Programa de Punto y coma de la UNED dedicado a mi libro Plancton.

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Programa de Punto y coma de la UNED dedicado a mi libro Plancton.
Historias de «Plancton»
Una mañana de enero del 2013 recibí una solicitud de amistad de Facebook. La solicitud, además, estaba acompañada de un breve mensaje en el que un desconocido me hablaba de su afición por los relatos breves. Soy fanático de los microrrelatos. Algo así dijo Sergio o el Ornitorrinco. Tiempo después, más o menos en septiembre del 2014, ese tal Sergio Arroyo, un hombre que de manera extraordinariamente generosa se ocupó de darle forma a mi primer libro, llegó al apartamento de Guayabos, el sitio donde yo vivía con mi esposa, Rebeca, y con Piñata, mi gata. Comimos lentejas (Rebeca prepara unas lentejas maravillosas, capaces de sonrojar a Antonio Benítez Rojo y su mar de las lentejas) y bebimos una botella (o dos) de Rioja. Esa noche tratamos de urdir remotas etimologías vernáculas, hablamos de Kafka y de Borges, y luego, al final, Sergio y Rebeca disertaron largamente sobre cine de terror y cine B.
Una mañana de enero del 2013 recibí una solicitud de amistad de Facebook. La solicitud, además, estaba acompañada de un breve mensaje en el que un desconocido me hablaba de su afición por los relatos breves. Soy fanático de los microrrelatos. Algo así dijo Sergio o el Ornitorrinco. Tiempo después, más o menos en septiembre del 2014, ese tal Sergio Arroyo, un hombre que de manera extraordinariamente generosa se ocupó de darle forma a mi primer libro, llegó al apartamento de Guayabos, el sitio donde yo vivía con mi esposa, Rebeca, y con Piñata, mi gata. Comimos lentejas (Rebeca prepara unas lentejas maravillosas, capaces de sonrojar a Antonio Benítez Rojo y su mar de las lentejas) y bebimos una botella (o dos) de Rioja. Esa noche tratamos de urdir remotas etimologías vernáculas, hablamos de Kafka y de Borges, y luego, al final, Sergio y Rebeca disertaron largamente sobre cine de terror y cine B.
Traigo a colación todos estos pormenores, en apariencia fútiles, debido a que ese primer encuentro con Sergio no estuvo exento de un riesgo, a la luz de Plancton, paradójico. Ya dije que mi casa estaba ubicada en Guayabos de Curridabat. Hay que considerar, además, que la familia de Sergio vive muy cerca de allí (no voy a decir dónde vive exactamente, pues no me perdonaría facilitar una peregrinación de fans hasta dicha casa). La cosa es que Sergio y yo habíamos arreglado el encuentro vía chat. Mae, es que yo vivo en México y acá no uso celular. No tengo teléfono y en casa de mi mamá tampoco hay. Algo así me dijo.
Hoy no puedo imaginar nada más paradójico: un tipo escribe un volumen de relatos en los que reflexiona sobre el uso del celular. ¡Y no tiene celular! Para no hacer muy largo el cuento diré solamente que esa noche Sergio llegó tarde. Rebeca y yo pensábamos que estaba extraviado, que lo habían secuestrado o que iba a dejarnos plantados. Hubo dudas, congojas pero, después de todo, llegó. Y llegó con vino (lo mejor de todo).
Dudo que en este país exista alguien que se haya tomado tan en serio (tan rigurosamente) el tema de escribir relatos breves. Sergio ha reflexionado sobre este asunto e incluso se ha dado a la tarea de trazar algunos esbozos historiográficos. No exagero cuando digo que sus relatos constituyen un verdadero intento de replantear la fórmula de O'Henry del trick story. Sergio no escribe, como recomendaba Poe, en función del desenlace. No está excesivamente preocupado de que (como dijo Borges) al final la línea aceche una sorpresa. Se trata, en definitiva, de historias dignas de ser contadas.
Fabián Coto
«Plancton», inusual libro reúne 60 cuentos breves que prometen algo más...
Comparto esta entrevista que me hizo el escritor y difusor cultural Geovanny Debrús a propósito de la publicación de mi libro de narrativa Plancton, publicada por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia en el año 2016.
Tenemos 60 cuentos en 4 partes del libro. No es fácil sumar esa gran cantidad. ¿Es este un trabajo tipo antológico de su trabajo de una vida hasta hoy?
Llevo unos veinte años escribiendo. Podría decir que casi todo lo que escribí durante los primeros diez de esos veinte años como escritor inédito fue un entrenamiento, no escribía para publicar. Más bien los cuentos de Plancton fueron escritos, con algunas excepciones, entre el 2011 y el 2013. También apliqué otro filtro: incluí solo cuentos de breve a muy breve extensión. Solo hay un par de excepciones de relatos que llegan a las cinco páginas, que en este contexto, son cuentos larguísimos. Pero me gusta que mencionés la palabra «antológico». Es lindo pensar que un libro de cuentos o de poemas es de suyo un trabajo antológico. Reunir un número de relatos para un libro también implica desechar tantos otros. Allí el escritor antologa su propia obra. El cuento corto es un arte, un oficio y quizás es un juego. Para algunos muy difícil, para otros más fácil. ¿Por qué se siente cómodo produciendo historias en esta longitud?
La verdad es que no me siento tan cómodo escribiendo cuentos; por dicha, porque de la comodidad al tedio hay un solo paso. Más bien cada cuento es un reto distinto y por eso es agradable tomarlo. Sin exagerar, tengo en discos duros en Costa Rica y México una gran cantidad de cuentos que por más empeño que puse, nunca llegaron a ningún lado. Las historias que sí se dejaron escribir, obviamente, son las que más he disfrutado; sobre todo durante la fase de las correcciones, que para mí es la más importante. Envidio a quienes afirman publicar sus libros prácticamente como les quedó en el primer borrador; tienen un desapego tremendo por sus escritos.
Leí cuentos que son como chispazos emocionales, como actos que parecen simples pero implican una reflexión quizás más existencial. ¿Hay una búsqueda en esa dirección, es ese el eje narrativo o lo que aglutina estos 60 cuentos?
No creo que todos, sí hay algunos cuentos en los que, como vos decís, se pueden apreciar reflexiones existenciales, sobre todo en las primeras dos partes del libro, pero conforme se avanza en la lectura y, en especial, en la cuarta parte, las búsquedas son mayormente formales y lúdicas. Me pareció un reto muy agradable escribir diez textos de géneros narrativos diferentes en la cuarta parte, por ejemplo. En cuanto a lo emocional, me parece algo indispensable en el arte. Soy un defensor del arte personal, ese arte que solo vos podrías haber hecho. Creo que esta es una de las diferencias entre la ciencia y el arte. Por poner un ejemplo, uno de los grandes logros de la ciencia del siglo XVII, el establecimiento de las Leyes de la dinámica, de no haberse alcanzado entonces, se habría conseguido en el siguiente siglo, solo que no se le conocerían como las Leyes de Newton, sino que llevarían otro apellido; en cambio, las pinturas de Rembrandt solo pudieron existir porque existió Rembrandt, que fue contemporáneo de Newton. Por eso creo que si una obra de arte deja a un lado lo personal, corre el riesgo de dejar de ser arte del todo. ¿Por qué “Plancton”?
Puedo dar una justificación personal del título de Plancton, pero creo que siempre el lector tendrá la última palabra del significado de todo el libro, incluyendo el título. A veces me ha pasado que escribo un cuento corto y tiempo después lo retomo y me doy cuenta de que la historia en realidad era más compleja de lo que había pensado en un primer momento y lo reescribo y entonces me sale del doble o del triple de la extensión original. Entonces pienso en esos cuentos como organismos diminutos que tienen la capacidad de generar otras historias ya no solo en sí mismas, sino a través de la imaginación de los lectores, que entonces pasarían a ser también autores. De manera análoga, el plancton está compuesto por los organismos básicos de la cadena alimenticia y me parece una buena metáfora para llamar a los relatos breves.
Leo también exploraciones novedosas que tienen que ver con objetos del presente y del futuro. ¿Hay una búsqueda de nuevas comprensiones de la realidad a partir de esos nuevos elementos, como el celular y la dependencia que ha creado?
La generación a la que pertenezco participó en la llegada de la era digital. Creo que, como generación, tenemos la responsabilidad de decir que el mundo digital no es el único mundo posible. Antes usábamos bíperes, cámaras de rollo, radiocaseteras y teléfonos fijos; pero ahora nos pasamos a un solo objeto que lo aglutina todo: los celulares. La música en “streaming”, la televisión, la cámara fotográfica, la internet y los juegos de video, todo está en el celular. Nos movemos entre dos posibilidades: rechazar la inmediatez de la conectividad permanente, o bien, abrazar el mundo digital en toda su dimensión. Si optamos por la primer posibilidad, quedaríamos excluidos del flujo del presente y de la vigencia, nos aislaríamos y, eventualmente, solo podríamos encontrar compañía en otros auto excluidos, dando lugar a una especie de tribu anacrónica; si optamos por abrazar al mundo digital sin condiciones, nos toparíamos con la mala noticia de que cuando pensemos que ya estamos allí, que vivimos plenamente en la vida moderna, ya estaremos desactualizados. Cada seis meses saldrán nuevos formatos, códecs, redes sociales y modelos de celulares que vuelven obsoletos a otros modelos que todavía están nuevos. No soy un tipo anti tecnología, todo lo contrario (por poner un ejemplo, mi próximo proyecto tiene que ver con libros digitales). Pero creo que el mundo moderno nos obliga a buscar un equilibrio personal. Y como no hay dos personas iguales, no hay fórmulas que sirvan para todos. Cada quien debe descubrir dónde acaba su bienestar y dónde empieza la enajenación.
Qué le decimos al lector, Sergio, sobre este libro para que se anime a entrarle.
Los lectores tendrán la última palabra siempre, pero a mí me da la impresión de que «Plancton» es un libro inusual. Por un lado tiene cuentos directos y relativamente espontáneos, pero por otro también tiene cuentos francamente premeditados, artificios. Pero además de eso, por ser un libro de microrrelatos, tiene un público más amplio del habitual, no solo puede gustar a quienes habitualmente leen cuentos, sino también a los lectores de poesía.
(Esta entrevista originalmente fue publicada en la página CulturaCR.)