DOG DAYS de LaBarge: Evaluando el trauma.
He comenzado a leer esta novedad tan esperada de Península Press, 2025 y Transit Books, 2026. Constato el valor de lo verdadero en la literatura memorial o del yo, pero al mismo tiempo me pregunto cómo se articula lo verdadero.
En primer lugar y aunque suene a paradoja, la descripción desciende hasta el fondo de lo sensorial; donde –como en la imaginación– lo sobrenatural y lo empírico se entremezclan. Puede que evaluar la memoria, en este caso el trauma, traiga del viaje polvo, reliquias de un artificio que comenzó allá y se traslada aquí, a las páginas.
En la traducción este primer punto debe resultar todo lo evocador que es en el original. Exige respirar pausas exactas: el trauma puede entrecortarse o acelerar el pulso y dejarte sin aliento.
Y, en segundo lugar, la repetición y los dobles sentidos acaban por alumbrar tímidamente ese sendero que el recuerdo doloroso no quiere describir con la soltura de un pincel, sino con sacudidas y golpes.
«La casa ya no es una casa. No se parece a nada que yo haya visto, la han allanado, destrozado, puesto del revés. Como en una película, hay detalles tan absurdos como colchones o cojines del sofá rajados por la mitad, como si –en una casa de alquiler un poco deteriorada– cualquier cosa de valor tuviera que estar escondida minuciosamente en su interior. Hay cristales reventados por todas partes, pastel de chocolate esparcido por las paredes, botellas de ron y latas de Coca-Cola Ligh vacías. También hay un pollo asado envuelto en una camiseta interior que no es de ninguno de nosotros, tirado en los arbustos de fuera. Es horrible, pero lo verdaderamente horrible es lo normal que resulta.»
*Extracto de Emily LaBarge, Dog Days (Peninsula Press, 2025). Versión de Mara G. de Ozaeta.