Tengo que confesarte algo.
Al principio no me agradabas mucho. Eras solo una pequeña mancha molesta. Olias bien, la mayoría de las veces. Pero no parecías tener mucho interés en mi. Lo cual, por supuesto, encontré ligeramente insultante.
Es curioso cómo algunas cosas nunca cambian. Así que hice el viaje, hice lo mío, hice el tonto sin entender de verdad lo mucho que te cambia ser padre.
No recuerdo el momento exacto en el que todo cambió. Solo se que sucedió. En un minuto era impenetrable, nada podía tocarme y al siguiente, mi corazón latía fuera de mi pecho expuesto a los elementos.
Amarte ha sido la experiencia más intensa y dolorosa de mi vida. De hecho, ha sido una carga casi imposible de soportar. Como tu madre, hice una promesa en silencio de protegerte del mundo. Nunca me di cuenta de que yo era quien terminaría hiriendote más.
Cuando miro hacia adelante, mi corazón se rompe. Principalmente porque no puedo imaginarte hablando de mi con ningún tipo de orgullo. ¿Como podrías? Tu madre es una niña en el cuerpo de un adulto. Se preocupa por nada y por todo al mismo tiempo. Es noble de pensamientos pero débil de actuar.
Algo debe cambiar, algo tiene que ceder.
Esta poniéndose oscuro, demasiado oscuro para ver...










