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Otro Talento Nuevo de #KKMusicpr #PabloLima - Fluye
El viejo bandoneón
Por Julián Tróccoli
Pablo Lima encontró en el bandoneón la posibilidad de darle ritmo y distinción a sus cumbias. Si bien no le fue fácil conseguirlo, cuando lo hizo el instrumento no dejó de cumbear.
Una tarde mientras ensayaba unos temas con su banda de tango, Pablo Lima comenzó a prestarle atención al bandoneón que su compañero tocaba. No podía creer que un instrumento tuviera tanta vida. Lo observaba con cuidado y emoción, creyendo ver reflejado en el abrir y cerrar del mismo su amor por la música. De a poco, motivado por los pibes, se encontró esa misma tarde tocando un tema con el bandoneón. Sus amigos asombrados fueron concretos:
-Loco, vos te tenes que dedicar a esto.
A partir de esas palabras, Pablo se copó tanto que todos los días cuando salía de laburar caía en la casa del Gaby, a practicar con su bandoneón. Nunca dejó de pensar en la posibilidad de comprarse uno, pero cómo iba a hacerlo si no tenía un mango. Empezó a ver que tenía en su casa para vender, su único capital era la guitarra, una bici y un auto viejo. Ese último había sido el regalo de su viejo cuando había cumplido 18 años, pero le había llevado mas de 10 años terminar de arreglarlo porque no tenía un peso.
Sin dudas quería venderlo para comprar el instrumento pero antes tenía que convencer a su viejo de que lo dejara. Insistió cuatro meses hasta que finalmente cedió diciéndole:
- Vendelo a la concha de la lora y comprate ese bandoneón que me tenés podrido.
Pablo lo abrazó fuerte y rápidamente se puso a buscar algún comprador. Un amigo de su banda se lo compró a $6.500, un gran dinero para Pablo, aunque seguía sin alcanzarle. Había visto que un bandoneón estaba entre 9 y 10 lucas, así que durante dos meses más se vio haciendo changas para poder pagarlo.
Después de todo su sacrificio junto el dinero y encontró, por Mercado Libre, un vendedor en La Plata. Lo fue a ver con miedo, porque sabía que si se equivocaba la guita no la recuperaba más. También era consciente que no era nada fácil conseguir uno de calidad y buen estado, ya que de esos hacía más de tres décadas que no se importaban a la Argentina y es considerado un instrumento en vía de extinción. Para estar seguro, se encargó de encontrar alguien que entienda del instrumento y que le diga que estaba en orden, y todo parecía estar a su favor ya que era de buena calidad alemana, a buen precio y estaba afinado. Sin dudarlo más fue y entregó la guita, mientas le contaba las cosas que había hecho para conseguirla. El vendedor, asombrado, lo despidió diciéndole:
- A vos te va a ir bien, no puede ser que estés haciendo este esfuerzo.
No se equivocó, porque si bien su banda de tango se disolvió al poco tiempo, comenzó a usar el melancólico bandoneón para darle melodías a sus cumbias y ya nunca dejó de sonar.