpa. Weston sintió el alma caerse a los pies, solo porque para él no era así, se sentía culpable por no extrañarlo. Se acostumbre tanto a su ausencia que en el momento de su muerte era como volver a su niñez, cuando la persona que más admiraba desapareció de su vida de un día a otro, sin ninguna explicación, ni absolutamente nada, por ese entonces hubiera dado cualquier cosa porque volviera, pero ya no era un niño pequeño, y lo único que llego a sentir fue la infinita tristeza, de pensar que Christopher era la única persona en su familia que valía la pena rescatar, la tristeza por todas las cosas que él no llego a ser y por lo que ellos nunca más sería. Y Weston estaba atorado ahí, lidiando con un millón de fantasmas de lo que nuca fue, claro, se arrepentía de no haber arreglado las cosas en vida, sin embargo, era lo que era, inclusivo, si lo hubiera hecho estaba seguro que la persona que conocía alguna vez ya no existía, no el hermano mayor que alguna vez tuvo, ya no era ni su héroe ni su modelo a seguir, solo una persona más. A fin de cuentas, siempre tuvo la sensación de estar corriente detrás de fantasmas. Tragó en seco. El mundo parecía estar girando más a prisa, no obstante, en esa habitación estaba la prueba de que siempre queda algo para ser recordado. Se fijó en la manera en que él extendía su mano hacia en su reacción, en como parecía nada más un holograma salido de una película de ficción. En ese momento tampoco estuvo seguro, pero pensó que debía hacerlo por ese niño pequeño, por yo de hace muchos años, solo entonces encontró el coraje suficiente para hacerle frente, avanzó la distancia que los separaba, quizá nunca le diría todo la verdad, lo mucho que lo odio, lo egoísta que pensaba que era y que, de hecho, seguía pensando que era una idiota, pero si esa era la última vez que se veían, solo por una vez, deseaba hacer las cosas bien –Christopher- pronuncio, lentamente, como si hubiera olvidado la forma en que sonaba aquel nombre en su voz. Posteriormente, estiro los dedos hacia su figura, tocando la mano del ajeno, a lo mejor era su imaginación y nada más, pero pudo jura que sintió un hormigueo cálido en la piel. Se dio cuenta de que ya no estaba enojado, ahí solo quedaba la nostalgia. –No es tu culpa ser un idiota. Te perdono, está bien.- Weston apretó los labios en una mueca parecido a una sonrisa, espero que entendiera, espero que pudiera irse a donde fuera que sea, espero que de alguna manera eso fuera lo que necesitaba.