Hay veces en las que no puedes resistir y el daño no siempre es físico, las heridas silenciosas duelen mas que cualquier corte que te ayude a canalizarlo, esas heridas que te haces sola en tu cuarto, sola escuchando música, llorando por haberte caído otra vez, por haber vuelto a confiar, por de nuevo decir “te perdono”... y después de eso, salir, ser la misma chica que siempre sonríe, la misma a la que no le duele nada, la misma que al salir de su habitación es perfecta, aquella que todo padre quiere tener.













