La versión larga tenía que ir a algún lado
Mi vida empezó un miércoles lluvioso de julio hace dieciocho años. ¿Será ese un dato sustancial en mi vida? No lo sé. Sé que nacer a mitad de año me hizo la más grande de mi clase durante toda la escuela, me hizo ser del signo cáncer, y la víspera en la que nací produjo que todos mis cumpleaños sean al compás de la lluvia cayendo. No significa esto que nacer el 7 de julio de 1999 sea la razón por la cual tomé siempre un rol protector con respecto a las personas que me rodeaban, ni por la cual decidí que las tormentas que se desataban en cada día importante de mi vida iban a ser algo positivo en vez de una desgracia, pero fueron detalles que marcaron mi personalidad cuando reaccioné de determinada forma a ellos.
De mis cosas favoritas que encuentro almacenadas en mi cabeza sólo tengo lugares, momentos específicos, personas cuyo nombre no sé. Las personas que realmente pasaron por mi vida no son algo que recuerde por placer, pero es lo que se me pidió contar en este texto. Que no sea sorpresa que la mayoría sean cosas malas.
Al año de haber nacido, mis papás optaron por mandarme a un jardín maternal. Mi única gran hazaña en ese lugar fue ser reconocida por escaparme siempre del aula para ir a la oficina de la directora, me gané su afecto y al finalizar mi permanencia ahí me hizo una carta para que lea cuando creciera, diciéndome que iba a extrañar darme galletitas con mermelada mientras los otros nenes cantaban con su profesora correspondiente. Años después me contactó por facebook para decirme que me quería mucho. Pienso en esto como el inicio de una afinidad con los adultos que sigue vigente hasta el día de hoy. Me llevo bien con ellos. Con los profesores que me lo permitieron generé un buen vínculo como alumna, todos se entusiasmaron en motivarme a explotar mi potencial en su materia y hasta el día de hoy la mayoría me pregunta sobre qué hago de mi vida. Es importante para mí hacer que los adultos que admiro estén orgullosos de mí.
Desde los dos hasta los cuatro años fui a un jardín del que no recuerdo más que la entrada, en donde había un arbusto grande con florcitas color lila que siempre me gustaba tocar. Ahí conocí a mi mejor amiga de la infancia, a la que cambiaron de colegio al mismo tiempo que a mí para pasarnos a la misma escuela. El Angel Acopello. Me acuerdo de mis compañeritos, me llevaba bien con todos ellos y las maestras me querían, aunque solía hacer travesuras bastante seguido. Me acuerdo de cinco cosas de esa época: recibir mi primer carta de “amor” de uno de mis compañeros, que otro me mordiera el dedo tan fuerte como para que se vea la carne y tenga que ir al hospital y después enterarme de que era porque gustaba de mí y eso me pareció muy ilógico, de ver una tarántula gigante en una granja a la que nos llevaron y no poder dormir sola por dos semanas después de eso, estar tan concentrada en estar jugando con un hisopo que tenía que usar para dibujar que cuando le conté a mis amigos de la mesa a los gritos lo que había hecho todos me miraron en silencio y la profe me retó adelante de todos, y robarme una tijera del escritorio de otra profesora porque quería un recuerdo.
También a esa edad pasaba muchísimo tiempo con mi mejor amiga. Me acuerdo vagamente de su casa, de su familia y de momentos con ella pero lo más significativo para mí fue cuando la agarré de los pelos y no quería soltarla, incluso hasta después de diez minutos de insistencia y tironeo de mis padres. Cuando me preguntaron, dije que era porque me había cansado de ella. Y esto pasó por el resto de mi vida en un ciclo aproximado de dos años. Tengo una o dos mejores amigas, me aburro, me peleo y consigo otras. No creo que sea necesario nombrar y detallar la historia con cada una porque eso sería bien extenso.
Creo que en todos los aspectos soy igual, me gusta o incluso necesito cambio permanente en todas las áreas de mi vida. Con las actividades fuera del colegio me pasó lo mismo. Voy un año o dos a alguna actividad y después de que me vuelvo buena haciéndola, la dejo. Eso también, me gusta mucho aprender y conocer cosas nuevas, adquirir habilidades y esas cosas. Si no estoy haciendo algo siento que soy improductiva y que estoy desperdiciando tiempo.
Cuando egresé de salita de cinco me mudé a otra casa y me cambiaron a un colegio que quedaba a dos cuadras de mi casa, eligieron para mí el turno tarde. Ahí terminé la primaria y después la secundaria.
En el colegio me iba bien. Tenía buenas notas y me gustaba que me reconocieran por eso, que mis compañeros me dijeran que era inteligente o que los profes escriban notas especiales en mis pruebas y esas cosas. Llegado un punto en la secundaria pasé a esforzarme lo mínimo posible. Porque era vaga y porque me divertía descubrir qué tanto podía hacer académicamente sin hacer nada. Era como una prueba personal que me hacía. Pero cuando sí me interesaba algo me salía naturalmente poner mi cabeza en eso, no hubo una sola clase de matemática en la que no trabajara, ni un libro dado por la profe de literatura que dejara sin leer, o un trabajo de escritura o investigación en filosofía que no hiciera.
De parte de mi colegio fui parte de olimpiadas de historia, literatura, matemática, contabilidad y representé a Bangladesh en un modelo de ONU. Las dos primeras fueron individuales y las últimas en equipo. En todas estuve en el primer lugar y me sorprendió hacerlo, suele pasarme que sé que algo que hice es bueno pero no creo que sea lo mejor y cuando me felicitan o me premian por ello es inesperado. En la ONU el profesor que nos llevó dijo que lo sorprendió la victoria después de que le enviara el discurso que teníamos que dar la noche anterior al evento, pero es que trabajo mejor bajo presión. Me fue bien en la parte de hacer pactos y tratados, mayormente porque esas partes se trataron de socializar y debatir y soy buena para esas cosas. Sí me costó delegar cosas para hacer todas las veces que trabajé en equipo y terminé dominando o mandando a los otros sin quererlo, tomando yo las decisiones finales.
Cuando era chica quise ser fotógrafa, diseñadora gráfica, veterinaria, presidente y maestra (que de esto último no tengo recuerdo pero me lo contó mi mamá). Ahora quiero hacer algo que me permita ganar dinero y cambiar el mundo al mismo tiempo, y pienso que hay muchas personas que también creen que pueden hacerlo así que no va a ser tan fácil (y no creo tener la energía ni la motivación como para hacerlo).