Al arribo de la penumbra tomo lugar en mi ventana,
junto a mi salvaje compañera,
una pausa previa al sueño que ella bien domina.
A mi lado duerme, o eso me parece,
a mi lado me deja perder
en la infinidad oscura de mi mente,
me permite desmoronarme en colorida fantasía,
navego en sosiego seguro de su compañía.
Al arribo de mi sueño profundo,
ella regresa a la ventana,
recobra su naturaleza sublime y
viaja a la luna o a cualquiera de los astros
que haya deseado visitar
mientras yo la acompañaba en la ventana.














