1945. Klaus Fuchs trabajaba en el laboratorio de Los Álamos, en EE.UU., donde forma parte del equipo que diseña y construye la primera bomba atómica, detonada el 16 de julio de 1945 en Alamogordo, así como las usadas contra Japón el 6 y el 9 agosto de ese mismo año. Tras el final de la guerra continúa un año más en Los Álamos trabajando en los primeros diseños de la bomba de hidrógeno, para regresar en 1946 al Reino Unido como director de la división de física teórica del Laboratorio de Harwell, sede del programa nuclear británico. El problema era que entre 1941 y 1950, Fuchs fue una de las principales fuentes de información de la Unión Soviética sobre los progresos del proyecto nuclear angloamericano. En concreto, desde su privilegiada posición como uno de los científicos clave del Proyecto Manhattan, Fuchs transmitió detalles cruciales tanto sobre la bomba de implosión de plutonio, el tipo de arma detonado primero en Alamogordo y luego sobre Nagasaki, como sobre las investigaciones iniciales en la bomba de hidrógeno. Esta información fue importante para que los soviéticos pudieran probar su primera bomba de plutonio ya en agosto de 1949, lo que inauguraría una carrera armamentística de cuatro décadas. Puede decirse, pues, que Fuchs contribuyó indirectamente a establecer un equilibrio militar que, a través de la doctrina de la destrucción mutua asegurada, evitó una guerra nuclear entre las dos superpotencias. Fue apresado en Inglaterra y juzgado por pasar secretos militares a una nación aliada (todavía la URSS era considerada como aliada de EE. UU.) Fue condenado a 14 años de prisión. Tras la condena volvió a Alemania, entonces la República Democrática Alemana, donde siguió trabajando hasta su muerte en 1988. Recibió la Orden de la Amistad de los Pueblos por parte de la URSS.