¿Qué tendrá su sonrisa para ser tan adictiva? No lo sé, pero es
verla sonreír y querer que nunca deje de hacerlo. Será que estoy
loco por ella o yo qué sé, pero desde la primera vez que vi su
sonrisa me propuse conseguir que siempre estuviera ahí, bien fija
en su rostro, iluminando la vida de todos los que tenemos el honor
de estar a su lado.
De hecho, me he dado cuenta de que yo también sonrío más que
antes. Me contagia siempre sus ganas de ser feliz y, mientras lucho
para que eso ocurra, no puedo evitar quererla siempre un poco
más.
Una sonrisa que me ha cambiado la vida. A mí, que hacía tiempo
que no sonreía por nada. No sé cómo explicarlo, pero supongo que
apareció en el momento exacto para frenar todo aquello y obligarme
a seguir sus pasos.
Ahora me esfuerzo en hacer las cosas bien, no solo por ella y su
sonrisa, sino por mí mismo. Esa felicidad es el premio de una vida
que no siempre ha sido fácil, pero que tuvo a bien cruzar en mi
camino a una persona con tantas ganas de vivir que las irradia a
todos los que estamos cerca.
Qué curiosa la vida. Te golpea, te hunde, pero al final siempre te
lanza un salvavidas. En mi caso: su sonrisa.Mucho drama, pero en este momento no puedo pensar en otra
cosa. Me pierdo en mi propia casa pensando que diré cuando nos
veamos hoy. Los nervios me consumen nuevamente así que decidí
escribirle para saber si nos veremos cómo quedamos.
Si, luego de tanto tiempo de practicar en mi mente me eh animado
a invitarla a salir, solo que esta vez es diferente, ya habíamos sido
amigos de niños y hoy de grandes nos hemos encontrado en
algunas ocasiones, “casualidades”.
Tengo que ser perfecto y a la vez no tanto ya que mostrar los
rasgos de obsesión que me desbordar podría hacer que se aleje y
eso es algo que no quiero.
“Cuando en verdad quieres a alguien lo que más cuesta es
empezar.”
Su respuesta fue un – Sí, ¡desde luego! -, puse un grito en cielo de
tanta alegría que tuve al leerlo. Era incapaz de contenerme por
tanta emoción, fue un gran salto que me animé a dar, pues quien
sabe, algo bueno podría pasar.
La emoción con el correr de las horas se fue tornando carmesí,
como sus labios. Fue tomando una pinta de que todo saldría bien. Y
no sé si solo me pase a mí, pero en estos casos me da mucha
hambre y no se me pasa solo con un bocado de algún pan.
No podía escribir, no podía respirar bien y me estaba asfixiando de
nervios de no estar ahí y ahora, estar a las cuatro de la tarde para
esperar tú llegada.
De pronto me calmé, cambié de pensar y me sentía fuerte, me
sentía un ganador, dominante, decisivo, seguro de mí y de lo que
quería y seguro de mí otra vez.
En resumen, me sentía como un galán de telenovelas de esas que
ve mi mamá, pues bueno, de algo me sirve llevar el nombre de uno.
Ya estaba en el lugar, 3:20pm para ser más preciso. Trajeado, bien
peinado y perfumado, “Porque un hombre aseado y bien perfumado
suma muchos puntos”, me exigí muchísimo ese día, quería ser la
perfección en costal de carne y hueso, quería ser perfecto, no para
mí o el mundo, para ella, me había ganado por completo. Aunque
solo logré ponerme menos feo.
Tan puntual como de costumbre la veía llegar, tan inalcanzable.
Como estar parado en la tierra y querer tocar el cielo con las
manos, como querer habitar al sol, como poder viajar atravez de distintas estrellas.
Qué más da, se convirtió en mi todo cuando la vi llegar, tan perdida
y tan completa, tan llena de su esencia, tan única y tan
incomparable.
Ya no sé qué hacer,
me llevas a volar todos los días, inundas mi mente con tu sonrisa, ese carisma y la magia de esos
ojos café.
Te pienso tanto que ya te veo en todas partes, desearía que te
pasara lo mismo. Lo pido a todas horas.
Cuestión de instantes y estábamos frente a frente, cara a cara,
corazón a corazón. A medio metro del cielo y a media palabra de
desbordar el alma.
Colorados y con una sonrisa imposible de disimular, los fuertes latidos empezaron a llegar.
La invite a buscar un lugar adecuado para poder habllar, solo que
durante todo ese trayecto, mientras caminábamos, no cruzamos
ninguna palabra, ella estaba igual o más nerviosa que yo. Nos
sentamos en un banco que estaba debajo de un ombú y entonces
comenzamos a hablar como si fuera que apenas nos estábamos
conociendo.
Estábamos tan entretenidos hablando de nuestras vidas que el
tiempo pasó de 2 minutos a 2 horas, el cielo se empezó a nublar y
nos retiramos a otro lugar por si comenzaba a llover. Seguimos
hablando sobre gustos y preferencias, seguimos riendo, y la
primera gota de lluvia cayó en mi cara, ella se quedó en silencio.
--Nada, sólo que, ¿A qué hora me vas a besar?
-¿Quieres que te bese? (quedé completamente en shock)
La besé de inmediato, fue tan maravilloso, como si el universo
explotara de repente, como si pudiera juntar todo lo malo y toda la
ira del mundo, y con solo un rose de sus labios elevarme al mismo
cielo.
--Este era tu beso perfecto, ¿verdad?