Capítulo 18. La última noche.
TERCERA PARTE. Para siempre.
Capítulo 18 – La última noche.
JUEVES.
Diego.
- ¡No! ¡No! Discúlpame, te lo suplico. No pasó nada, lo estás entendiendo mal – estoy de rodillas llorando, suplicando – por favor. Escúchame.
- ¡Come mierda Diego! ¡Eres una puta! No sé ni con cuantos te has metido ya.
- ¡No!, no es así. No es lo que crees. Fue un mensaje del trabajo. Eso fue todo.
- ¡Mentira! ¡Dame tu teléfono! Quiero revisar – todo mi cuerpo tiembla; como puedo cojo mi teléfono de la mesa y se lo entrego; él me lo arrebata e inmediatamente revisa todas las apps. Hoy es de esos días en que siento mucho miedo, no sé qué va a ocurrir. Algunas veces se calma rápido, pero, otras, podemos pasar peleando por horas; él puede llegar a enojarse demasiado y, un par de veces ha pasado, se pone violento – estoy seguro de que borraste la conversación. Mentiroso… ¡puta! – y tira el teléfono contra mi cara, pegándome justo arriba de la ceja derecha; el teléfono sale volando y cae a unos pasos de mí. Pero no me atrevo a moverme. Puedo ver la cólera en su mirada; está rojo de lo enojado y yo, simplemente no sé qué debo de hacer.
Una parte de mí desea, con todas las fuerzas, salir corriendo de ahí y no regresar, pero, sé perfectamente que eso únicamente empeoraría la situación. Una vez lo intenté y terminé con un ojo morado. Así que, esta vez, prefiero quedarme de rodillas delante de él pidiendo perdón por algo que no hice, es más, ni siquiera he pensado hacer.
- ¡Deja de llorar! Te ves fatal – pero no puedo dejar de hacerlo.
- Perdón… perdón.
- ¡Cállate! ¡No te he dicho que hables puta!
- Yo… yo te amo. Jamás te engañaría. Te amo.
- ¿Con quién estabas hablando?
- Ya te dije. Fue del trabajo, solo me estaban preguntando si… - pero no me dio tiempo de responder; en un impulso se abalanza contra mí, me da un puñetazo en el rostro que me hace perder el equilibrio y caer de lado al piso. Me da una patada en el estómago y luego me toma del pelo y me arrastra por el dormitorio hasta que me mete al baño; él se sale y traba la puerta por fuera. Como puedo me pongo de pie y trato de girar la perilla. La puerta no abre. Hago un segundo intento. Nada.
- ¡Te quedarás ahí encerrado hasta que averigüe con quien hablabas puta asquerosa! – todo quedó en silencio.
Me siento en el retrete llorando en silencio; no puedo dejar de temblar. Realmente tengo mucho miedo, como nunca lo había tenido. Jamás lo había visto tan enojado conmigo y, en realidad, no hice nada.
Estábamos acostados viendo televisión cuando, de repente, llegó un mensaje a mi teléfono. Lo cogí y revisé WhatsApp, era del trabajo solamente confirmando el día de entrega de un diseño; yo respondí estrictamente lo necesario y dejé el teléfono sobre la mesa. Sin previo aviso, él se molestó, me dio un empujón sacándome de la cama y se puso de pie. Comenzó a gritarme exaltado, exigiéndome que le dijese con quien estaba hablando, si era mi amante, si estaba quedando con alguien para tener sexo en la noche. Yo me asusté. Al principio no supe que decir, ni que hacer. Traté de explicarle de que se trataba aquel mensaje, pero, no me dio oportunidad.
En un abrir y cerrar de ojos estalló. Ya no oía razones. Solamente gritaba, me insultaba; yo me tiré al piso de rodillas suplicando que, por favor, por esta vez, me escuchase. Pero no sirvió.
Escucho pasos afuera del baño. No sé qué está haciendo.
Me pongo de pie y me acerco a la puerta; trato de escuchar mejor, pero solo puedo adivinar que está caminando por todo el dormitorio.
- No hice nada. Yo solo quiero estar contigo. Quiero… estar contigo – me costaba mucho hablar.
- ¡Cállate! ¡Deja de mentir puta!
- Te juro, de verdad te juro que fue del trabajo. Revisa la conversación, el último chat de WhatsApp. Mira la hora, por favor – estoy aterrado; no puedo dejar de llorar. Yo solo quise tener una relación bonita; solo quiero ser amado… al menos una sola vez. Solo quiero poder amar y amar de verdad.
No sé en qué momento todo cambió.
Al principio las cosas eran soñadas; realmente fue casi un cuento escrito por Albertalli*. Recuerdo que no llevábamos ni siquiera tres meses cuando él tuvo que viajar por trabajo. Esos días previos a su partida fueron maravillosos; los pasamos juntos casi todo el tiempo. Y la despedida fue triste. Los dos lloramos; él no quería irse y yo no quería que se fuera. La noche antes de su viaje, fuimos a lo alto del edificio donde vivía en aquel entonces y nos acostamos en el suelo viendo las estrellas. Fue la primera vez que le dije: “Te amo”, y el lloró de alegría. Yo lloré de felicidad. Todo era perfecto. Todo era soñado.
Pero después, las cosas cambiaron. Él cambió. Y yo comencé a tener miedo. Gritos, insultos, humillaciones. Ya no había palabras bonitas, pero si frases humillantes. Ya no había gestos tiernos, pero comenzaron los golpes y yo comencé a quedarme callado. Tuve que alejarme de todos mis amigos; incluso de mi familia. Y hemos pasado así más de tres años.
Recuerdo que un día me sentía tan mal, que abrí una cuenta de Facebook con otro nombre, con otra foto y busqué a alguien con quien hablar. JJ fue el elegido. A pesar de que le dejé de hablar sin decirle porqué, él me escuchó y se compadeció de mí; desde ese momento comenzó a estar a mi lado, acompañándome a escondidas, escuchándome llorar todas las noches y buscando conmigo la forma de poder salir de esa relación que ahora es un martirio para mí.
Puedo escuchar que está hablando, pero no entiendo que dice. Seguramente está llamando a los últimos números que tengo marcados en mi teléfono. Todos son del trabajo. Por favor, universo, no puedes hacerme esto. No más, por favor.
- Por favor, abre la puerta. Déjame salir. Hablemos – y escucho un fuerte golpe en la puerta. Instintivamente pego un salto atrás y me quedo quieto, no puedo moverme. Apenas logro secar mis lágrimas con la mano, pero sigo llorando. De repente escucho que quita el seguro de la puerta; me acerco despacio y giro la perilla. Esta vez sí se abre. Trato inútilmente calmarme y salgo del baño. Puedo ver que está sentado en el sillón, al menos está un poco más tranquilo.
- Por favor, amor, no está pasando nada. No hay nadie más.
- Yo sé que me estás engañando, yo lo sé.
- No es así. Te juro que no es así – clava su mirada en mí mientras se pone de pie – amor, en serio. No te enojes. Fue del trabajo la llamada, solo necesitaban confirmar la fecha de entrega… -
- ¡¡Cállate!! – en un impulso se pone de pie, toma una silla que tiene cerca y la levanta sobre su cabeza rompiendo en miles de pedazos la lámpara que cuelga del techo justo donde él se encuentra parado - ¡¿Ves lo que has hecho?! ¡¡La rompiste!! – yo no me pude mover de mi sitio - ¡Maldito! ¡Te odio! – tira la silla a un lado y corre hacia mí lanzándome puñetazos a la cara; solo puedo levantar mis brazos y tratar de protegerme al menos un poco. Intento empujarlo, pero él logra esquivarme, me toma con las dos manos del cuello y comienza a apretarme. Siento como me hace falta el aire; trato de decir algo, pero no puedo, no sé si por miedo, por sus manos en mi cuello, o por ambas. De verdad me está ahorcando. Forcejeo un poco hasta que logro liberarme y él lanza otra vez un puñetazo que me da en la boca, rompiéndome el labio. A pesar de que la sangre sale por montones, no trato de limpiarme, solamente lo veo aterrado. Jamás había estado tan violento como esta vez y yo, definitivamente, no puedo seguir aquí. No puedo seguir soportando esto. Respiro profundo, intento recuperar algo de valor y lo veo directo a los ojos.
- Yo me voy de aquí, Matt. No puedo seguir.
- ¡Lo sabía! ¡Te vas a ir con tu amante! – se agacha y toma algo del suelo. En ese momento me doy cuenta de que el golpe que escuché momentos antes en la puerta fue mi teléfono haciéndose mil añicos al chocar con la madera – aquí tenías guardado el número de tu amante. No lo niegues Diego – en su mano tiene el sim de mi teléfono; me lo muestra por unos segundos y luego se lo mete a la boca; lo mastica por unos momentos y luego lo escupe a mi rostro.
- No tengo amante… nunca lo he tenido.
- ¿Con quién te estabas acostando puta?
- Con nadie, pero no puedo seguir aquí. Ya no puedo seguir así – y como puedo me giro y camino hacia la puerta, la abro y salgo del apartamento. En realidad, no tengo idea de cómo me iré de este lugar; la billetera con mi dinero y todas mis cosas me las había quitado y no sé dónde las escondió. Pero no importa, lo único que me interesa es salir de este lugar, alejarme de él lo más que pueda y jamás volver a verlo.
- Si intentas salir de aquí, llamaré a seguridad y diré que me has robado. Te meteré en la cárcel maldito – paré en seco – tú te regresas para acá, ahora mismo.
- Matt, por favor. Mira lo que está pasando. Esto no es sano para ninguno de los dos. Por favor, déjame ir. Me quiero ir – y me pongo a llorar otra vez. Lo único que deseo, que necesito en este momento es irme lejos. No lo quiero volver a ver. No quiero más golpes.
- Te regresas para adentro en este momento. ¿Cómo crees que dejaré que te vayas a revolcar con tu amante? Te vas a quedar conmigo hasta que yo quiera y me vas a amar hasta que yo me aburra de ti y te deje, como la puta que eres. Yo tengo que dejar de amarte y cuando yo quiera entonces te puedes ir, te puedes morir, maldito – no puedo decir nada – y vas a seguir conmigo y me vas a seguir diciendo que me amas, que quieres estar conmigo hasta que yo lo diga ¿escuchaste? Así que ahora, en este momento, te vienes para adentro y cierras la puerta. Puta.
No puedo pensar claramente, pero sé que es mejor que haga lo que está diciendo. Como puedo, en contra de mi voluntad, regreso al apartamento y, justo cuando voy a entrar, él me toma del pelo y me jala tan duro que me hace caer; con todas sus fuerzas me tira hacia la sala y cierra la puerta. Camina hacia mí y me da una patada en la espalda. Luego se sienta en el sillón personal de la sala. No quiero moverme, solamente giro la cabeza para verlo. Matt está sentado con los brazos apoyados en sus piernas sosteniéndose la cabeza. Respiraba con dificultad por la ira que siente. Solamente quiero irme, es todo lo que quiero. Solo quiero salir y recuperar mi vida, quiero ser feliz.
Todo lo que deseo es poder amar a alguien que me ame también. Solo quiero ser feliz.
- Eres una mierda, Diego. ¿Cómo pudiste engañarme? – y comenzó a llorar de rabia - ¿cómo se te ocurre que me vas a engañar a mí? – me incorporo y me siento en el suelo sin dejar de verlo.
- Yo no te he engañado, no he hecho nada.
- ¡Yo sé que sí! ¡Yo lo sé! No me digas que no – le costaba hablar – tú te atreviste a engañarme – me pongo de pie, pero me quedo quieto en el mismo punto; no me quiero acercar. Él también se pone de pie y camina hacia mí; por la expresión en su rostro, sé que no será nada bueno. Por instinto corro hacia el baño y Matt corre detrás de mí. Justo cuando trato de cerrar la puerta, él la golpea tan fuerte que logra partirla a la mitad, entra en el baño y me pega en la espalda tirándome sobre el retrete; me toma de la camisa y me saca a rastras del baño. No sé qué puedo hacer.
- ¡Mira! Ahora hasta has roto la puerta y la lámpara. Te odio Diego, ¡te odio! – lanza otro puñetazo a mi rostro.
Me lleva de vuelta a la sala, me deja tirado en el suelo, yo ni siquiera hago el intento de moverme. Él pone su pie en mi rostro mientras grita y llora. Luego de unos minutos puedo ver que empieza a calmarse. Quita su pie de encima mío y se aleja un poco sin dejar de verme.
- Matt… yo no hice nada. No te engañado.
- ¿Quién te ha llamado entonces? ¿Quién es Pablo?
- Él… él de mi trabajo, ya te lo he mencionado antes. Él trabaja conmigo.
- ¿Entonces coges con él en la oficina? ¿Eso es?
- No, ¿cómo crees?
- ¿Para qué te está llamando?
- Porque quiere confirmar la fecha de entrega, eso es todo – pero aquella respuesta no le convenció. Se aproxima a mí, me empuja contra el sillón y me arranca la camisa.
- Ya que eres la puta de la oficina, ahora vas a ser mi puta también – me lanza varios puñetazos al rostro acertándolos todos. No sé bien que me ocurre en este punto, pues, aunque quiero reaccionar, hacer algo, mi cuerpo no responde. Mi mente está en blanco, como si se hubiese desconectado de mi cuerpo.
Matt abre mi pantalón y me lo quita junto con el bóxer; luego se pone de pie y se quita toda la ropa. Me pongo a llorar sin poderme controlar. Él se acomoda en el sillón y hace lo que considera que es su derecho, al final, según él, yo me dedico a tener sexo con cualquiera, por lo que, obviamente, debo tenerlo con él, a pesar de que yo no quiera.
En este momento me doy cuenta de que aquella relación de sueño, que tanto he querido siempre, simplemente no existe; todo fue mentira. Y por más que intenté ser buen novio, por más que yo sí entregué mi corazón, no fue suficiente.
Sólo quiero amar a alguien que también me ame.
Siento un gran dolor mientras él toma lo que considera le corresponde; no me puedo mover. No quiero siquiera pensar que está pasando. Solo… espero que todo termine pronto. Solo quiero dejar de sentir el dolor que me causa tenerlo adentro mío.
Han pasado varios minutos cuando Matt se ha aleja un poco para vestirse de nuevo. Yo me levanto con cuidado y cojo mi ropa; todo el cuerpo me está doliendo, siento el rostro caliente e hinchado. Mis brazos están golpeados y tengo varios rasguños en uno de ellos. Moretes por doquier. Me visto lo mejor que puedo, aunque no puedo hacer gran cosa con mi camisa; esta rasgada por la espalda y rota de enfrente. Sentarme me duele demasiado.
- Apúrate y súbete al vehículo – aquellas palabras me hacen reaccionar; volteo a ver a Matt – tengo una fiesta y vas a ir conmigo, mira cómo te arreglas un poco puta.
Quince minutos han pasado y voy sentado en el vehículo al lado de Matt; no quiero decir ni hacer nada, solo quiero evitar que se moleste aún más. Él no ha dejado de insultarme en todo el camino; me dice que soy lo peor que le ha pasado, que le doy asco y que un favor me ha hecho en fijarse en mí, pero, que jamás me ha amado porque a alguien como yo nadie lo puede amar, lo cual muy dentro de mí, creo que tiene razón.
- Es que ¿cómo se te ocurre engañarme? – me escupe al rostro. Yo no digo nada – de verdad te odio, maldito… es que… es que… - y se pone a llorar con rabia.
No quiero verlo. Tengo miedo de que, si lo volteo a ver, se pueda molestar otra vez.
- ¿Por qué no dices nada? Es porque tengo la razón. Eres un fácil, una puta.
- No te he engañado Matt – me atrevo a decir con gran dificultad.
- ¡Claro que sí! Hasta te llaman al teléfono cuando estás conmigo. Que asco. Y de plano ha de ser un feo todo sucio como esos tus amigos que tenías. Un pobretón.
- No hay nadie más, nunca lo ha habido – y, en realidad, no lo ha habido. Al principio creí que con él podría tener la relación que siempre quise y, cuando las cosas comenzaron a deteriorarse, simplemente me alejé de todos. Nunca he hablado con alguien más.
- Voy a averiguar quién es tu amante. Pero no quiero hablar de eso ahora. Solo quiero que vayamos a la fiesta y olvidarme de la mierda que me has hecho. Ya no digas nada, no te quiero ni ver, pero vas a ir conmigo porque eres mi novio y no pienso presentarme solo. Ya te dije, tendrás que quedarte conmigo hasta que se me dé la gana. Cuando ya no te ame yo te dejaré para que vayas a meterte con quien se te pegue la gana, de plano otro pobretón mal parido como tú. Pero, mientras tanto, te quedarás conmigo.
Seguimos avanzando por varias calles solamente con la música que sale de la radio y una que otra bocina de los vehículos que pasan a los lados. Por un momento logro calmarme lo suficiente para dejar de llorar y me dedico a ver por la ventana hacia la calle.
Tantas personas que van caminando tranquilas, sin problemas. Algunos van acompañados por su novio, y son felices. Otros van con sus amigos o compañeros de trabajo, tal vez, y son felices. Y yo ¿por qué no puedo ser feliz?
De la nada siento como me empuja la cabeza contra el cristal golpeándolo con fuerza, pero no la suficiente como para quebrarlo, trato de voltear hacia Matt, pero este me toma del cabello, acerca mi rostro al suyo y me escupe, luego me empuja una segunda vez contra el cristal; esta vez me duele un poco más aún; y me empuja una tercera vez.
- ¡Te odio maldito! ¡Te odio! ¡¿Por qué lo hiciste?!
Y me empuja contra el cristal una cuarta vez con la suficiente fuerza para quebrarlo. Lo único que logro hacer es cerrar los ojos para evitar que los diminutos cristales me lastimen.
- ¡¡Mira lo que has hecho!! ¡¡Estúpido!! ¡Idiota!! – trato de limpiar los cristales que tengo en el rostro y el cabello de forma disimulada mientras Matt grita y llora en su asiento; no logro entender lo que dice, pero, estoy totalmente seguro, que es en contra mía. Pasados unos minutos, baja la velocidad pues hay un poco de tráfico; me voltea a ver, pero no musita palabra alguna. Sin pensarlo tanto, abro la puerta y me lanzo del vehículo. Ca de espaldas sobre el asfalto dando un par de vueltas, menos mal no me golpeo la cabeza. Como puedo me pongo de pie lo más rápido que me es posible y veo hacia todos lados. Justo delante de mí hay un centro comercial; como no tengo planeado que haré, corro hacia el interior intentando ocultarme de Matt. Solo espero que no me siga.
Corro lo más rápido que puedo, no sé a dónde ir. No tengo como llamar para pedir ayuda y no encuentro a alguien de seguridad que pueda ayudarme o, al menos, llevarme a algún sitio seguro donde nadie pueda entrar. Subo al segundo nivel, luego al tercero. Pero no encuentro a alguien quien pueda auxiliarme. El único lugar al que se me ocurre ir a esconderme es a los baños.
Al entrar, busco uno de los cubículos desocupados; entro en él y cierro la puerta con llave detrás de mí. Estoy seguro de que no quiero que me encuentre por lo que me siento sobre la taza del retrete y levanto mis pies para que no pueda verlos por debajo de la puerta. Estoy temblando, llorando, pero, al menos en este momento, siento que estoy a salvo. ¡Qué equivocado estoy!
- Te apuras a salir de ahí Diego o te saco a la fuerza – escuchar aquella voz me paraliza completamente. Matt me ha seguido hasta el baño y ahora está justo afuera del cubículo. No sé qué hacer. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo.
- Por favor… te lo suplico… déjame irme.
- Te irás cuando yo lo diga – y golpea con fuerza la puerta varias veces. Respiro profundo intentando recuperar la calma. Me puse de pie, apoyo la mano sobre la perilla, pero no la puedo abrir. No me atrevo a hacerlo – apúrate a salir de ahí Diego. No tengo todo el tiempo. Te vas a ir conmigo en este momento.
Yo sé que Matt no se irá hasta que salga de acá, pero no quiero salir. Cojo el poco valor que me queda y abro la puerta; su puño golpea de lleno en mi nariz. Pierdo el equilibro, pero logro sostenerme para no caer, solo me apoyo en una de las paredes, parpadeo varias veces y me incorporo. Matt me toma por la camisa y me jala hacia él.
Siento un fuerte dolor en mi pecho; algo ha pasado. Este dolor no lo había sentido antes, nunca. Bajo la mirada y descubro que Matt tenía una navaja en su mano y la ha clavado en mí.
Todo me da vueltas. Matt no dice nada, no se mueve. Solo se limita a verme con los ojos tan abiertos como platos y yo lo veo con mis ojos llenos de lágrimas. Por fin suelta mi camisa y saca la navaja de mi pecho; el dolor se vuelve más intenso aún.
Trato de cubrir la herida con mi mano, pero es inútil. La sangre no deja de salir; me siento mareado y me está costando respirar. Esto es todo. No puedo creer que, después de todo, aquí se termine todo para mí. Me recuesto en una de las paredes del cubículo y Matt da varios pasos hacia atrás; puedo descubrir, por su rostro, que no tenía planeado hacer aquello. Pero ya está hecho. No queda mucho más tiempo, al menos no para mí.
Después de todo lo que viví a su lado, de todos los golpes, de todos los maltratos y de todos aquellos insultos y palabras con las que me humilló por tanto tiempo, no pudo dejarme ir. Prefirió que las cosas llegasen a este punto.
Todo lo que quise fue amar a alguien con intensidad, sin tener miedo; solo quise amar a alguien lo suficiente para poder entregarle todo lo que soy, todo mi corazón. Solo quise que alguien me amara tanto como yo lo amara a él. Solo quería ser feliz… solo quería…
No logro mantenerme de pie; me deslizo en la pared hasta quedar sentado; el baño comienza a oscurecerse, pero logro ver como Matt se agacha sobre mí, revisa mis bolsillos y toma mi billetera, luego sale corriendo. Nadie más está conmigo. Me está costando mantener los ojos abiertos y mi piel se eriza por completo por el frío. Hay mucho frío. Sólo quería ser feliz… solo quiero ser feliz… solo quiero amar…
Todo se vuelve oscuridad y silencio.
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- ¡Diego! ¡Diego despierta! – con dificultad abro los ojos; todo está oscuro, pero logro distinguir una silueta a mi lado y, de repente, me echo a llorar – Diego, ¿estás bien? ¿qué pasa?
- Yo… es que… yo… - pero no logro decir nada. La silueta se mueve hacia un lado y se enciende la luz. Puedo ver el rostro de Javi con expresión de angustia delante de mí.
- Diego, mi amor, tuviste una pesadilla. Estabas gritando, moviéndote hacia todos lados.
- Yo… fue horrible – pero no puedo parar de llorar. Javi se agacha al lado mío y me abraza. Estoy temblando. Me cuesta unos minutos calmarme, pero, estar en sus brazos me hace sentir bien.
- Mi amor, tranquilo. Solo fue un sueño. No pasa nada. Aquí estoy yo para ti – me aferro con más fuerza a Javi y no lo suelto por varios minutos hasta que logro, al menos, dejar de temblar.
Javi me acaricia la espalda y la cabeza; me da besos tan tiernos, tan llenos de amor en la frente y me susurraba al oído lo mucho que me ama. Todo aquello logra calmarme lo suficiente para dejar de llorar.
- Fue horrible. Fue un sueño que… que…
- No pienses en ello Diego – me interrumpe – solo fue un sueño. Quédate tranquilo. Yo estoy contigo. Todo está bien.
Me giro para quedar de frente a Javi y lo veo directo a los ojos.
- Todo lo que he querido, todo lo que quiero es amar… amar como te amo a ti Javi – puedo ver como se le humedecen los ojos; yo ya estoy llorando.
- Diego, yo también te amo. En serio te amo demasiado.
- Quiero que sepas, que en toda mi vida jamás había podido amar a alguien como a ti. Creí haberlo hecho, alguna vez creí que había encontrado a mi verdadero amor, pero estaba equivocado. No fue así. Encontré mi verdadero amor hasta que te conocí. Toda mi vida pasé queriendo amar a alguien, solo eso, amar a alguien. Y lo logré contigo. Te amo a ti. Tú eres mi verdadero amor – Javi intenta hablar, pero no se lo permito – y quiero que lo recuerdes siempre. Me has dado el mejor regalo de toda mi vida, la oportunidad de amarte, de entregar mi corazón sin miedo y… y siempre lo haré. Siempre te amaré. Estar contigo, es justo lo que necesitaba.
Aunque quiere hablar, Javi no puede decir palabra alguna, en cambio, hace algo mejor, mucho mejor. Planta sus labios sobre los míos y me da un beso tan intenso, tan puro… tan perfecto, que no puedo evitar llorar de alegría. Después de todo, finalmente he logrado encontrar a la persona ideal. Por fin encontré a esa persona que puedo decir que amo verdaderamente.
Nos quedamos así por varios minutos, sin decir palabra, sin intentar explicar algo, solo abrazándonos, viéndonos y amándonos. Luego de un rato nos acostamos en la cama y yo me acurruco en los brazos de Javi; él me abraza y me aprieta contra su cuerpo. Todo está bien ahora. Ahora ya puedo descansar.
















