"Por mi Estimado"
[One-Shoot]
Uruguay estaba en su habitación mirando al techo. Se sentía frustrado por más de una razón.
La principal era que la persona a la que más quería estaba siendo cortante y frío con él.
-¿Uruguay?- lo llamó su hermano mayor, Paraguay.
-¿Si?- respondió sentándose en la cama y agarrándose los pequeños rollitos de grasa que se habían formado al sentarse.
-Vamos a ir a la playa, aprontate- dijo sin entrar en la habitación y el oriental pudo oír como se alejaba.
Odiaba ir a la playa, por raro que eso sonara.
Odiaba la arena entre sus pies, era tremendamente desagradable a su gusto, y le traía muy malos recuerdos.
El sonido del mar lograba relajarlo, pero le daba dolor de cabeza si lo oía mucho tiempo.
El viento frío que no dejaba de soplar haciendo contraste con las altas temperaturas lo sacaba de quicio.
El resumen...
Odiaba la playa.
Pero debía ir.
Salio de su cama y se puso su traje de baño porque solo in imbécil rematado iría a la playa con ropa normal si va a estar ahí por horas, y se puso su remera de estampado tropical, un viejo regalo de Estados Unidos de cuando fue a Nueva York ese año.
Cuando salió de su cuarto pudo ver a Argentina saliendo del suyo con un olor a repelente tremendamente fuerte, por lo que supuso dos cosas: que los mosquitos se lo habían comido por la noche, o que había una cucaracha en algún sitio.
-¿Todo bien flaco?- preguntó riendo ligeramente al ver la cara de cansancio del mayor.
-No, los bichos de mierda me re comieron anoche...- gruñó para luego soltar un bostezo.- Espero no enfermarme puta madre...
-Vos tranqui- le sonrió y bajaron los dos al primer piso de su pequeña casa, en la cual se encontraban Paraguay y Guinea Ecuatorial echandose bloqueador entre ellos.
Otra cosa que Uruguay odiaba.
El bloqueador.
No le molestaba en si, pero como su piel era blanca como la nieve era difícil saber por dónde habían pasado el protector y por donde no, y muchas veces terminaba más rojo que Chile y con dolores insoportables por las quemaduras.
Tras prepararse salieron a la playa, que quedaba relativamente cerca de donde vivían, y Uruguay se sentó bajo la sombrilla mientras los demás corrían al agua.
-¿Uruguay? Que curioso, crei que no le gustaba la playa...- dijo Venezuela sentándose a su lado y sorprendiendo al menor, que no se esperaba a nadie.
-No me gusta, pero los cabeza de pija con los que vivo me obligan- suspiró y miró las olas.- Y hasta donde yo sabía a vos tampoco te gusta mucho el mar...
-Estoy en las mismas que usted -agarró un puñado de arena.- ¿Y cómo van las cosas?- le preguntó mirandolo con sus ojos grises.
-Depende de de qué estés hablando la respuesta que te puedo dar.- tosió un poco al sentir un fuerte olor a marihuana ser traído por el viento, y el venezolano no tardó en toser como él. Ambos odiaban las playas por eso también. La gente fumando.
-Supongo que me refiero al sentido amoroso y físico- lo miró con tranquilidad recostandose en una toalla.- ¿No era usted el que me lloraba porque lo estaban tratando feo?
-Ah...eso...¡Yo nunca te lloré!- le dió un golpe riendo ligeramente.
Eso era totalmente cierto.
Uruguay era de los pocos países que lloraban poco o nada en cualquier tipo de situación. Solamente un país lo vio llorar, y eso había sido hacia más de cien años.
-No si no...bueno, hable marico o le tiro arena literal
-Bueno, bueno, calmate...-suspiró y se sirvió un mate, haciendo una pequeña mueca por lo amargo que estaba al ser el primer sorbo.- En lo físico ando bien, estoy re mamado...ahre ojalá, ¡mirá esta panza!¡En nada me dicen a mi La Gorda!- suspiró.
- Mínimo no le dicen muerto de hambre- levantó una pierna y trató de tapar el sol con su pie.
-Supongo... y en el amoroso ando re cagado jaja, no me quiere dar pelota- rió un poco triste y luego miró al otro.- Pero me sorprende que no te moleste que me guste él...
-Ese chamo ya no es un carajito, puede hacer lo que quiera con su vida, al igual que el otro- se encogió de hombros y se sentó mirando al otro.
-Supongo...- suspiró- mientras tanto, yo dudó si la gente no se me acerca porque le tiene miedo a Paraguay o porque no soy interesante- suspiró más amargo que su mate.
-Ya chamo, cálmese- sonrió y miró al mar entornando la vista.
-¿No te trajiste tus lentes?- preguntó alzando una ceja.
-No, nadie con sentido común lleva sus lentes a la playa, lo reconocí solo porque su piel deslumbra pero mal- respondió suspirando- Veo un coño, apenas puedo ver su carita de Ángel bien...
-Maricon- sonrió y le dió un beso cariñoso en su mejilla, haciendo al otro sonreír.
-Solo por usted...- guiñó un ojo.
-Pero no homo
-No homo
Siguieron hablando un buen rato, levantándose y mirando a veces al mar y a veces a las dunas, de un modo bastante agradable para ambos.
Eso duró hasta que Paraguay salió del agua con una aguaviva en las manos y se la tiró a los dos que hablaban con tranquilidad, haciendo que saltasen y huyeran de donde estaban, para luego volver enojados y perseguir al chileno riendo por media playa hasta que se cansaron.
-¡Bien loco!¡Al fin te movés!- rió el argentino mirando al uruguayo.
-¿Me estas diciendo gordo?- preguntó mirandolo ofendido.
-Si vos fueras gordito ya te hubiera hecho asado, ¿no crees?- sonrió.
-...¿estas diciéndome que sos caníbal?
-Este loco...- rodó los ojos.
-¿Eso es un si?- sugirió Colombia, que se acercaba al ver a Venezuela con ellos.
-¡No!¡No me comería a mi hermano!- gritó un poco fuerte y Paraguay puso una mano en su hombro.
-¿Eso fue doble sentido?- susurró con tono frío.
-¡No la puta madre!- trató de pegarle una piña al paraguayo.
-Igual no somos hermanos de sangre...- susurró el menor mirando como sus hermanos se cagaban a piñas.
-¿No lo son?¿Llevo vivo 200 años y nunca me enteré de eso?-Colombia miró al rayado con una mirada indignada y ojos increíblemente cansados. Se parecían a los de Venezuela en ese sentido, pero eran azul oscuro y no grises claro.
-Colombia, los países no nacemos de parto, creía que ya sabías eso- se sorprendió el venezolano.
-Pues no, nadie se molestó en decírmelo nunca y yo nunca me lo pregunté- respondió con algo de enojo mirando a los dos frente a él.
Siguieron discutiendo un rato hasta que llegaron Panamá y Ecuador a buscar a sus hermanos y volver a su hogar debido a que ya era medio día y el sol pegaba con fuerza increíble.
Uruguay y sus hermanos recogieron sus cosas y volvieron a su casa. Lo primero que hizo el oriental al poner un lie en la casa fue dirigirse a la ducha y poner su estimado Cuarteto de Nos a sonar mientras se sacaba la arena del cuerpo y se limpiaba la esencia marina. O eso fue hasta que descubrió con dolor la quemadura fuxia que tenía en el hombro.
Estaba disfrutando de lo más tranquilo hasta que Argentina aporreó la puerta gritándole que saliera.
-¡Flaco me estoy bañando!- le gritó el oriental molesto sacándose el jabón del cuerpo.
-¡Llevás media hora en el agua!¡Me vas a dejar con agua fría- respondió desde el otro lado de la puerta.
-¿Te acabás de bañar en el mar y me venís a decir que te molesta el agua fría?- el menor apagó el agua y miró a ver si había toallas.
-¡Vos salí!
-Ta, ta, ya va...- se puso a la cintura la única toalla que vio, que resultó tener estampado uno de los escudos de un club de fútbol, y salió del baño con todos los pies mojados. Argentina entró y cerró la puerta, haciendo que el oriental soltase un suspiro y caminaste a su cuarto.
-Oye...- Uruguay volteó a mirar y vió los ojos gris claro de Ecuatorial en los suyos.
-¿Si?- se volteó a mirar al menor, pero este apartó la vista y negó con la cabeza.
-No, nada- le sonrió y caminó a su habitación, dejando al oriental confundido en el lugar.
-¿No te vas a vestir?- le preguntó Paraguay subiendo las escaleras con un tereré en la mano y su bañador en la otra.
-¡Eso va para vos!- se alejó de su hermano nudista y se puso unas bermudas y una remera suelta que tenía, y luego se asomó al balcón que había en su cuarto y miró hacia el jardín.
De pronto se sintió inspirado y una sonrisa apareció en su rostro, volviendo a entrar a su habitación, y de ahí se sentó en su escritorio, tomando una pluma y una hoja y escribiendo con una tranquila sonrisa:
"Mi estimado:
Espero sinceramente que algún día tus ojos se posen en los míos con aquel cariño inocente que nos teníamos en antaño, y que de algún modo parece arruiné. Se que no estás en tus mejores momentos, amado mío, pero todo mejorará y ya lo verás. Yo también en su momento daba todo por perdido, tratando de sobrevivir a dos enormes potencias tratando de matarse a mis lados todo el tiempo, pero ahora soy un país que, si bien es poco reconocido, esta mucho mejor que las grandes potencias en muchos sentidos. Si yo pude salir adelante siendo la mierda que era, tú podrás también, así que no te angusties por eso.
Amor mío, de verdad deseo fervientemente que no te aflijas más por lo que sea que cause que tu sonrisa ya no sea la misma, que tus ojos no brillen, y que tur labios no me dirigan la palabra.
Se que nunca leerás estas cartas, pero en ellas al menos mi corazón puede descargar el peso que siente al verte todos los días, tan hermoso como la vez en que te conocí.
No se por que gasto tinta todos los días en ti, ni por qué me gasto pensando en alguien inalcanzable, pero mi corazón, de no existir estas cartas, estallaría de dolor y amargura, sumiendome yo en el más profundo de los pesares.
Espero que mi persona no te esté molestando, mi amado, porque de ser eso, me alejaré de ti, de tus hermanos, te los míos y de todos para vivir en soledad sin perturbar tu paz.
Espero que tengas una maravillosa tarde y, ojalá, vida.
Siempre tuyo
Uruguay."
Tras escribir eso releyó su carta con una sonrisa más nostálgica y luego caminó hacia su ropero y sacó una caja de zapatos en la que guardaba sus cartas a esa persona, las cuales nunca enviaría ya fuese por uno u otro motivo. Tras añadir su carta al montón, la volvió a guardar y se sentó en su cama.
Le dolía enormemente el hecho de no ser bueno usando la tecnología.
Era de esas personas que lo único que saben hacer en el teléfono es buscar una imagen y mandarla, y quizás mandar un mail, pero demorar horas en hacerlo. Era totalmente incapaz de mandarle a su amado un texto en celular. Lo único que él hacia en la pantalla era buscar cosas en plan de "Piolín de buenos días" y mandarlas a los demás deseando haberles aunque sea sacado una sonrisa.
¿Por qué le dolía tanto?
Por dos cosas.
La primera era que aquel que se había hecho dueño de su corazón prefería mil veces las cosas en pantalla, y la otra era que no le gustaban las cursilerías.
Trató de apartar su mente de aquellos pensamientos y sus ojos se posaron en una vieja pintura de quien sería su "Padre": el Virreinato del Río de La Plata.
Quizás no era un hombre particularmente guapo, pero por lo que recordaba que la gente decía de él, él era un hombre bastante generoso y comprometido, e incluso amigable y testarudo, pero nunca lo conoció en persona como para confirmarlo.
A su mente no tardó en volver el pensamiento de que su bienamado no quería saber ni que seguía vivo. Uruguay suspiró y abrazó su almohada, preguntándose que había hecho para que de golpe su amado dejase de prestarle atención y de "jotear" con él.
Tanto pensaba en aquello que le afligía que no se dio cuenta de que las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas. No hizo nada por contenerlas, de todos modos, estaba completamente solo, y pensaba dejar de llorar en breve, pero entonces a Paraguay se le ocurrió la genial idea de entrar a buscar sus medias de sandías a la habitación de su hermanito, y abrió la puerta de una patada, haciendo que el oriental se sobresalta se y girase a mirarlo.
Los dos quedaron en silencio.
Paraguay se encontraba impactado al ver a su hermano con los ojos rojos y llorosos y su rostro húmedo, y Uruguay miraba con temor creciente al otro, tratando de cubrirse el rostro ni bien reaccionó, pero cuando lo hizo, el paraguayo ya corría a abrazarlo con preocupación al ver que su hermano, al cual no veía llorar desde la Triple Alianza, estaba en aquel estado.
-¿Que pasó?¿Que te hicieron?-le preguntó rodeandolo con sus fuertes brazos en modo cariñoso y protector, acariciando su rostro y haciendo que el menor correspondiese y morderse su labio inferior tratando de dejar de llorar.
-Nada...no es nada...- trató de sonreír cuando el contrario tomó so rostro entre las manos, pero sus labios se negaron a hacer el gesto y cerro los ojos con fuerza, dejando salir aquellas lágrimas con amargura.
-Nidi ni is nidi- Paraguay le abrazó de nuevo y el menor escondió su rostro en su hombro, soltando quejidos e tupidos por culpa del llanto.
Su dolor solo fue en aumento.
Le vinieron a la mente más cosas de las que necesitaba para estar triste en aquellos momentos, y sus ojos se desbordaron en lágrimas, y s habitación se llenó con sus llantos.
Todo aquel ruido terminó llamando la atención de los otros dos habitantes de la casa, que al ver al paraguayo abrazando al rioplatense y a este llorando de modo bastante amargo en su hombro, decidieron acercarse y unirse al abrazo.
De golpe un grito de dolor desgarrador resonó por toda la casa.
Uruguay comenzó a temblar y sus llantos ya no eran solo eso.
Soltaba gritos del dolor que sentía por todo.
Y es que hacia años que no derramaba una lágrima y mantenía su sonrisa calmada y cansada, pero al final, todo aquello que había estado sosteniendo sobre sus hombrose se cayó en él y terminó por arañar un poco la espalda del paraguayo inconscientemente, de lo realmente desesperado que estaba.
Tenía miedo.
Se sentía triste.
Tenía dolor e inseguridades.
Pero sentía sobre todo una necesidad de que lo calmaran.
No le gustaba ni un poco la fata de autocontrol que estaba presentando en esos momentos. Era como si su cuerpo eligiese por sí mismo el como moverse y actuar. No podía dejar de soltar llantos y amargo sollozos, no podía dejar de aferrarse a su hermano, no podía dejar de temblar, tiritar y tensarse cada dos segundos. Su mandíbula tiritaba y se sentía agotado, sus ojos ya le dolían de lo mucho que había llorado, y sus manos fueron aflojandonsu agarre, pero su dolor no se había ido.
Quizás ahora se sentía más calmado o tranquilo, pero sus lágrimas no iban a hacer que aquel en quien no dejaba de pensar le prestase algo de atención.
Aquel pensamiento le oprimió como plomo el pecho y un montón de lágrimas volvieron a inundar sus ojos.
Paraguay, Argentina y Guinea Ecuatorial abrazaban al rayado sin realmente saber que más hacer para calmarlo al ser tan poco habitual que el oriental se derrumbase de ese modo, y cuando notaron que se le estaba pasando de a poco y el cansancio le ganaba al resto de emociones, lo recostaron con cuidado en su cama.
-N-N-No me de-ejen...- sollozó al ver que tenían intenciones de dejarlo solo.
-Voy a buscarte algo para que tomes- le dijo Argentina saliendo de la habitación, y Guinea Ecuatorial le limpió con cuidado sus lágrimas.
Uruguay, por su parte, comenzó a sentir extremadamente pesadas sus piernas, luego los brazos, hasta que apenas se podía mover de lo agotado que había quedado.
Argentina le ayudo a tomar un vaso de jugo y poco tiempo después sus párpados ya no pudieron más y se cerraron, dejando que, en cosa de pocos segundos, el oriental se sumiese en un sueño tranquilo.
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Me costó un puto mundo hacer este One-Shoot sin que Tumbr me borrase la mitad del borrador, pero se pudo ಥvಥ
Espero que les haya gustado porque puse sangre sudor y lágrimas en él ಥ‿ಥ
Sacaré una secuela de esto algún día, pero no será pronto :'D












