Tardé años en elegir un equipo al cual aficionarme. No sentía pertenencia a ninguno de los que veía jugar en los torneos de primera división. Finalmente, cuando tuve que escoger, me decanté por la Unión de Curtidores, el equipo menos glamoroso, el menos conocido y con menores posibilidades de ganar algún día un campeonato. Déjeme que le hable, doctora, acerca de este equipo, del que probablemente nunca volverá a oír en su vida. La mayoría de la gente piensa que se trata de un equipo de pringados y nadie puede creer que yo apoyara seriamente a esa escuadra tan desaliñada. No me refiero sólo a su uniforme blanco con una franja diagonal color azul oscuro que recuerda a las de Miss Universo, sino a su modo fatalista de jugar. Lo único que lo volvía especial era su nervioso ir y venir entre la primera y la segunda división, ya que se trataba de un equipo que vivía siempre al borde de la tragedia, del oprobio, en la peor de las incertidumbres. Su objetivo no era ganar el campeonato, con el que ni siquiera soñaba, sino conservar la compostura.
Guadalupe Nettel. Libro: El cuerpo en que nací
















