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Pisot (Isaí Moreno)
Sí, para Marino era difícil la asimilación del cero. Padecía la fobia por esa cifra y quizá el horror mismo de la existencia. El cero le hacía sentirse ante la presencia de la nada y el vacío. ¿A quién le gusta el vacío? Cuando se le mencionaba el problema de Brouwer de los muchos ceros posibles o imposibles en una cifra irracional, Marino afirmaba no tener preocupación. ¡Bah! —decía—, necesitaríamos todas sus cifras para investigarlo y eso no puede hacerse, son infinitas, ¿lo olvidan? Marino se confiaba con este razonamiento acerca del infinito, le tomaba a la ligera. Pero el hecho de que no podamos predecir si hay o no una cantidad monstruosa de ceros seguidos en un número, en el que aparentemente no tienen razón de ser, no significa que no podamos encontrárnoslos de manera fortuita en cifra alguna. Los ceros nos pueden incluso engañar respecto a esa cifra, haciéndonosla creer racional, sobre todo si no tenemos el cuidado de contemplarla con atención.
Pisot (Isaí Moreno)
La gente que habitaba la Calle de la Buena Muerte era silenciosa y hosca. Quienes caminaban por la avenida se encontraban con los rostros ausentes de los que ahí vivían. Era la calle de los devenires por donde la gente atravesaba apresurada en busca de los curas de la Plaza de San Pablo que confesaban a sus moribundos. Las miradas de los moradores ignoraban al transeúnte; perdidas en la monotonía, sin signo alguno de vida, parecían contemplar hacia el interior de esos seres vacíos en el que no existían las noches con sueños, sólo oscuridad y cavidades en las que antes se guardara el conocimiento del dolor, y ahora nada. Eran los espejos empañados de caras que mimetizaban toda emoción. Rostros de nadie.