«Todos los hombres y todas las mujeres son filósofos, o, al menos, mantienen ciertas ideas que constituyen prejuicios filosóficos. La mayor parte de estas teorías son prejuicios que inconscientemente dan por sentados o que han absorbido de su ambiente intelectual o de la tradición. El hecho de resultar teorías acríticas y que nadie las examine de forma racional no impide que tengan una gran importancia para las acciones prácticas de la gente y para su vida entera. Una justificación de la filosofía profesional reside en el hecho de que los hombres necesitan que haya quien examine críticamente estas extendidas e influyentes teorías. Este es el inseguro punto de partida de toda ciencia y de toda filosofía. Ambas deben partir de las dudosas y a menudo perniciosas concepciones del sentido común acrítico. Su objetivo es el sentido común crítico e ilustrado: una concepción más próxima a la verdad y con una influencia menos perniciosa sobre la vida humana.»
Popper, K. R.: «Cómo veo la filosofía», en La lechuza de Minerva. ¿Qué es filosofía? (VV.AA.). Ediciones Cátedra, pág. 61. Madrid, 1979.
TGO
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