FASCISTAS VIENEN A PROVOCAR AL 8M Y LOS ECHAN La ultraderecha española intenta provocar violencia en la manifestación del 8M Video publicado por Lucio Martínez Pereda @anluma99
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FASCISTAS VIENEN A PROVOCAR AL 8M Y LOS ECHAN La ultraderecha española intenta provocar violencia en la manifestación del 8M Video publicado por Lucio Martínez Pereda @anluma99
Mi lengua no me sirve de nada, si no esta entre tus piernas.
Esconderla todas las sillas de mi casa solo para que te sentaras en mi cara.🔞
*la nalguea y le da una relación completamente estable*
LA PASION
Cuando la Diferencia entre un Súper Dotado y un Común está marcada por mucho más que un Algoritmo o un Buen Procedimiento
Dicen que dicen que dijo “Tordo, si Ud. no me mete esa jeringa, me la meto yo, démela carajo”. El Dr. Raúl Madero (1939- ), atónito, impertérrito, sintió que todos los libros de medicina se le rompían y peor aún, sintió que quedaban sepultados ante la fiereza del más grande. Diego, le arrancó la aguja de sus manos y se la clavó (los expertos dirán que fue por la vía antero lateral) como quién arremete contra un cacho de carne recién asada. Un verdadero “corta fierro” describió su inseparable Guillermo Coppola (1948- ). Afuera estaba Brasil, no era momento de mariconeadas. En un fulminante segundo y por ese tobillo que explotaba, empezaron a fluirle torrentes químicos que le producirían la pérdida temporal del dolor. Los letrados dirán que se interrumpiría la conducción nerviosa solo en forma transitoria por un par de horas. No importa, digan lo que digan, eso alcanzaba y sobraba para pintarles la jeta a los de verde - amarelo. Y el pie izquierdo, su zurda, nuestra zurda, se transformó en un caldo de anestésicos, lidocaína, procaína, prilocaína y solo Cristo sabrá que otras “ína” se metió.. El mundo avanza (aunque a nosotros no nos parezca), gracias a los apasionados y son estos con los que con su obsesión y perseverancia logran resultados más allá de los comunes, más allá de los mortales.
Vincent Van Gogh (1853-1890), uno de los más geniales pintores que dio la humanidad, aunque muchos lo ven como un loco indomable, que entre depresiones y exaltaciones pintaba en forma sublime. Vivió en el conflicto permanente, entre pesadumbres y sufrimientos, pero la pintura post impresionista no sería lo que es, si no fuera por Van Gogh. En su corta vida (37 años) solo quería hacer lo único que realmente amaba: pintar. Nuestro otro genio, hoy bajo este tributo, eligió otro amor: jugar a la pelota. El gran holandés conocía de la pobreza y la marginalidad, de allí una de sus grandes obras (Los Comedores de patatas, 1885) que muestra la extrema miseria de una familia campesina en rededor de una mesa. En ella, predominan los grises con excepción de una suave luz sobre las sabrosas patatas que se habían juntado en el día de trabajo. Como Diego, Van Gogh fue un lobo solitario, que si bien podía estar rodeado y halagado por mecenas de todos los colores, él prefería estar bajo el cobijo de su mejor amigo, su hermano Theo. Nuestro pintor de marras vivía de crisis en crisis, violentas, terminales, furiosas sin excluir duelos personales a mano armada, como con Gauguin en diciembre de 1888. Van Gogh termina siendo encerrado en el manicomio de Saint Rémy, pero al igual que Diego, siguió pintando o inventando gambetas en el aire, ya no con los fulgores de sus años más felices pero dejándonos de todas maneras lienzos que hoy nos hacen llorar.
Van Gogh también tuvo su barrilete cósmico, no en forma de apilada a media Inglaterra, sino con un maravilloso cuadro que muestra un cielo cargado de dramatismo pero inundado de estrellas y planetas que entre nubes ondulantes envuelven a un pequeño pueblo. Había pintado una genialidad. Había pintado “La Noche Estrellada”, quizás su obra más emblemática. Ese cuadro es Diego en persona, ya que junta la violencia del cielo con lo apacible de ese pueblo, quizás hasta ubicado en el mismísimo Fiorito. Van Gogh, pudo salir también de Saint Rémy y ayudado por el Doctor Gachet se refugió en un tranquilo pueblo francés. La esperanza era que encontrara la paz. Solo la paz. Sin embargo, como nuestro Diego, las añoranzas y las melancolías lo emborrachaban cada noche y la depresión avanzó día a día, para terminar así suicidándose en julio de 1890. El suicidio es una forma alternativa de morir. Otros simplemente se despiden, se encierran y se toman el “pire”, como Diego.
Van Gogh y Maradona, Maradona y Van Gogh, pintaron firuletes, ondas en el cielo, caminos en el pasto y marcaron a los compadritos que los enfrentaron irrespetuosamente. Tipos complicados, difíciles, locos, imposibles de domar, avasallantes pero con una pasión fuera de escala. Es qué acaso esperamos que en ellos hubiera una mansedumbre dormida?.
Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) definió a las grandes pasiones como esas enfermedades incurables, que si se las intentara sanar, las mismas se volverían aún más peligrosas. Tratar de aplacar esas pasiones podría incluso terminar con nosotros mismos, definía el genio alemán, poeta, novelista, dramaturgo y hasta científico. A mí, no me vengan con cuentos, Diego no fue cebollita, ni fue Pelusa. Diego fue un Illuminati que con su locura y pasión pensó que el mundo obligatoriamente debía adaptarse a él y no él al mundo. Como los Illuminati de Baviera, Diego buscó siempre la perfección absoluta, la libertad total sin cadenas y la fraternidad como eje.
Cierro este tributo, con una anécdota de mi admirado amigo Julio Bárbaro, quién (gracias a su generosidad) vino varias veces a dar conferencias a mi aula del post grado de la Universidad de San Andrés. Con la fogosidad que lo pinta de cuerpo y alma, Julio afirmaba que entre la calculada parsimonia suiza del Siglo XV o XVI y el Renacimiento Italiano, él se quedaba sin dudarlo con este último: “Mientras los tanos explotaban de pasión, colores y formas, los suizos solo inventaban el Reloj Cu-Cú”.
Si hay algún joven por estos renglones finales le quiero dejar un mensaje al estribo.
Entre el “quedarte en el maso” o el “jugártela”, clávate la aguja de la pasión.
Entre el “mejor espero un poco” y el “momento es ahora”, deja todo y salí ya a la cancha.
Entre el “silencio respetuoso” y el “grito por la lucha”, hínchate tus pulmones y que se te escuche muy pero muy lejos.
Nadie se acordará de vos por hacer lo políticamente correcto. Si se acuerdan de vos, se acordarán por tu pasión.
Como Diego, hacé de tu vida una historia que merezca ser contada.
Tributo a Diego Armando Maradona (1960-2020)
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SI LA VIDA ES CARA PROBEMOS CON LA MUERTE
Miró fijo al reportero y con una única y explícita frase enterró para siempre jamás, toda la lucha de la humanidad por lograr una mejor calidad de vida a edades avanzadas: “El problema ahora, es que treinta años atrás teníamos que mantener a una persona hasta los 70 años. Y ahora la tenemos que mantener hasta los 85”. Y para que quedara bien clara su darwiniana definición, remató: “Y encima ahora sale mucho más caro mantenerla viva por todas las medicinas y tecnologías que se necesitan”. Este lector, ahora devenido en pretencioso escritor, impávido y conmovido, pensó: Si la vida sale cara, debiéramos probar entonces con la muerte (robando la frase a un viejo concepto sobre Educación e Ignorancia).
Adolfo Bioy Casares (1914-1993) escribió a sus 55 años, una cruda novela llamada “Diario de la Guerra del Cerdo”, en la que relata una guerra entre jóvenes y viejos. Isidoro Vidal despierta un día y descubre que hordas de jóvenes comenzaron a atacar y a amenazar a los muy mayores. Vidal que transita esa edad en que aún no puede considerárselo viejo, vive en un conventillo de habitaciones modestas y tiene miedo, mucho miedo. Más aún cuando se entera que mataron a “Don Manuel”, el vendedor de diarios de la esquina. La novela discurre entre los “viejos” que quieren salvarse y estos fanáticos jóvenes que pelean para acabar la vida de los gerontes (del griego “Gerón”, cuyo significado es anciano). Estos últimos simplemente anhelaban llevar delante una vida normal, pero todo el entorno se volvía agresivo y sentían, sobre todo de los más jóvenes, una profunda repulsión y odio hacia ellos. La novela de Bioy muestra la tensión existente entre dos generaciones: los que se sienten eternos versus aquellos que ya saben que el horizonte final está cercano.
La parábola de “El Diario de la Guerra del Cerdo”, es perfecta para acompañar el pensamiento del letrado mandatario reporteado, ya que Bioy entiende que en esa guerra “los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser”. La incitación a matar viejos es enorme ya que no es posible aceptar que estos antes vivían solo hasta los cincuenta años, ahora viven pasando los sesenta y quizás un día lleguen hasta los ochenta o más. Inaceptable, debieran morir antes.
En el otro extremo, Yuval Harari, profesor de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén, afirma que para el 2050 el ser humano habrá vencido a casi todas las enfermedades y la vejez dará paso a una vida manipulada genéticamente (que seguramente será muy cara) dando así paso a la raza de los Amortales. Los Amortales serán personas con suficiente dinero como para poder pagar cada diez años, una revisión técnica total de su cuerpo, evitando así la muerte por manejo genético. No serán Inmortales, ya que siempre pueden morir accidentados o asesinados (como lo eran en la novela de Bioy Casares).
El desprecio, el maltrato o el abandono a los mayores está en relación directa con la madurez de la sociedad que los contiene. A mayor maltrato, mayor inmadurez, (delicada manera que tuve para evitar la palabra “brutalidad”). En la prehistoria, donde el único objetivo era la supervivencia, todo se organizaba en rededor de los viejos ya que eran ellos los que podían transmitir las mejores habilidades para la caza, la pesca o el manejo de precarias armas. Los muy viejos, eran tan venerados que se los ubicaba en una posición cercana a lo metafísico ya que podían sanar y alejar a la muerte. Ellos eran los chamanes o brujos y eran alabados y cuidados hasta el fin de sus días. Ya en tiempos más recientes, en la Grecia Helénica, el Senado debía reservar cuanto menos veintiocho de sus miembros a personas de más de sesenta años. Lo hebreos mismos nos legaron, vía el Nuevo Testamento, que el rol de los ancianos debía ser fundamental, único e irreprochable, al punto que ellos debían decidir todas las cuestiones jurídicas y religiosas. Es profusa en la historia la correlación entre vejez y sabiduría. Solo en la Edad Media, el papel del anciano no fue ensalzado, ya que la importancia pasaba más por la fuerza física que por las capacidades mentales. El viejo era considerado un débil, un marginal. Habrán leído nuestros mandatarios mucho sobre el Medioevo y poco sobre Grecia?. Sería bueno que se ilustren un poco ya que para novedad siempre los clásicos griegos son bienvenidos.
Ana ronda los 84 años. Toda su vida trabajó a destajo “cosiendo para afuera” y cuenta que a mucha honra aportó por décadas como “autónoma”. En los buenos momentos llegó a tener una mercería armada con amor y con lo poco que tenía, en el propio garaje de su casa. Su marido, Enrique, viajante de comercio (que no terminó la escuela primaria), recorría dale que dale largos caminos para tejer largos sueños de progreso. Con ese enorme esfuerzo pudieron criar a sus cuatro hijos dándoles una sólida formación educativa, mucho más de la que ellos mismos recibieron. Ana hoy cobra $18.000 más el 75% de la pensión dejada por Enrique, con eso redondea unos $30.000 de bolsillo (unos u$s 200 mensuales). Clara y cruelmente, está por debajo de la canasta básica, por lo que técnicamente es pobre, si no fuera por que su hijo Gerardo vive con ella y de esa forma pueden llevar, PAMI medianamente, una vida ajustada. Sus otros hijos, son también parte del fondo compensador para que ella pueda sobrevivir. Si Ana no hubiera podido comprarse su casa, allá por los setenta, o si no viviera acompañada directa o indirectamente por sus hijos, hoy Ana estaría en la indigencia. Es culpable Ana de querer rebelarse contra un mandatario para vivir más y así ver crecer a sus nietos?. Es qué acaso, ella está en deuda con el país? No será al revés, que es el país el que está en deuda con ella?. La historia de Ana es la de millones de nuestros abuelos.
En la vida de un trabajador, la jubilación es un hito que marca un final pero que a la vez debiera indicar un nuevo comienzo. Jubilación viene del latín “jubilare” que significa “lanzar gritos de júbilo”, quizás demasiado sarcasmo para los tiempos que corren. Desde un punto de vista estrictamente económico la jubilación es un pleno derecho adquirido fruto del producido a lo largo de una vida de trabajo. El sistema fue tan sabiamente pensado que la relación (en casi todo el mundo es similar) es de aproximadamente unos 40/45 años de trabajo más unos 15/20 años de sobrevida hasta la muerte. Quizás quién declaró lo que declaró, estaría pensando que sería más conveniente que el retiro laboral viniera acompañado del retiro final de estas tierras. Decir que “los viejos son un problema” o bien debe ser entendido como una respuesta no pensada fruto del stress o caso contrario es un extrema obscena insensibilidad. En qué momento pasamos a ser descartables? Y no solo descartables, en qué momento pasamos a ser molestos para el sistema?.
Termino con una historia auto referencial. Por años, caminaba las nueve cuadras que había desde mi casa de entonces hasta mi empresa. Subiendo Callao, por la mañana muy temprano, esquivando veredas baldeadas por pulcros porteros, iba con la máxima firmeza que la edad me daba. A mi paso, niños yendo a sus escuelas, diarieros ordenando su parada y sobre todo abuelos que salían en busca del pan del día. Recuerdo perfectamente el momento, finales de 1999, el Dr. Menem estaba dejando un legado de pobreza cercano al 40%, la caída del PBI en el orden del 4% y una tasa de desocupación del 15%. La economía crujía y los jubilados con los eternos atrasos versus la inflación. El lector dirá que miento o que estoy loco, pero con total precisión recuerdo que en el 1200 de Callao, mano impar, una luz me iluminó mientras una voz interna me decía: “Qué tenés pensado para tu vejez?. Así como están las cosas, no tendrás jubilación alguna!”. Y es allí donde nació mi “Plan 60”. Yo tendría unos cuarenta y cinco años, esa edad que el hombre transita creyéndose eterno, cuando la realidad indica que tu medio siglo está a la vuelta de la esquina. Me la tenía que jugar entero.
Dado que nada esperaba del Sistema Jubilatorio, mi “Plan 60” consistía en llegar medianamente armado a mis sesenta años como para no depender de un Estado, que desde que yo tenía uso de razón, se había encargado de menospreciar a los viejos. Tenía quince años por delante, muchos sueños, pero con un reloj que me marcaba que estaba en el segundo tiempo. Debo reconocer que no logré mi “Plan 60” y que el mismo se convirtió en un “Plan 65”. Desventuras, crisis del 2001, equivocaciones, en fin. De todas manera fui un afortunado. Nadie me regaló nada, Pasaron más de 10.000 alumnos por mis aulas y más de 1.000 empleados lo hicieron por mi empresa. Si Dios, mis viejos y mi familia no me hubieran contenido, hoy sería un cuasi indigente más. Pero tuve la fortuna que al andar en mi carro los melones se fueron acomodando. Soy un agradecido a la vida.
Querido País, en mi caso, mano a mano hemos quedado, nada te debo, nada me debes. Pero cuida a mis pares y mantenlos lejos de la parca. No es un pedido. No es un favor. Es una obligación que tienes para con ellos y es la Patria la que te lo demandará.
Tributo a Adolfo Bioy Casares (1914-1993)
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OTRO LADRILLO MAS EN LA PARED
Admito que he usado hasta el hartazgo imágenes de la película THE WALL (1982, Música Pink Floyd, Guion Roger Waters, Dirección Alan Parker) en centenares de clases o conferencias. Eran tiempos del VHS y con artesanía pura me las había ingeniado para capturar una escena emblemática y así pasarla, video casetera mediante, sobre la pantalla que hubiera en el aula o salón. No crea el lector que las disertaciones eran siempre en magistrales lugares, con todo el equipamiento tecnológico a disposición. Más de una vez, debía sacar el reproductor de mi casa, cargarlo en el auto, llegar antes al lugar y acondicionar todo para que funcionara al momento de la charla. Si no había pantalla, una sábana o una simple pared blanca eran excelentes. La escena en cuestión (foto superior) es la de los alumnos que prolija y militarmente sentados, tienen ante sí a un temible y represor profesor que los fustiga para memorizar, cual burros, definiciones diversas que no ayudarían en nada a sus formaciones.
Algunos han mal interpretado los versos: “We don't need no education….. No dark sarcasm in the classroom, Teachers leave them Kids alone…” (No necesitamos ninguna educación ... No sarcasmo oscuro en el aula…., Maestros dejen en paz a los niños…), como un rechazo a ser educados. Por el contrario, Waters nos incitaba con su memorable “All in all you're just another brick in the wall” (Con todo, eres solo otro ladrillo en la pared), a que la educación debiera ser básicamente para ayudar a pensar y no para tener todas las respuestas a la mano. La mejor educación es aquella que nos hace preguntar. No es la que nos da todas las respuestas servidas.
Las falencias de nuestro sistema educativo son tan monumentales, que para reconstruirlo sería más fácil pensar absolutamente todo desde cero. Sus pilares están quebrados, sus estructuras son arcaicas, los programas no preparan a los jóvenes para los nuevos requerimientos del hoy y del mañana. Se ofenderán varios, pero hasta la mayoría de los mismos maestros no califican para los desafíos del hoy. Nuestra sociedad está en caída libre y para pensarla nuevamente, es en la escuela donde deberemos empezar a encontrar el norte. A quién le quepa el sayo, que se lo ponga.
Juan, el Tano, es de lágrima fácil. Se formó en la enorme Universidad de la Calle y se doctoró con Honores de Sentimentales Tangos. Nunca supe si realmente nació en Italia o si es tan poderoso su amor por “La Bota” que sus relatos tienen esa mezcla de fantasía y sueños, que los convierten en totalmente verosímiles. Juan vende golosinas, que no son otra cosa que esos pequeñas gratificaciones que nos acompañan de por vida, salvo para algunos. Tiene un gran comercio en una zona muy popular, exactamente donde las vías del Tren Roca mueren luego de trajinar desde el lejano Sur hasta las puertas mismas de la gran ciudad. Lo he visitado muchas veces y cada vez que he ido no pude evitar retorcerme de angustia al ver a cientos de pibes (los buscas) que bajan corriendo del tren y con el producido de las ventas entre los vagones, le tiran sobre el mostrador, arrugados, sucios y desgastados billetes para comprar otra cajita de golosinas y volver corriendo al tren y otra vez rumbo al Sur. “Pueden hacerlo 5 o 6 veces en el día y ya sabes, van haciendo una diferencia… al final del día llevan algún mango a sus casas”, me dice con total resignación. La golosina, juguete del dulce saboreo, se convierte en un intercambio comercial para poder sobrevivir. Son pibes. Son laburantes. Nunca probarán de lo que tienen que vender.
Siempre que alguien habla de los chicos que luchan por vivir, pienso en mi amigo el Tano Juan, ya que creo que desde algún lugar, esos pibes no quieren ser “un ladrillo más en la pared”. Ellos están en la pelea de la vida. Nuestros brazos no alcanzarían jamás para contener tanta pobreza, tanta falta de cariño, tanta falta de enseñanza. Pero allí van los purretes, corre que te corre tras las ruedas del ferrocarril, con sus alfajorcitos o turrones cuidándolos como oro y pensando “No son para comer, son para vivir”.
Ray Bradbury (1920-2012) escribió un relato épico “Todo el Verano en un Día”, que nos cuenta la historia de un planeta donde el Sol solo aparece cada 7 años ya que el resto del tiempo es noche profunda o bien terribles lluvias caen sobre él. Es un planeta sin la energía del sol y los chicos que habitan allí son mustios y pálidos (son meros ladrillos en la pared). Cierto día, exultantes científicos predicen que en este sempiterno oscuro planeta, al otro día, a tal precisa hora y por espacio de no más un largo suspiro, el sol aparecerá para mostrarse radiante, para luego volver a esconderse por vaya a saber cuanto años más. En ese planeta, ningún chico había conocido el sol jamás, quizás como los pibes del Tren de Juan o los alumnos de Roger Waters y tienen ante sí una ocasión memorable, seguramente irrepetible. Por la noche todos comenzaron a prepararse con risas, sueños y alegrías compartidas ya que tendrían la posibilidad de recibir la tibieza de los rayos sobre sus caras aunque sea por unos pocos instantes. Leyeron y leyeron sobre las propiedades de la luz solar y hasta escribieron un poema sobre nuestra estrella única y final.
Esto es así para todos, menos para Margot. Margot tuvo una dura infancia y siempre fue objeto de la burla de todos. A tal punto, que los mismos chicos de la escuela deciden encerrarla dentro de un armario a manera de “broma” totalmente sádica, amenazándola “que ella jamás conocería el sol”. El tema es, que los chicos se olvidaron de Margot y al aparecer el sol, mientras todo el planeta festeja, canta, corre, baila, Margot lloraba recluida en el armario, sumergida en la mayor de las sombras, en los silencios más totales y con esos dolores que calan hondo. Cuando el Astro comienza a ocultarse para dejar en oscuridad y lluvias nuevamente a todo el planeta, alguien se acuerda de Margot encerrada, pero ya era tarde. Margot no vería el sol por muchos años más.
Ray Bradbury, Roger Waters y el Tano Juan nos arrojan con fiereza sobre nuestras caras, lo que significa vivir sin la calidez del sol, sin la libertad o peor aún lo que significa confinar a millones de niños a la falta de crecimiento, a la ausencia de sueños o simplemente a tener cuanto menos una esperanza. Desde el lugar en que estemos dando batalla, es bueno tener presente a los pibes. No hagamos de ellos un “Ladrillo más en la Pared”. Si no revertimos esta decadencia, el Muro será enorme. Será gris, sin sol y teñido de tristezas.
Tributo a Ray Bradbury (1920-2012)
Tributo a Pink Floyd (1965-1995)
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BAJO LOS ADOQUINES, LA PLAYA
Al terminar de leer esta nota, son solo 5 minutos, quisiera que te respondas a vos mismo cual ha sido el gesto más rebelde que has hecho en tu vida. Busca en tus recuerdos, ese instante donde sentiste que estabas haciendo algo diferente, provocador y que quizás podía conllevar un cambio a vos mismo, a tu familia, a tu empresa o a tu grupo de pertenencia más cercano. ¿Has sido rebelde con causa alguna vez? ¿Qué huella entendés que has dejado en algún espacio en el que has participado? ¿O acaso siempre has sido parte de la multitud callada o en una tribuna gritona, pero sin músculo para generar revolcones?
Entre un manso y un alborotador, siempre estaré junto a este último. Y entre un disconforme y un conservador, hombro a hombro con el rebelde iré. Jane Fonda (1937 -) por fuera de ser una soberbia y bella actriz siempre fue una activista en defensa de múltiples ideales. Ella tiene una frase maravillosa: “Nada importante ha pasado sin que haya desobediencia civil”. La Sra. Fonda, mito erótico entre 1960-1980, tiene en su haber 2 Oscar, 10 Nominaciones y con sobrada riqueza económica como para ser conservadora, fue arrestada en el 2019 frente al mismo Capitolio. Una rebelde.
Cuando chico, en alguna perdida calle de Lanús donde pasé mi infancia, los trabajadores les ganaban por goleada a los vagos. Es más, no recuerdo haber conocido a alguien sin trabajo. Redoblo diciendo que no conocí a nadie sin sueños de progreso. Si tenías un taller tratabas de cuidarlo o expandirlo un poco. Si tenías una panadería tratabas de que la misma luciera impecable. Mi amigo de la primaria, Daniel M., al igual que mi familia, tenía una casa humilde pero impecable. Aún recuerdo que, al entrar a la misma, largo pasillo al fondo, el olor a comida casera te envolvía. Su padre, quizás me equivoque, trabajaba en Alpargatas o en alguna empresa nacional pujante de los 60. Lo que me conmovía de Daniel era su vocación por la pulcritud, el estudio y sus sueños de ser Ingeniero. Era mi amigo de las tranquilas veredas, del fútbol en los potreros y en el ir y venir con guardapolvo blanco a nuestra Escuela No. 19 Yapeyú. Era mi cómplice en ver las bicicletas que eran de “los otros”.
Con Daniel éramos inmortales y nuestros sueños construían castillos cada día. Éramos todo poderosos y el nihilismo, esa posición de negar el valor a las cosas o de no tener creencias morales y sociales, estaba en las antípodas de nuestros ideales. Teníamos acabado respeto de nuestros mayores y la fe era parte de nuestro ADN. Con Daniel éramos demasiado inocentes aún para entender a su tocayo Daniel Cohn-Bendit, impulsor del Mayo Francés de 1968. El Sr. Cohn-Bendit recibe mi tributo de esta semana, por que tuvo la fortaleza de incomodar y mover estructuras anquilosadas y enfrentarse al mismísimo General Charles De Gaulle. No vengo a hacer una apología ni de Cohn-Bendit, ni del Mayo Francés y menos aún de la violencia. Pero si vengo a levantar la bandera que la misma Jane Fonda luego predicaría: Pocas cosas importantes pueden pasar en nuestras vidas si no hay desequilibrios, incluso hasta civiles. Ya has pensado cual ha sido tu máxima rebeldía?.
La foto que ilustra esta nota es un claro ejemplo de la vigencia de los sueños. Es un simple grafiti que dice: “Sous les pavés, la plage” (Bajo los Adoquines, la Playa). Pero esa frase escondía un poderoso significante, ya que los estudiantes del Mayo Francés al levantar barricadas con los adoquines de las propias calles, descubrían que los mismos estaban apoyados sobre una argamasa donde la base era simplemente arena. De esa forma y con esa simple declaración, encapsulaban la visión del mismo movimiento que ellos lideraban (contra la urbanización y la sociedad moderna) y de una forma literal, metafórica y hasta despiadada, devolvían la esperanza que ellos encontraban en esa nueva tierra prometida o sea la playa misma.
Debajo de esos adoquines podían florecer, con la fuerza de los rebeldes, nuevas formas de vivir y de ser. Debajo de esos adoquines podía haber otra vida misma para que de esta forma, los iracundos, dejaran de ser parte de un sistema al que repudiaban. Es verdad que con los años nuestros sueños se van podando. Pero la playa sigue estando allí debajo. Como estaba para Daniel o para mí hace 50 años en esas calles de Lanús. Solo es cuestión de mover un poco los adoquines.
Los poderes que enfrentamos hoy, sin muchas aspiraciones para hacer cambios, son adoquines tan ensamblados y fijados que no nos permiten encontrar la playa. Pero la playa está. Siempre doy bienvenida a los extremos de siniestra o de diestra ya que en momentos de crisis como este, es necesario la provocación del pensamiento para poder cambiar. Un dirigente, al que admiré mucho, me decía “Mira Horacio para hacer quilombo tenés que mandar delante a tres o cuatro que repartan cachetazos y atrás que vayan los pensantes para establecer el nuevo orden”.
En esta Argentina de la crisis extrema, el silencio es el peor de los amigos. El ruido, el tumulto, los gritos son preferibles a las aguas mansas. Con los modales suaves y la postura tranquila ya vemos donde estamos. Sostengo que la confrontación es positiva y la prefiero antes que a la verdad impuesta como palabra santa.
Sabio es el que no se calla. Sabio es el que se desdice. Sabio es el que ofrece sus ideas y las grita a cuatro vientos. Sabio es que el desparrama esas ideas como espadas, para que luego choquen con otras y que a suerte y verdad tratan de convivir entre sí. Pobres los que ostentan el poder y no se dan cuenta de lo perecedero de sus posiciones. A veces se creen tan poderosos que piensan que los adoquines jamás se moverán. Que se alejen de mi los que me vienen con sus certezas y no dejan lugar a la duda, al camino lateral o simplemente a remover adoquines para buscar la playa.
Soy de una generación que nacimos para mantener vivas las pasiones y los esfuerzos por el estudio y el trabajo. Lejos estábamos de los falsos dioses que hoy creen que con asistencialismo se puede transformar una Nación. El ser humildes nos ponía en la condición de escuchar, que es la mejor forma de aprender y crecer. Y fuimos modelando nuestra cordura, madurez dirían algunos, simplemente equivocándonos y levantando los adoquines que fueran necesarios. A esta altura, te vuelvo a preguntar: Cual ha sido tu mayor rebeldía?.
Tributo a Jane Fonda (1937- )
Tributo a Daniel Cohn-Bendit (1945- )
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