He conseguido vivir durante mucho tiempo en este ritmo afónico que suena a veces fuerte y luego su vibrar es tan suave casi nulo, cuando suena el eco es dulce y retumba por todo el lugar, llegando a esos rincones donde el alma ya no siente y la mente ignora, pero cuando su vibrar es tan silencioso, apenas se escucha el retumbar de las paredes, el sonar de los suelos y el temblar de las ventanas, se inunda el suelo e inunda los salones, para cuando cece la tormenta yo tenga que recuperar lo dañado, arreglar, pegar e incluso terminar de romper lo que su partida ha dejado, y es cuando más presiento el regreso, de nuevo llega a revolver el sentimiento de aquello que por afecto no desecho, se convierte en el ciclo de aquello que suena, canta y vibra para luego quedar hecho partes de un nada, todo queda tan lúgubre en el interior de aquel salón al que iba a llevarme de ritmos encantadores y ensordecedores, tanto que a veces, temo no poder escuchar cuando se acerca la tormenta y no estar preparada para cuando llegue a romper cada parte de lo ya desecho...
Lexary_lo














