Entró a la casa totalmente atolondrada, golpeando las bolsas que traía unas con las otras, chocando todo lo que había a su paso hasta que finalmente llegó a la cocina. — Llegué de las compras, alguien que ayude a ordenar, porfa. — Pidió en un grito, justo cuando alguien ingresaba en el lugar. Se giró totalmente para ver a la persona, dejando la heladera abierta y abandonando su tarea de acomodar las cosas que precisaban refrigeración. — ¡Ah! ¡Tu! Traje todo lo que me habías pedido. De nada. — Dijo con orgullo de si misma, acompañando sus palabras con un gesto e ignorando el hecho que en realidad faltaban la mitad de las cosas de la lista.












