Crónica de las Inundaciones
Definitivamente, no puedo dejar pasar este evento: la inundación de Valle Dorado. Cuando llegué a vivir a esta colonia cuando era niña, siempre me pareció estaba ya muy bien establecida. Los vecinos tenían casas prósperas, limpias, de cuidado esmerado, podría casi hacer la analogía de "La Comarca" del Señor de los Anillos. Ese pacífico lugar donde viven los "medianos". Y bueno, digamos que así es. Somos ciudadanos promedio, clase media, burgueses, cabe la clasificación. Llevo viviendo aquí 27 años.
Llegamos cuando nació mi hermano, Adán. Aquí crecimos, aquí tenemos lazos. Los amigos más queridos de mis hermanos están en esta colonia. Podríamos decir, mas que aquí nos tocó vivir, aquí escogimos vivir.
No es la primera vez que la colonia o el rumbo se inunda. Y podríamos siempre, siempre resaltar que han sido fallas humanas las que han causado estas molestias. Mala tubería, mala planeación, no desasolve, no mantenimiento, alguien no hace lo que tiene que hacer. Y los errores los pagan los colonos. Sin embargo, en esta ocasión, no puedo dar crédito de lo que sucedió. Uno siempre ve las noticias de los damnificados de alguna catástrofe y claro los compadeces, pero cuando el afecta eres tú, simplemente, no lo puedes creer. Va más allá del entendimiento.
Afortunadamente, la mayoría de las pérdidas son materiales, fueron pocos los fallecimientos, pero no dejan de ser vidas, no dejan de ser el ser querido de alguien con quien has compartido la existencia. Y aun así, esas pérdidas materiales, representan el fruto del trabajo del toda una vida de estas familias. Quiero afirmar que somos familias honradas, que hemos trabajado para ganar lo que perdimos. Que junto con ese mobiliario que quedó enterrado en lodo se fueron sueños e ilusiones. Que en esos carros que fueron arrastrados va el orgullo de haber alcanzado logros. El cariño de hijos regalando a sus padres, la satisfacción de padres proveyendo a sus hijos. Los recuerdos de la mayoría de los colonos, que para estas alturas de la vida son ya en su mayoría abuelos.
No sé que ha sido más díficil, ver a quienes honestamente lo perdieron todo en shock, o verlos llorar conforme asimilan el evento. Hoy me decía una señora: "Hija, pensé que iba a morir, sola en esa casa de un piso. Lo perdí todo, hasta los calzones." Y luego caminé y me encontré a otra señora y me decía que su marido en plena inundación no sabía que iba a rescatar del agua... si los documentos, sus zapatos recién boleados, si la televisión. Me platicaba un vecino que su papá cuando empezó a inundarse la casa, quiso salvar el equipo de computo así que cargó primero lo más pesado, que curiosamente, era lo menos valioso. Lo demás se perdió. Un amigo nuestro quiso conservar los muebles que fueron de su mamá. Ella murió al reventársele un aneorisma hace unos años. Y esos muebles tan queridos para él, se perdieron. Caminando mi sobrino accidentalmente, le dio un empujon a una mujer, y le pedí al niño que le diera una disculpa. La señora sonrió y me dijo: "Después del golpe del domingo, ya nada me duele.", "¿Dónde vive usted?", le pregunté, "en Montevideo" fue su respuesta. "Les fue muy mal a ustedes", le dije. La señora rompió en lágrimas, y junto con ella yo, ofreciéndole torpemente mi pesar por su pérdida.
Las historias son tantas como familias somos en la colonia. Aquellos que recién habían pintado su casa. Los que perdieron carros nuevos. Los que perdieron equipo electrónico que aún deben pagar a meses sin intereses. Los que recién habían comprado una sala, un comedor. Sin contar que la angustía, el dolor, la frustación se quedan incrustados en las células y ahora no podemos dormir, porque escuchamos la lluvia y nos despertamos sobresaltados.
Y todo comenzó hace ocho días. Así fue mi visión de la catástrofe... el viernes nació mi cuarto sobrino, Santiago. Fue una cesárea, todo salió vien. Por la tarde, me vine a casa a cuidar a mis otros sobrinos mientras mi mamá iba a su junta de padres de familia, como maestra en el colegio donde trabaja. Y mi cuñada que asistió pero como madre de familia. De ahí ambas se fueron al hospital. Mi papá estuvo allí y todos volvieron por la noche. Mis sobrinos se quedaron a dormir.
Al medio día, vinieron por los niños y yo me sentía mal del estómago así que decidí quedarme en casa e ir el domingo a conocer al bebé. Llego el domingo mis papás fueron para el hospital, y yo sentía mal mi estómago. Me quedé en casa. Salí a Mundo E por la tarde a comprar una blusa porque tenía junta el lunes, y me dio uno de esos arranques compulsivos en el que sentí que no tenía que ponerme. Luego fui a comprar arena para mis gatas. Dándome prisa porque era evidente que iba a caer una tormenta.
Llegué a casa justo a tiempo, eran casi las siete de la noche. Metí la ropa que se había dejado secando y me dije: "Llegué justo a tiempo." Y después me daría cuenta que efectivamente, así fue justo a tiempo. Dos horas después mientras llovía a cántaros, me dí cuenta que la circulación de autos por mi calle se había complicado muchísimo, muchos carros ya iban en sentido contrario o en reversa, era obvio que se había inundado la calle.
Llamé a mi hermano en el hospital para que le advirtiera a mis papás que no vinieran hasta que le bajará el agua. Ellos estaban incomunicados en casa de él, estaban cuidando a mi sobrina, mientra él estaba en el hospital con su esposa. En casa de Adán, mi hermano, donde estaban mis papás no había luz, y por eso no funcionaba el teléfono.
Vi que empeoraba la vialidad, y volví a llamarle a Adán. Era muy en serio que mis papás no debían venir, si era necesario debían quedarse con él a dormir. Estando en el teléfono me dí cuenta que el agua, ya había cubierto el motor de mi carro. La situación me preocupó. Vi las casas de la acera de enfrente. El agua les llegaba a la mitad del zaguán. Al rato me habló mi hermano que a una cuadra de aqui, en casa de un amigo, el agua ya había llenado el primer nivel.
Bajé a desconectar los aparatos, puse cobijas en la puerta delantera y bolsas de plástico, en un inocente intento de contener la inundación. Cuando me di cuenta el agua estaba entrando por la cocina y el patio trasero estaba inundado por lo menos a 1 metro de altura.
Me subí a mi cuarto, segura de que estaba segura. Y de hecho así fue, no corrí ningún peligro. Llamó Adán de nuevo, para decirme que Luis Manuel, mi otro hermano, venía de casa de un amigo suyo y su intención era llegar a mi casa a ayudarme a subir los sillones. Entré en pánico. Luis Manuel heredó la terquedad de mi papá. Venía con sus hijos en el carro y su esposa. Lo llamé, pero no me escuchó. Afortudamente, sí escuchó a su amigo, nuestro vecino que le dijo que el agua ya había cubierto por completo su carro y que ya no lo veía. Le pedí, que no vienera. El vive por aquí, así que fueron a casa de su suegra a dormir. Era casi la una de la mañana cuando mis dos hermanos me llamaron diciéndome que estaban seguros, gracias a Dios uno en su casa con mis papás y el otro en casa de su suegra.
Me pude dormir un par de horas. Cuando escuché que había parado de llover, me asomé para ver el nivel del agua, había bajado. Mi casa se inundó en el interior unos 30cm. ó 40 cm. no fue mucho, afortunadamente, pero fue lo suficiente como para que la mayor parte de las enceres de la cocina flotaran por todos lados. Con precaución bajé. Era necesario abrir la puerta para que el agua estancada saliera. Lo hice y vi que afuera había gente. Me pareció seguro tocar el agua, porque había el riesgo de electrocutarse. Empecé a barrer el agua, para sacar todo lo que pude y que no se estropearan los muebles. Me subí a bañar y dormí hasta que llegaron mis papás como a las 5 y media de la mañana. Desde esa hora y hasta la noche, no paramos de sacar cosas.
Tiramos todo lo que tocó el agua, a excepción de refrigerador y la lavadora. Lo que fue la desgracia de muchos, fue la fortuna de otros tantos quienes revisaban lo que se tiraba de las casas y pedían permiso para llevárselo. Fui a ver a mis vecinos y preguntarles cómo estaban. Mi casa fue por mucho menos afectada que el resto de la cuadra. Mis vecinos sacaban el lodo a cubetas de sus casas. Se estropearon mobiliario, libros, discos, fotos, recuerdos, electrónicos, computadoras, autos. Los camiones del municipio pasaron todo el día recogiendo lo que los vecinos vaciaron de sus casas. Era impresionante ver el desperdicio. Una grua tras otra sacaba autos en las zonas donde habia acceso. Pérdida total la mayoría de los autos.
Muchos vecinos han intentado aferrarse a sus pertenencias, para tirarlas al paso de los días resignados a la pérdida...