Yaguarete
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Yaguarete
Viaje a Aracena - 12
Viaje a Aracena – 12
12
Lentamente, siguiendo una suave línea oblicua que partía del azul y moría en un lentisco, descendimos de las alturas. Las ruedas del coche rozaron las ramas de ese arbusto y tomaron tierra.
Con movimientos bruscos el seíta se abrió paso por el monte. Los vaivenes y los brincos aventaron en un periquete las seráficas ensoñaciones que nos mantenían ensimismados. Unos cuantos trompazos bastaron…
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Viaje a Aracena - 10
Viaje a Aracena – 10
10
Cada cual tenía sus propios puntos de referencia. Los míos eran las chumberas y la casita abandonada. Ninguno de los dos apareció.
Poco a poco nos fuimos relajando. Cuando nos cercioramos de que nos habíamos zafado de ese círculo vicioso, Pedrote lanzó un hurra que tuvo amplia resonancia. Para descargar la tensión nos pusimos a cotorrear. Nuestro parloteo estaba salpicado de vivas que eran…
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Viaje a Aracena - 9
Viaje a Aracena – 9
9
Me preguntaba si sólo yo estaba atrapado en ese segmento espacio-temporal. Y también cuánto duraría la broma. Ese grotesco disfraz de la eternidad, ese vislumbre del infinito consistente en repetir una y otra vez los mismos gestos en un decorado inmutable amenazaban con desequilibrarme.
Me entraron ganas de reír. Primero disimuladamente y luego a carcajadas, di rienda suelta a mi hilaridad.
Me…
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Viaje a Aracena - 8
Viaje a Aracena – 8
8
Pedrote se puso a cantar. Se arrancó con un fandango acompañándose de las palmas. Tenía una voz bronca. Cuando acabó, siguió jaleándose. Cantó un segundo fandango y luego otro. Entre copla y copla repetía: “¡Ole! ¡ole!”.
Comprobamos que sabía muchas letras y, a juzgar por lo animado que estaba, parecía dispuesto a agotar su repertorio. A pesar de su buena voluntad Pedrote desafinaba con…
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Viaje a Aracena - 7
Viaje a Aracena – 7
7
Al salir de una curva divisamos un pueblo, al que nos fuimos acercando a la velocidad adoptada por el vehículo. Varias veces perdimos de vista la población, que aparecía de repente y se ocultaba con la misma brusquedad. Las vueltas y revueltas de la carretera convirtieron nuestra llegada en un juego.
“¡Ahí está!” exclamaba Pedrote. “¿Dónde?” preguntábamos a la vez Luisa y yo. “A la derecha”.
Co…
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Viaje a Aracena - 5
Viaje a Aracena – 5
5
Poco después la cogieron entre los dos y la colocaron de forma que pudiera respirar cómodamente. Pero Carmelina no volvió en sí y Luisa empezó a sollozar.
“Tranquilízate” le dijo Pedrote. “¿Qué vas a hacer?” pregunté. “Voy a tomarle el pulso”. Pasados varios minutos, Pedrote anunció: “No se lo encuentro”.
El llanto de Luisa, hasta entonces contenido, se disparó. “Prueba en las sienes o en el…
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Viaje a Aracena - 2
Viaje a Aracena – 2
2
“¿Qué haces?” gritó Luisa “¡Nos vas a matar!” A Pedrote le divertían los vaivenes y se echaba con más ímpetu de la cuenta sobre Carmelina que transmitía la presión sobre Luisa. “Por favor, por favor” gemía.
Carmelina, que parecía haberse acostumbrado al zumbido del motor, se había agarrado a los espaldares delanteros para mitigar los empellones. A cada arremetida de Pedrote se ponía a protestar…
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