Las personas que atravesamos muchas vidas dentro de esta vida aprendemos a desarrollar la capacidad de reconocernos en medio del cambio.
No necesito que todo sea estable para saber quién soy, porque aprendí que la estabilidad externa nunca es permanente.
Y cuando esto ocurre me apoyo en algo más profundo, que es en lo que soy, más que en lo que tengo.
Cuando todo va bien nos creemos nuestras fórmulas, nuestras creencias, nuestras certezas… pero eso cae cuando la vida gira y ponemos en duda qué de todo eso que nos creímos es verdad. Quizás me repito en el discurso, pero es ahí donde estoy aprendiendo algo, y básicamente es que ya no sé nada.
Porque las fórmulas son estructuras psicológicas de orientación y funcionan hasta que dejan de funcionar.
Somos miles de millones de personas… entiendes? Me digo a mí misma, porque quiero entender el peso de mis propias preguntas…Imagínate que eso que pensamos de cómo son las cosas fuese verdad…
Fómulas que yo he pensado que funcionaban como:
“Si soy buena persona, me irá bien.”
“Si me esfuerzo lo suficiente, lo lograré.”
“Si amo bien, me amarán bien.”
“Si hago lo correcto, estaré a salvo.”
Y cuando eso no funciona, la vida no es justa por muy buen corazón que tengas… entonces, qué me ha ocurrido? Que he perdido la identidad que había construido alrededor de esa lógica…
No existe garantía de nada, la vida la vivo improvisando todo el rato, sin guión.
No hago cosas esperando un resultado, sino que hago cosas que son de verdad para mí.
No hay una felicidad constante ni una ausencia de miedo… perder la fé en muchas cosas que creía es la forma de ver una vida más real, aunque no sea siempre tan bonita ni tan justa.
La vida no va de recompensas, ni con disciplina y esfuerzo consigues todo lo quieres o lo que necesitas o lo que mereces.
La disciplina no me da inmunidad al dolor o ala pérdida o a la injusticia… quizás me da la capacidad de volver a empezar, la capacidad de no colapsar completamente o la capacidad de sostenerme cuando no tengo garantías.
Es una diferencia enorme… no dejo que me vendan fantasías… sobre todo ya no de los demás, sino de mi propia mente.
No es justa con las buenas personas.
No es justa con las malas.
No funciona como un sistema moral de recompensas.
Esta es una de las desilusiones más duras que existen, podemos haber actuado con honestidad, con amor, con coherencia… y aun así perder dinero, perder relaciones, perder seguridad.
No porque hayamos hecho algo mal.
Sino porque la vida no es un contrato.
Viajar no te hace mejor persona, ni estudiar más consciente, ni sufrir nos hace más sabios...
Yo lo único que veo que cambia a una persona es la disposición de verse así misma sin autoengaño.
Porque puedes viajar por todo el mundo y no verte y puedes no salir de tu barrio y verte completamente.
Esa capacidad no depende de la experiencia, sino de la honestidad interna.
Y hasta ahí ha llegado en mi intento de descifrar la vida... mi lugar básicamente es construir una forma de estar en ella que no me destruya.